Reseña de Encrucijadas, de Enrique Gracia y Soledad Serrano

 


Soledad Serrano Fabre y Enrique Gracia Trinidad: Encrucijadas. Relatos históricos y legendarios, Huerga y Fierro, Madrid, 2021, 208 págs.

 

          A Soledad y a Enrique se les podría adjudicar la famosa frase de León Felipe: «Sé todos los cuentos». En este interesante libro hacen gala de una inmensa cultura erudita y folclórica al presentarnos más de un centenar de narraciones basadas en personajes de la Biblia, de la mitología greco-latina, de la historia y del acervo popular. Con ello hacen una meritoria labor de divulgación, a la vez que una original recreación de los relatos.

          Porque no se trata de una simple obra que cuente mejor o peor lo existente, sino que los autores se han propuesto —y conseguido— realzar, mejorar, completar las anécdotas, los mitos y los sucesos «literaturizándolos» de una manera admirable. ¿Cómo lo han logrado? Pues mediante el empleo de toda una amplia gama de recursos literarios que proporciona a este libro tremenda variedad, esa palabra mágica, a decir de Gracián, que es una de las principales exigencias del arte.

          Algunos capítulos, narrados en primera persona, funcionan como un testimonio en el que el personaje principal justifica sus actos, expresa sus dudas o plantea sus problemas de conciencia; en otros, comparte con el lector sus pensamientos más privados. Otras secciones funcionan casi teatralmente, a base de diálogo. En otras más, prima la descripción. Algunos personajes aparecen idealizados en su grandeza, mientras que otros se nos acercan y se humanizan, mediante el recursos de la cotidianeidad. Hallamos alternancia de párrafos largos y cortos, de hablas cultas y coloquiales, de historias duras y elegantes, poéticas y trágicas. Se ha hecho un muestrario de técnicas narrativas para que el lector disfrute en un mismo volumen de distintas formas de contar historias.

          Este tipo de libros resultan altamente satisfactorios y, sobre todo, perennes, porque el ser humano ha tenido desde sus orígenes una necesidad imperiosa de ficción. Los últimos siglos han proporcionado vehículos sofisticados para las historias: pantomimas, ópera, cine... pero la forma principal de comunicación es el cuento, la narración sucinta e intensa de un suceso. Este género tan directo permite sintetizar los temas más profundos. Así es que no olvidemos que cuando leemos un relato no estamos meramente conociendo hechos, sino ponderando lo que estos hechos significan y simbolizan. Y la abundancia temática de este libro nos permite reflexionar sobre muchos aspectos de lo humano, que es, en definitiva, lo que nos interesa. Que nadie, pues, menosprecie la ficción, que es la manera más bella que tiene el hombre de conocerse a sí mismo al conocer a los demás.

          Los autores son personas de gran valía y lo han demostrado durante años en los escenarios, en las aulas, en los medios de comunicación y en sus variopintas publicaciones. Se definen orgullosamente como «divulgadores culturales» y ese nos parece uno de los oficios más honorables que una pueda imaginar. Saben mucho y son generosos con su saber, como debe ser, puesto que todo aquel que domine cualquier forma de hacer la vida mejor y más agradable a sus coetáneos tiene el deber de hacerlo.

          Todo tipo de lectores podrá disfrutar con esta recopilación de historias, donde hallará a Héctor junto a Ganivet, al flautista de Hamelin al lado de Galileo o a Sísifo con Judas Iscariote. Cientos de figuras reales y ficticias conforman esta especie de bestiario humano que nos muestra con maestría las pasiones y debilidades de los hombres y también sus fortalezas.

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