Pemán, poeta del régimen

 


Se trata de Don José María Pemán y Pemartín. Pero su apellido suele aparecer mal escrito y mal pronunciado.

          Su verdadero apellido era Pelmán.

          En la salada claridad y el sonoro ámbito de Cái nació este insigne autor, por mayo, cuando hace el calor, con el gozo del mes y el cántico de la estación. (¡Cáspita! ¡Qué fácil es dejarse arrastrar por el estilo más inmundo!)

          El año de su nacimiento fue 1897; en cambio, el de su muerte no fue ese, sino otro, 1981. ¡Ya ves tú! ¡Cosas que tiene la vida! Pero, en fin, dicen los que saben que en la variedad está el gusto.

          Desde su tierna infancia descolló/descuelló (como no estoy seguro pongo los dos, para no pillarme los dedos) como poeta en la revista de su colegio. Fue el prototipo del repelente niño Vicente andaluz.

          Estudió Derecho. Se doctoró. Fue miembro de la Academia. Se hizo muchas fotos.

          Fue el poeta del régimen, porque sufría del hígado y no podía tomar fritos ni grasas ni nada por es estilo. No obstante, Franco le quería mucho, de eso no cabe duda.

          Yo no le leo, pero me cae simpático. Quizá porque no le conocí.

          En su estilo se hallan reminiscencias de esos dos grandes poetas salmantinos que fueron Gabriel y Galán.

          Un ejemplo de su estilo:

 

«Viví como un peregrino,

que, olvidando los dolores,

pasó cogiendo las flores

de los lados del camino.»

 

¿Cabe algo más original?

          Era un autor trasgresor e imaginativo. Cuando escribió una comedia sobre la historia de Romeo y Julieta, la tituló Julieta y Romeo.

          Ganó más juegos florales que arenas tiene el mar o que estrellas lucen en el firmamento. Baste decir que los jurados de los concursos literarios a los que no se presentaba él declaraban desiertos todos los premios.

          Se destacó por su ternura y delicadeza. He aquí un párrafo revelador: «El Estado reservará toda su dureza depurativa a todos los intelectuales que optaron claramente por lo antinacional, lo masónico, lo judío o lo marxista. Para ellos, la salvación es imposible». (¡Huy! Creo que me he equivocado de cita. Yo quería poner otra.)

          Publicó libros curiosísimos. Unos de ellos, Lo que María guardaba en su corazón, no solo era curiosísimo el libro, sino que iba dirigido a lectores que también eran curiosísimos, porque leerse eso ya son ganas de escudriñar en la vida privada de las personas.

          Otro libro fue Mis almuerzos con gente importante. Pero sus encuentros con Franco no se recogen ahí, sino en otra obra distinta, titulada precisamente Mis encuentros con Franco, de donde deducimos que Franco habló con él, sí, pero nunca le invitó a almorzar.

          Sobre Pemán se han escrito párrafos como el siguiente:

          «En su honor se recogió sobre sí mismo ese simbólico pañuelo con que la ciudad gaditana se despide de todas las empresas líricas y de todos los afanes cósmicos de Europa» (Federico Carlos Sáinz de Robles, Ensayo de un diccionario de literatura, vol. II, Aguilar, Madrid, 4ª edición, 1973, pp. 915-916.) (Incrusto aquí con calzador el dato bibliográfico para que nadie crea que me lo invento, pues quiero dejar claro que yo no soy capaz de maltratar tanto al querido idioma español. La moraleja es que, cuando nace un cursi que escribe, no tarda en nacer otro más cursi todavía, que lo glosa.)

 

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