Comparto con Javier el amor por la India, aunque quizá en su caso la palabra ‘amor’ no sea muy precisa y tendríamos que sustituirla por meramente ‘interés’.
Le conocí al intervenir en un programa de Sánchez Dragó sobre la India. Me pareció una persona muy agradable, serena, educada y —lo que es más difícil de encontrar— sabia.
Estoy desgraciadamente muy habituado a chocar con gentes a la ignorantes y despreciativas en lo que al tema de la cultura india se refiere. Es increíble el grado en que los tópicos de la prensa sensacionalista pueden llegar influir en las personas. En mis muchas conferencias pronunciadas sobre la India parece inevitable que en el turno de preguntas me salgan con afirmaciones descabelladas, surgidas del más absoluto desconocimiento.
Pero Javier sabía muy bien de lo que estaba hablando, así es que en aquel programa —y en otros encuentros sucesivos que tuvimos en otros foros— no pudimos por menos de coincidir en casi todas nuestras ideas al respecto.
Para los que lo ignoren, he de decir que Javier Moro tiene varios libros destacados sobre aquel país, como Pasión india, sobre los amores de la bailarina española Anita delgado con al maharaja de Kapurthala, o El sari rojo, sobre la saga de la familia Gandhi. Además, trabajó con su tío, Dominique Lapierre (famoso por sus obras Oh, Jerusalén, Esta noche la libertad, La ciudad de la alegría, ¿Arde París? y otras, escritas en colaboración con Larry Collins) en la elaboración del libro de denuncia Era medianoche en Bhopal, donde se relataba la catástrofe química que tuvo lugar en aquella ciudad de Madhya Pradesh cuando se produjo una fuga tóxica en la planta de Union Carbide, provocando la muerte de 25.000 personas y la enfermedad crónica de varios millones.
Javier Moro había ayudado a Lapierre y a Collins en la investigación de algunos de sus libros y conocía bien la India. Pero tras la publicación del libro sobre Indira Gandhi, su hijo Rajiv (también primer ministro) y su nuera Sonia (presidenta durante años del partido del Congreso), y por haber sido el libro no muy bien recibido, el escritor había redirigido sus intereses a otros lugares.
Sin embargo, en nuestros esporádicos encuentros, seguimos compartiendo datos, anécdotas y opiniones sobre aquel país, y reforzando mutuamente nuestra cultura indológica.
En nuestro último encuentro —una comida en casa de una amiga común— le pregunté por sus libros y —algo que me ha interesado mucho siempre— por su proceso de creación.
«La mayor parte de mis libros es fruto de la investigación», me explicó, «por lo que una vez que tengo claro el proyecto sobre el que quiero escribir, dedico unos meses a viajar, hacer entrevistas, visitar lugares y trabajar en bibliotecas. Ello conlleva una pesada labor social de solicitud de citas, permisos y papeleo.»
De esta manera, continuó explicándome su técnica y la organización mental necesaria para la elaboración de sus libros. Esto es siempre interesante para mí, pues aunque yo tenga mi manera de hacer,. cada libro es diferente y precisa de un procedimiento y de un orden distinto a la hora de hacer el trabajo previo y de elaborarlo. Así es que todo aquello me podría ser tremendamente útil si en el futuro decidía escribir biografías noveladas o crónicas históricas.
«Tras unos meses de investigación general», continuó, «preparo mi viaje y organizo secuencialmente mis entrevistas con aquellos que me van a aportar datos que solo ellos saben. Viajo con todo mi material y los libros de referencia que necesito.»
»De vuelta en España, me recluyo en mi casa y, tras organizar y clasificar el material, escribo continuadamente durante tres meses o así. Es la única forma de que el libro tenga coherencias y mantenga un estilo uniforme.»
Me contó muchos otros detalles de su forma sistemática y ordenada de tratar el material y de redactar, pero no es cosa de que yo les descubra a ustedes detalles que quizá él no quisiera hacer del dominio público.
Pero lo que quiero destacar es que compartió generosamente conmigo sus rutinas creativas, algo que muy pocos escritores de los muchos que he conocido ha querido hacer.

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