El amor sólo dura 2.000 metros

 UNA COMEDIA DRAMÁTICA EN CINCO ACTOS SOBRE LA VIDA EN LOS ESTUDIOS DE HOLLYWOOD (1941). 

(E-BOOK). https://www.amazon.es/dp/B085126MSR

 

 

Contribución de Aragón al mundo de la invención

 


Listado de inventos maños para beneficio de todos

 

 

Hoy daremos un listado

exhaustivo (que ya toca)

que mencione detalladas

las invenciones más gordas,

aportación de Aragón

a la cultura de Europa.


He aquí una lista cabal

de enumeración de glorias:

inventos aragoneses

de una importancia hiperbólica:

 

La jeringa desechable,

inventada en Zaragoza,

que, en vez de desinfectarse

y usarse una vez tras otra

—lo que es una cochinada

altamente peligrosa—,

tras de emplearse, se tira,

lo que evita contagiosas

enfermedades que pueden

dejar a la gente pocha.

 

*

 

El cachirulo: un pañuelo

que usas, a falta de gorra,

atándotelo a la frente

con un nudo, cuando sopla

allí en Zaragoza el viento

de manera que te corta

la respiración de un golpe,

es decir: a todas horas.

 

*

 

Ese palo con bayeta

conocido por fregona,

que sirve para limpiar

sin tener la espalda incómoda

y sin tener que agacharse,

y que se ha hecho muy famosa

bajo los nombres de ‘mocho’,

‘trapeador’, ‘lampazo’ y ‘mopa’.

 

*

 

La anestesia epidural,

que las caderas te dobla,

permitiendo que te operen

de modo que ni lo notas,

lo cual es una ventaja

cuya importancia no es poca,

pues si tienen que operarte

(por ejemplo, de la próstata)

y te lo hacen en directo

sin anestesia, no es cosa

placentera en absoluto,

sino un tanto fastidiosa.

 

*

 

El lenguaje de los signos,

para que las gentes sordas

puedan también dar discursos,

charlar con otras personas,

cotillear, maldecir,

jurar y hacer muchas otras

actividades del habla,

salvo, quizá, cantar ópera.

 

*

 

Otro artilugio genial

e imprescindible: la olla

exprés, summum del progreso

y que no es cosa de poca

monta sino importantísima

aportación gastronómica

para cocinar judías

o garbanzos o lentojas

(queremos decir «lentejas»,

pero la rima forzosa

nos ha obligado a cambiar

una palabra por otra).

 

*

 

Y, para finalizar

esta relación, la jota:

ese baile popular

con más fuerza que la pólvora,

cantado a grito pelado,

en el que la gente bota

en medio de un gran jolgorio

como si estuviera loca,

padeciera de San Vito

o sufriera de hidrofobia,

pero que divierte mucho

y es, en fin, la repanocha.

 

Alcibíades y la cola

 

HOY, 21 DE JULIO ES EL DÍA MUNDIAL DEL PERRO Y YO LO CONMEMORO OFRECIENDO UNA PRIMICIA DE MI LIBRO SOBRE PERROS, QUE APARECERÁ PRÓXIMAMENTE.

 

Allá en el siglo quinto

antes de Jesucristo (y Recesvinto)

hubo un gachó ateniense

más nefasto y siniestro que un forense:

Alcibíades Clinias,

gran experto en ruindades e ignominias,

sobrino de Pericles

y muy aficionado a comer chicles.

 

Gobernó algunos años

comprándose el Senado y sus escaños,

subiendo los impuestos

y haciendo mil chanchullos deshonestos,

trampas y corruptelas,

que estaba el pueblo que echaba las muelas,

por lo que cualquier picia

del dictador se convertía en noticia.

 

Atenas y sus gentes

Estaban todo el día muy pendientes,

comentando en corrillos

como el prócer llenaba sus bolsillos

con el público erario,

sin dar ni golpe, como un funcionario,

pues le daba lo mismo

hacer cohecho, blanqueo, nepotismo,

fraude documental,

malversación o estafa judicial.

 

Harto del cotilleo

—pues todos le decían algo feo

y miraban con lupa

su gobernanza (cosa que hace pupa)—,

El hombre se propuso

dejar a todo el personal confuso,

distraer su atención

para que no le dieran el tostón.

 

El prócer compró un can,

que un perro hay que comprarlo: no los dan,

y que, pese a ser chico,

le costó siete mil dracmas y pico.

Tenía un rabo magnífico,

que era mucho más cool que un frigorífico;

un rabo muy frondoso

por el que estaba el can muy orgulloso

y al que movía con gracia,

por ser un perro de la aristocracia.

Su amo le dio empleo,

porque sacó a su perro de paseo

y lo vio toda Atenas

y le dieron 100000 enhorabuenas

por apéndice tal,

que realzaba el valor del animal.

 

Así estaban las cosas,

cuando dio a aquellas gentes tan chismosas

sustancioso motivo

que aumentó el cotorreo colectivo:

a su perro distrajo

y el rabo le cortó de un solo tajo,

con lo que el bicho, herido,

gritó una palabrota en un ladrido,

pues la caudectomía

duele (por si el lector no lo sabía).

 

Cuando aquello se supo

y el populacho comentaba en grupo

—desde el anciano al nene—

la causa del insólito cercene,

un famoso cotilla

—que era su amigo solo de boquilla—

fue a Alcibíades con una

pregunta sobre aquella acción perruna:

«¿Por qué cortaste el rabo,

haciendo a tu mascota menoscabo?»

 

Y contestó el político,

con un adagio que se ha vuelto mítico:

«Si hablan sobre mi perro,

no me llaman granuja ni gamberro,

piensan en los anecdótico

sin ver que mi gobierno es muy despótico,

dicen que estoy muy loco

y en cómo va el país se fijan poco,

compadecen al chucho

y yo me libro y luego me río mucho:

mientras me vituperan

Yo robo a espuertas y ellos no se enteran.

Las cortinas de humo

resultan útiles en grado sumo;

la política, en breve,

consiste en engañar siempre a la plebe

y vale cualquier treta

que te haga ganar una peseta».

Así habló el prócer greco

que, en cuanto a lo del perro, se hizo el sueco.

 

*        *        *

 

Esta anécdota antigua,

cuya interpretación no es nada ambigua,

me produce cabreo

y me deja el derecho al pataleo,

pues si aquel gran tirano

de proceder tan bajo e inhumano

tenía tanto empeño

En cortar cosa de que fuera dueño,

En lugar del rabito

de aquel can inocente, ¡pobrecito!,

se podía haber cortado

algo que yo le hubiera mencionado.

 

Una innovación teatral

 

 



Un aspecto curioso de Eloísa está debajo de un almendro es que es la primera obra en sólo dos actos, en lugar de los tres tradicionales. Esta innovación jardielesca obedecía a un concepto nuevo de la dramaturgia.

«Yo aborrezco la división arbitraria de las obras en actos. ¿Por qué en actos? El teatro español del siglo de Oro no se paraba en monsergas de éstas. Partía y ordenaba según las necesidades del asunto. Luego vino Moratín, ese afrancesado, y nos importó los tres actitos desde Francia.»

Según su opinión, la estructura clásica de planteamiento, nudo y desenlace era falsa, pues la solución del conflicto se da en una última escena –como preconizó Lope en su Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo–. Así es que, con dos actos bastaba.

El descanso, además, es una ofensa al autor y a los actores, pues sólo hay que descansar de lo que fatiga o aburre. Si el autor tiene la suficiente imaginación para dotar a su obra de situaciones, pensamientos, frases y elementos argumentales de verdadero interés, los varios descansos son innecesarios. El espectador va al teatro a ver las comedias y no el telón de anuncios.

Su objetivo era que, algún día, las comedias se pudiesen disfrutar sin entreactos, de la misma manera que se ve el cine que, también, en su día, se había proyectado rollo a rollo.

(Hablando de innovaciones: Jardiel fue el inventor conceptual del «búho» o autobús nocturno del que ahora disfrutamos. Las autoridades no le hicieron caso en su momento, pero el hecho es que él mandó un escrito al Ayuntamiento de Madrid proponiendo que se facilitaran medios de transporte a la gente que asistía a la segunda función de los espectáculos.)

 


 

Ya sólo faltan dos horas

 


 Escrito contra las conferencias, basado por completo en hechos reales y, por lo tanto, aburridísimo


Ya sólo faltan dos horas. Todo está preparado. Va a dar comienzo el XXII Congreso de Odontología. Se inaugura con la conferencia del eminente doctor Fulano de Tal. Bueno, aquí estamos.

Pero, ¡oh, sorpresa!: no es un señor sino cinco los que se suben al estrado. ¿Cómo es eso?

El público se inquieta. Toma la palabra el presentador y organizador del acto.

—Buenas tardes: bla, bla, bla. Bienvenidos, bla, bla, bla.

Luego presume:

—Por este Congreso han pasado personajes ilustres: Uno, el Otro, el tío Paco, Perico de los Palotes, Rita «la Cantadora», la doctora María Sarmiento...

Los conferenciantes de este año se mosquean ¿Es que ellos no son tan importantes?

Y sigue:

—Debo dar las gracias a todos los que han contribuido a patrocinar este acto...

Y todos los presentes se relamen pensando que muchos patrocinadores significa mucho dinero y que la comida será buena y abundante, porque ¿cuántas instituciones hacen falta para organizar un Congreso de Odontología?

Después vienen las alabanzas al primer conferenciante:

—Ya verán qué bien habla don Fulano de Tal.

Y público se dice: «Ya veremos si habla tan bien o no».

Acaba el presentador y entonces, ¡horror!, le pasa el micrófono a otro, diciendo:

—Ahora va a dirigirnos unas palabras el Alcalde de No-sé-dónde, don Mengano de Cual.

Hablan uno y otro, y un primo del otro.

Cuando por fin le ceden la palabra al conferenciante de verdad, el público deja escapar un suspiro de alivio.

¡Ah! Ya sólo faltan dos horas.


 


 

Elegía a Laika, mártir en el espacio

 


 

La perra que al espacio mandó la Unión Soviética

merece más que nadie una ofrenda poética,

ya que entregó su vida en aras de la ciencia

(aunque murió por una humana incompetencia).

 

Fue el primer ser en órbita; metida en un cohete,

partió el tres de noviembre, en el cincuenta y siete,

vestida de astronauta, en el Sputnik 2.

Jrushchof, con su pañuelo, salió a decirle adiós.

 

Por saberse muy poco de cosas espaciales,

los vuelos tripulados hacíanse esenciales

y para no arriesgar a ningún camarada

si el cohete se daba alguna bofetada,

los rusos decidieron que lo más natural

y cuerdo era mandar primero a un animal.

 

Lo triste del asunto —o así lo creo yo—

es que hicieron mil planes, pero nadie pensó

recuperar la cápsula al final del viaje

con un procedimiento para el amerizaje.

Sabían que el satélite se desintegraría

al entrar en la atmósfera y Laika moriría;

y de aquellos científicos tan sabios y tan brutos

ninguno dedicó ni unos pocos minutos

a pensar en el modo de que la lanzadera

regresara a la Tierra y que Laika viviera.

 

Ya estaba condenada cuando subió a la nave:

fue una mártir prevista. Más lo que no se sabe

es que, aparte de muerte, Laika encontró otra cosa:

tortura innecesaria, debido a la patosa

acción de un ingeniero que hizo mal su trabajo

(cual si lo hubiera hecho sin cobrar y a destajo)

y que instaló un sistema térmico chapucero

que no llegó a durar ni siquiera un día entero.

 

Así, tras pocas horas después del lanzamiento,

abrasada por el sobrecalentamiento,

mientras Rusia brindaba con vodkas y champanes,

la perra emprendió el vuelo al cielo de los canes,

en donde ángeles-perros recibieron a Laika

no con sones de arpa, sino de balalaica,

porque aunque el arpa suena a más cosmopolita,

no hay que olvidar que aquella perra era moscovita

y, además, muy patriota, pues pese a lo sufrido,

no se le oyó emitir de queja ni un ladrido,

pues se sintió orgullosa de estar en el prefacio

de las gestas científicas de Rusia en el espacio.

 

Como Laika, otros perros han ayudado al hombre

para saber del mundo, para ponerle nombre

a sus descubrimientos sobre nuestro universo.

A todos ellos va dedicado este verso.

 

Plagios a Jardiel



 

          Su famosa comedia, Un marido de ida y vuelta, titulada en un principio Lo que le ocurrió a Pepe después de muerto, se estrenó en octubre de 1939, también en el Infanta Isabel, siendo magníficamente acogida por espectadores y críticos. Su autor estuvo muy satisfecho de ella, la consideró una de sus mejores producciones y muchas reposiciones posteriores le han dado la razón. Explicó de esta manera lo que él creía el secreto de su éxito:

 

          Un marido de ida y vuelta alcanza justo el punto, altitud y posición artística perseguidas en su realización y –cosa que ocurre con muy pocas obras de arte– tiene padre y madre. [...] El padre se llama humorismo y la madre, poesía. Humorismo violento, a veces acre y descarnado, a veces ingenuo y bonachón; profundo y superficial; en juego a menudo con las ideas y con frecuencia saturado de gracia verbalista; es decir, humorismo español –(comicidad)– cien por cien. [...]

          Y poesía universal. Porque la poesía no cambia con las razas ni con los climas.

 

          Al año siguiente de haberse estrenado la comedia, el famoso comediógrafo inglés Noel Coward la plagió enteramente, estrenándola como obra original suya bajo el título de Blithe Spirit (Un espíritu burlón).

          Cuando el verdadero autor lo supo, se quedó bastante chafado, como era de esperar. Un buen amigo suyo, Jacinto Miquelarena, que entonces era corresponsal de ABC en Londres, le dijo:

          –¿Qué hacemos, Enrique? ¿Cómo vamos a permitir esto?

          Jardiel, en unas hojas de papel vegetal dibujó una inmensa cantidad de barcos, que representaban a la flota inglesa y le superpuso otra hoja, en donde aparecían los pocos barcos españoles. El contraste era brutal.

          Contemplando tristemente los dibujos de las dos armadas Jardiel exclamó:

          –¿Qué quieres que hagamos, Jacinto?

          No fue ésta la única pieza copiada. Otra obra inglesa, The Treasure Home, de M. J. Farrell y A. J. Perry, estrenada en 1950, era un trasunto de Eloísa está debajo de un almendro; y la primera parte de Les poissons rouges (Los peces rojos) de Jean Anouilh estaba copiada de Madre (el drama padre).

          (Años después de su muerte, Alfonso Paso emplearía el argumento de Como mejor están las rubias es con patatas, la penúltima obra de Jardiel, para su comedia Una bomba llamada Abelardo, y también muchos elementos de Cuatro corazones con freno y marcha atrás para su pieza Cosas de papá y mamá..)

          Jardiel estaba convencido de que en su época ningún escritor había sido más y más desvergonzadamente plagiado que él. Refiriéndose a una de sus famosas frases, escribió:

 

          Este aforismo deslumbrador que yo lancé hace bastantes años a la circulación, ha tenido tanto éxito que yo mismo me he visto obligado a elogiarlo varias veces: todas las que lo he visto publicado con la firma de otro escritor cuidadosamente puesta debajo.

 

          En su opinión, el Código Penal no establece penas lo bastante severas para el robo intelectual, con objeto de no levantar tempestades nacionales de protesta, puesto que el número de los plagiadores siempre es abrumadoramente mayor que el de los plagiados.

          En tales circunstancias, poco puede hacer un autor para defenderse. En el inicio a una de sus novelas advierte:

 

          © Es propiedad del autor.- Derechos reservados. La traducción, la adaptación, el robo y el plagio se perseguirán a tiros sobre motocicleta blindada, único procedimiento eficaz ya en el mundo.

 

 


 

Los presocráticos (1)

 

 

          Hemos estudiado en detalle muchos tratados escritos sobre Parménides (circa 540- circa 450) y la frase con la que más estamos de acuerdo es una que dice: «La interpretación de la filosofía de Parménides presenta graves dificultades».

 Lo que sabemos sobre él se lo debemos a un metomentodo llamado Sexto Empírico, que era como un trapero de retales filosóficos y los coleccionaba. Por él nos enteramos de que Parménides compuso un poema en hexámetros interminables donde aparecían personajes alegóricos como la Verdad, la Justicia, la Necesidad, las Ganas de Merendar y otros, que protagonizaban una historia un poco confusa.

 El hombre sostenía que la multiplicidad de las cosas era ilusoria, ya que estas eran tan solo apariencias de una realidad única y eterna, el Ser, que es uno y que comprende todo lo existente. Este «modismo» o «unismo» no gustó a muchos, pues a nadie le agrada que le recuerden que el hombre está constituido, al fin y al cabo, por cadenas de carbono, al igual que un plato de macarrones.

 Zenón de Elea (490-430) era discípulo de Parménides y, como había nacido después, se dio la feliz circunstancia de que era mucho más joven que él, así es que le sucedió en la dirección de la Escuela Eleática de Filosofías Comparadas, por verse en la imposibilidad de precederle.

 Su frase preferida era decir que tenemos dos orejas y una boca, para oír mucho y hablar poco. Esta opinión no le impidió a Zenón inventar la Dialéctica, lo que prueba una vez más la falta de coherencia de los grandes hombres. Como todos los directores de escuela, Zenón gozaba lo indecible creando dificultades o oponas (como las llamaba él).

 Se hizo famoso principalmente por la tortuga que protagoniza su conocido ejemplo. Imaginemos una línea recta: el principio se llama A y el final, B. Zenón decía con toda su cara que no se podía ir nunca de A hasta B, porque primero habría que pasar por un punto C y, antes de llegar a este, habría que llegar a un punto D; así seguía la cosa, por lo que llegar de A hasta B se convertía en algo tan difícil que el que lo había estado intentando abandonaba su propósito irremisiblemente, lo cual no tenía ninguna importancia, puesto que no se ha conseguido averiguar para qué sirve ir de A hasta B.

 Lo que diferencia a Zenón de Parménides son dos detalles básicos, a saber: que mientras que Parménides cree que el ente es inmóvil, como una sentencia de muerte, Zenón cree que es móvil, como el precio de la gasolina.

 El filósofo agrigentino Empédocles (circa 483-430) quería llegar muy alto. Y como cuando se proponía hacer una cosa quería hacerla bien, no se contentaba con ser rey en su ciudad: quería ser Dios. Unos le consideraron como un semidiós; otros, como un charlatán.

           Cuenta la tradición que para tener un fin digno de su divinidad, se arrojó al Etna. Otra leyenda dice que fue llevado al cielo. En realidad, murió en el Peloponeso, de un ataque al hígado.

           Cuando llega el momento de decidir cuál es la raíz del ser, Empédocles se ve en un apuro. Si dice que es uno de los elementos, los filósofos que defienden a los otros elementos se enfadan. Como es muy diplomático, decide incluir a todos en el revoltijo y pregona que el aire, el fuego, el agua, la tierra y el éter (no nos olvidemos del éter) son el principio de todas las cosas.

           Estos elementos no se acaban nunca —dice— y, para decirlo, se apoya en Parménides, que le rechaza de un empujón. Los elementos están juntos, pero el odio los separa, aunque el amor los vuelve a juntar al poco rato, como ocurre en las novelas románticas. Pero, al juntarse se unen los trozos mal y aparecen leones con cabeza de asno, carteros con patas de gallo, pasteleros con lenguas de gato, reyes con corazones de león, cocineros con piernas de cordero y ministros con cabeza de chorlito.

           De entre estos engendros, asevera acertadamente Empédocles, solo sobreviven aquellos que tienen una estructura interna que les permite seguir viviendo.

           Lo que hace Empédocles es dividir a Parménides en cuatro (a su teoría, se entiende, porque a que se le dividiera en persona imaginamos que Parménides se habría negado en redondo). Y le divide sacándole el jugo y sacándole hasta los decimales.