Reseña de He visto cosas que no creerías, de Jesús Callejo

 


Jesús Callejo: «He visto cosas que no creerías», La Esfera de los Libros, Madrid, 2022, 478 págs.

 

          A lo largo de este libro la palabra ‘mágica’ se repite perceptiblemente y no sin razón, pues nuestra querida y muchas veces odiada península Ibérica es un receptáculo de tesoros, un museo abierto de culturas a veces fusionadas y a veces superpuestas, pero siempre tremendamente abundantes en misterios, secretos, mitos, ritos, supersticiones, relatos y, en definitiva, riqueza antropológica.

          Jesús Callejo es un destacado y conocido investigador y divulgador de enigmas históricos, un ‘leyendero’ en la más noble acepción del término y también —permítasenos el neologismo— un ‘desmisteriador’, un explicador riguroso, concienzudo y al tiempo muy ameno de todas esas historias ocultas que han sobrevivido a los siglos en la oscuridad y que él saca a la luz en sus libros para nuestro enriquecimiento intelectual y nuestro disfrute.

          Tras otras dos obras en esta misma línea de recuperación histórica—Grandes misterios de la arqueología y Territorios talismán— el autor nos ofrece un amplio estudio (casi 500 páginas, con una bibliografía de también 500 títulos) con un título sugerido por la película del culto Blade Runner, de Ridley Scott. Las secciones del libro llaman poderosamente la atención del lector por lo sugerente de sus encabezamientos: geometría sagrada, espíritus guardianes, ángeles, peste, santoral apócrifo, festejos diabólicos, exvotos, reliquias, conjuros… Todo tiene cabida en estas páginas: el mundo de la luz y el de la oscuridad.

          Resulta harto difícil —aunque Callejo lo consigue sin esfuerzo— reunir en un mismo libro y de manera homogénea y coherente diferentes parcelas de conocimiento, como filosofía, ecología, simbología, antropología, etnografía y folclore. Pero esta amalgama resulta en claro beneficio del lector, que encuentra una tremendamente ingente cantidad de información, elegante y claramente presentada. Un índice temático y onomástico de todo lo que el libro incluye hubiera precisado casi un centenar de páginas añadidas.

          La lectura de este ensayo es fácil, por la claridad de la exposición, muy entretenida. El autor ha sabido cumplir el deseado precepto clásico de «docere delectando» y ha elaborado una obra meritoria que se convertirá en un libro de referencia.

El propósito de Jesús Callejo al ofrecernos este trabajo ha sido enseñarnos a mirar, a ver más allá de la superficie, a mantener —en sus propias palabras— «los pies en la tierra y la mirada en el cielo».

Cincuenta sombras de Grey

 


          (En realidad, si hubiera un mínimo de justicia en este mundo, quien debería estar a la sombra no es Grey, sino E. L. James, la autora del libro.)

 

No debe escandalizarnos

Cincuenta sombras de Grey,

ya que en España endiñamos

también a base de bien

a la parienta y no es raro

pegarle hasta en el carnet.
Pero los pueblos sajones

van y hacen el paripé

de que ellos son elegantes,

exentos de ordinariez,

civilizados y finos

y no les dan puntapiés

a sus mujeres, ni tortas

ni guantazos a granel.

Pero ¡es mentira, señores!;

en todas parte se cue-

cen habas, como se dice,

ya sea España o la Gran Bre-

taña o cualquier otro sitio,

porque es una humana ten-

dencia que viene de antiguo,

cuando Caín zurró a Abel

porque carecía de esposa

a quien darle para el pel.

 

(Comprendemos muy bien que aquí, en vez de ‘pel’, tendríamos que haber puesto ‘pelo’, pero entonces el verso no rimaría y quedaría muy mal. Ustedes nos disculparán esta licencia que nos tomamos.)

 

Como el libro fue en su día

entre los sellers un best,

les contamos de qué va

y así no lo han de leer.

Es una historia de una

chica que está como un tren,

pero que es tonta y de cama

no sabe ni el abecé.

Se encuentra con un sujeto

guaperas y muy imbé-

cil, que en tema sexuales

es más sabio que Lao-Tse.

Él le da unas clases gratis

de cómo chupar un pie

y ella, ¡oh, misterio!, se queda

tan coladita por él

que a aquello que le propone

siempre le responde «¡Amén!».

 

El hombre está muy contento

de tenerla a su merced:

podrá disfrutar y ahorrarse

la pasta que cada mes

destinaba, entre otros gastos,

para pagarse un burdel.

A partir de aquí, el relato

carece ya de interés;

solo cuenta que él le quita

a bocados el sostén,

le arranca matas de pelo,

la tira sobre el parquet,

le lee versos de Neruda

(cosa sádica y cruel),

le obliga a hacer mil guarradas,

la ata bien con un cordel,

la estampa contra un armario,

le da contra la pared,

le hace cien mil perrerías,

le arrea golpes en la sien

y, resumiendo, la deja

hecha polvo, hecha puré,

hecha migas, fosfatina,

trizas, salsa bechamel.

 

No son amores románticos,

como ustedes pueden ver;

no se parecen a los de

los amantes de Teruel.

Pero, si dejas a un lado

la violencia a tutiplén,

el libro es más aburrido

que un drama de Pierre Corneille.