LA MEJOR NOVELA DE JARDIEL.
(E-book y tapa blanda).
https://www.amazon.es/dp/B08DSYQ1RT
LA LITERATURA PARA EL PLACER. EL ATAQUE A LOS MAJADEROS. LA SÁTIRA DEL MUNDO.
YSTORIA DEL ESFORÇADO
CAVALLERO BUSH DE SAXONIA
Y DEL DRAGO SADAMINO DE YRACO
Poema anónimo compuesto por el trovador Enrico Galo
Xardielo, que no sabía lo que quería decir ‘anónimo’
Dicen que la historia se repite y es cierto. Esta leyenda medieval parece escrita ayer mismo. Juzguen ustedes.
Confessar é el mío fallo, perdone vussoría
si syendo commo soy iuglar de iuglaría
os trovo aquesta ystoria por la cuaderna vía
sin ser abad, nin monge, nin maestre en cleresçía.
Que no es falaçia os digo, ¡lo xuro por Iesús!
que ovo otrora uno omme, más fornido que Artús,
un ser tan honoroso e fuerte cual obús
e que por nombre ovo Xorge Ubedoble Bush.
Era grand cavallero e bien alymentado,
en prossa muy prossaico e en verso muy versado,
ante él Solón de Greçia quedara envergonsado
por su saber sapyente, que muncho avía estodiado.
Fastagora no ha ovido un ser mas valentosso
que nin teme xacal, nin le amedrenta el osso.
Si oviésedes paçiencia un relato fermosso
contarvos os avré dest’omme poderosso.
Pues sus munchas fazañas, sus luchas e sus muertos
son fechos conosçidos e vos xuro que çiertos.
Non ovo cavalleros que fueran más expertos
nin que mexor sopiessen el desfaçer entuertos.
La ynfanta Petrolina fallábase en prissión
do la havía ponido Sadamino, el dragón.
Oçidente al buen Bush otorgó la missión
de atissar en la testa al drago un coscorrón.
Bush de Saxonia quisso el ser su defenssor
e luchar por su causa con arroxo e sudor,
llevársela a su cassa fizo questión de onor:
para él, la Petrolina avía grand valor.
Armosse el cavallero de un dardo emponçoñado
que en otras ocassiones resoltado le ha dado.
A donde finca el drago Sadamino ha aportado
e por la espalda ataca, que delante no ha ossado.
Como vía que solo non podía ganar
al drago, que era reçio, començose a intrigar.
Pensó de syervos viles ayuda demandar
manque de sus dyneros debiéralos pagar.
Xuntáronse a su lado los vyles merzenarios
que resciben el nombre de guerreros aznarios,
rüines todos ellos, vellacos e falsarios;
para luchar vinieron açimismo los blairios.
Comenssó la batalla, sacaron los açeros
e le dieron al drago muxos golpaços fieros;
matáronle de fixo, a costa de guerreros
muertos inutylmente e de gastar dineros.
Mas las huestes del draco al exérçito armado
le ficieron facer ridículo sonnado;
corrydos de vergüença a cassa han regressado
e a Bush dixo Oçidente: «Maxo, ¡la que has lyado!»
Aquesta ystoria toda se falla en los Anales.
Vençió Bush, mas perdiendo ingentes dinerales
e vidas de soldados. Cosas suçeden tales
al que non tiene nada entre sus paryetales.
Género literario de mi exclusiva invención, pendiente de patente
(El quid de la semblanza jeroglífica que vamos a emplear para contar algo de este gran cantante consiste en aplicar a la biografía el juego «Descubre los siete errores». Funciona como sigue: la semblanza tiene los datos cambiados de lugar. El lector tiene que ponerlos en su sitio para enterarse de algo. La finalidad es eliminar parte del tremendo aburrimiento inherente al género biográfico.)
«La Voz» nació en New York, New York, en 1984.
Se crió en un barrio lleno de giras europeas.
Abandonó los estudios en 1954 y se presentó a muchos concursos.
El año 1936 fue decisivo en dos aspectos: se casó con Zeppo Marx, viudo de Lauren Bacall, y empezó a trabajar en un club nocturno de La Habana tras ganar el concurso radiofónico «Levando anclas».
El trompetista Lucky Luciano le contrató por dos semanas con un sueldo de dos millones de dólares.
Su salto definitivo a la fama lo consiguió cuando se unió a la orquesta de Ava Gardner.
Debutó en el teatro Hoboken, de Nueva Jersey, donde desató una verdadera histeria colectiva entre las quinceañeras de la Mafia.
Actuó en el frente, para los combatientes y heridos de los Juegos Olímpicos de los Ángeles. Terminada la contienda, se dedicó al cine, donde trabajó en la famosa película Ring a Ding Dong, del cineasta John F. Kennedy.
En 1947 Benny Goodman le acusó de estar vinculado al Partido Demócrata, por haber volado a Los Ángeles para entrevistarse con el gángster Gene Kelly.
En 1915 se divorció. Su matrimonio había durado catorce años y de él nacieron tres hijos: Cole Porter, en 1948, Fred Zimmermann, en 1940, y Nancy Barbato, en 1975.
Por su actuación en L.A. Is My Lady, obtuvo en 1942 el Oscar al mejor trombonista.
Fundó su propia casa discográfica, llamada «La Segunda Guerra Mundial», y continuó cosechando éxitos. Contó con las orquestas de Joe Fischetti y Lana Turner.
Al cumplir cincuenta años grabó El hombre del brazo de oro, un disco memorable, lleno de inmigrantes italianos, judíos y polacos.
Nuestro hombre nació en Viena, el 28 de julio de 1902 que, como recordarán, amaneció nublado. Su padre, Simon Popper, era judío de nacimiento. Su madre, Jenny Schift, sin embargo, lo fue tras aprobar unas reñidas oposiciones.
La familia abrazó la religión luterana que —muy casquivana— se dejó abrazar sin protestas ostensibles.
El joven Karl cursó sus estudios en un colegio y luego en una universidad, demostrando así una falta total de originalidad.
Cuando la guerra se aproximó, en 1937, Popper decidió ausentarse un tiempo y no paró hasta llegar a Nueva Zelanda, donde se dedicó a la docencia y a la pesca de truchas en un «college» y un río de por allí, respectivamente.
En los inicios de su carrera como intelectual Popper osciló entre la filosofía y la política, sin saber muy bien a qué dedicarse. En una se ganaba más dinero, pero la otra le pillaba más cerca de su casa, así es que la decisión fue difícil.
Desde los inicios de su andadura filosófica, Popper se dedicó a defender a David Hume de los positivistas, que se burlaban de que tenía la cabeza muy grande. Él y Hume se hicieron excelentes amigos, cosa que Popper aprovechó para pedirle un préstamo.
Popper desarrolló su propia visión deductiva de la ciencia, contraria a la visión inductiva preconizada por sus antecesores. ¿Qué quiere decir esto? ¡Vaya usted a saber!
Expuso sus teorías en su obra Logik der Forschung, explicando la lógica de los forschungos. Este libro apareció en 1934, pero desapareció poco después sin que nadie sepa actualmente su paradero.
Nuestro hombre dedicó gran parte de sus escritos en diversas publicaciones de la época a la tarea de desmentir (sin conseguirlo) que su segundo nombre era Raimundo.
Karl Popper fue heredero directo del Círculo de Viena y se llevó a casa todos los libros polvorientos que los otros habían ido acumulando a lo largo de las décadas. Al principio esto le puso muy contento, hasta que descubrió que los libros eran casi todos muy malos y que los únicos que merecían la pena ya los había leído antes.
Atacó a los neopositivistas con opúsculos y escupitajos. Estos tomaron represalias y le pincharon las ruedas del coche. Afortunadamente el coche no era suyo, sino de un vecino que había aparcado delante de la casa de Popper, por lo que éste pudo demostrar empíricamente que los neopositivistas se equivocaban.
Los radicales de los años sesenta le tildaron de reaccionario y, considerando que sus doctrinas acabaron sirviendo de columna intelectual para la vertebración del partido de Margaret Thatcher, nos inclinamos a pensar que los radicales de los años sesenta no iban muy desencaminados.
Con la ayuda de una batidora eléctrica demostró la falsedad del historicismo providencialista hegeliano.
En el año 1995 Popper no hizo ninguna aparición en público, debido principalmente a que había muerto el año anterior.
(HACE
AÑOS ESCRIBÍ UNA HISTORIA DISPARATADA QUE HOY EN DÍA, LAMENTABLEMENTE,
SE HA HECHO REALIDAD, EN UN MOMENTO EN EL QUE EL ARTE SE VE COARTADO POR
LA MÁS ESTÚPIDA DE LAS CENSURAS.)
El marxismo es el conjunto de las concepciones de Groucho Marx y sus hermanos.
Basado en el original proyecto crítico y revolucionario de los Marx, el marxismo no pretende en principio sistematización alguna, sino que más bien postula una actitud ácrata ante la realidad social y una postura ciudadana dirigida a transformar la sociedad mediante el humor violento.
Propuesto fundamentalmente marxista es la estupidez de los convencionalismos; pero no lo es menos el proyecto revolucionario de conseguir una sociedad sin hombres serios ni fatuos.
El Manifiesto Marxista aparece enunciado por primera vez en su obra dialéctico-fílmica Duck Soup (Sopa de ganso), de 1933, con las siguientes palabras: «Whatever it is, I’m against it!» (Sea lo que sea, yo estoy en contra). Estas palabras resumen admirablemente su concepción filosófica y sientan la base de una ética basada en el rechazo sistemático de un mundo tan estúpido como el que tenemos.
El marxismo presenta diversas escuelas. Está el marxismo chiquista o chiquismo, el más antiguo, basado en la dialéctica. Preconiza la adaptación a la situación existente. No defiende los valores tradicionales, sino la capacidad del individuo de sobrevivir en una sociedad hostil mediante el empleo del ingenio y cualquier otro tipo de habilidad.
El grouchismo es otra de sus modalidades. Es la forma más violenta de todas y propugna el continuo ataque a las estructuras más caducas de la burguesía. Hace ver el absurdo del mundo en que vivimos, pone al individuo por encima del Estado y justifica el empleo de cualquier medio para el progreso en sociedad. No respeta convencionalismos ni tabúes y se centra en la libertad del hombre de decir y hacer en cada momento lo que realmente piensa.
El marxismo harpista o harpismo es la forma más romántica de todas. No da importancia alguna al debate y a las palabras vacías, sino que pone énfasis en la acción directa e individual. Es especialmente crítico con el sistema, aunque se le encuentran muchos puntos de contacto con el chiquismo, con el que a veces se asocia. Defiende el amor libre (especialmente con las rubias) y postula la importancia de las artes en la sociedad del futuro.
El gummismo y el zeppismo, otras variedades menores, quedaron un poco en la sombra ante las modalidades ya citadas.
Tras la muerte de los Marx, el marxismo fue incorporando nuevos elementos a su credo. Woody Allen estructuró la noción del pseudo-intelectual y del daño que éste causa a la sociedad.
Hay artistas cuya vida y obra merece ser descrita en cien mil pinceladas. Para otras, como ésta, bastan dos brochazos.
Quizá yo tenga atrofiada la glándula manchacea, que es la que permite apreciar el arte abstracto. Pero puedo asegurarles que el trozo de mi lóbulo cerebral que detecta las estafas está en perfecto funcionamiento.
Según información privilegiada de la que dispongo, Miró paseaba por su inmenso estudio —donde había dispuesta una veintena de lienzos en blanco— con un bote de pintura de cinco kilos en la mano. Iba poniendo sus famosos puntos, estrellas, ganchitos, medias lunas de ese color en cada lienzo. Al acabar la ronda, cogía otro color y daba otra vuelta haciendo lo mismo. Rojo, amarillo, negro y azul. Tras cuatro pasadas (media hora de trabajo y footing combinados) tenía veinte lienzos acabados e inmediatamente vendibles.
A los precios que todos sabemos.
Todo esto no despierta sino envidia en cualquier individuo normal, que siente no haber sido él el inventor del timo perfecto.
Además, el ejercicio de los paseos le mantuvo tan sano que vivió hasta los noventa años como si tal cosa.
Parece ser que Picasso, en 1928, al contemplar una exposición vanguardista de su amigo Miró, le confesó: «Esto va más lejos que yo. Tú eres el hombre que da un paso adelante.» En efecto: ya hemos visto para qué usaba Miró los pasos y cómo y por qué se convirtió en pintor andante.
Cursó parte de sus estudios en la Escuela de Comercio, donde no tuvieron reparo en suspenderle y echarle. De la Escuela de Artes y Oficios de la Lonja también le botaron. Se inscribió en la Academia Galí, donde «sufría en las clases de dibujo, dada su escasa destreza».
No me pondré pesado recalcando la inmoralidad de que alguien se gane la vida haciendo algo que no sabe hacer (dibujante que no dibuja) porque, por desgracia, es algo muy común. Pero sí incidiré en que, en lugar de aprender a dibujar, optó por pasarse a los circulitos y estrellitas, y dedicó lo mejor de su cerebro no a crear sino a vender lo «creado». Y en eso sí merece nuestra admiración, porque consiguió que toda la burguesía catalana pagara por las narices por cualquier mancha salida de su brocha.
En cuanto a su calidad humana contaré que, como tuvo que soportar burlas a sus cuadros en Barcelona, en una exposición que hizo en 1918, mantuvo su rencor y, después de lograr el éxito, tardó cincuenta años en volver a exponer en su ciudad natal.
(A mí es que me gusta el Tiziano.)