Herman Melville, aduanero famoso

 Biografía escueta de esas que nos permiten enterarnos de los pormenores de la vida de los cretinos

 

 

          Herman Melville, nacido en Nueva York y muerto en 1891, fue el padre de la ballena «Moby Dick», un hecho en cuyos detalles preferimos no entrar.

          Fue uno de los escritores que se desencantaron de la práctica de la literatura porque tampoco con ella lograban ligar. De joven Melville desempeñó numerosos oficios manuales como granjero, empleado de banca y profesor de filosofía. También viajó por medio mundo en un banco cachalotero, vivió entre caníbales en los Mares del Sur, residió en Honolulu (donde no le sirvió su carné de conducir), fue encarcelado en Tahití y corrió muchas aventuras, principalmente para no pagar a los acreedores.

          En 1851 publicó su obra más ambiciosa, Moby Dick. Trata de la persecución que el capitán Acab, un puritano, hace de una ballena blanca que simboliza el mal. En aquella época, todos los protagonistas de novelas tenían que ser puritanos, so pena de que la novela no se publicase. Por otra parte: ¿qué había hecho de malo la ballena? Pues nada. Se entiende que la persigue por ser blanca, porque no le parece bien que las ballenas no sean grises, como Dios manda.

          Pese a la fama que lograría más tarde, la novela fue en su día un tremendo fracaso económico. La razón: era demasiado gruesa para calzar mesas y demasiado estrecha como para servir como instrumento contundente contra los vendedores de aspiradoras a domicilio. Durante la vida de Melville no se llegó a agotar la primera edición de 30 ejemplares (creo que aquí falta un cero o dos). Además, recibió muy malas críticas porque se desencuadernaba con facilidad y la tinta olía a rayos.

          Desalentado, Melville decidió abandonar definitivamente la literatura y, de paso, a su mujer, que tenía una sola ceja que le cruzaba la frente de extremo a extremo.

          ¿Qué hizo entonces?

          Buscó trabajo y se convirtió en empleado de aduanas del puerto de Nueva York. Pero pronto pidió el traslado a Denver, Colorado, donde había menos trabajo, pues fondeaban menos barcos. Conservó este empleo durante diecinueve años, hasta que se jubiló. Desde el momento en que se hizo funcionario, Melville no escribió absolutamente ni una sola línea. Vivió olvidado de todos. Sin embargo, obtuvo bastante dinero de sobornos como para comprarse una cabaña de oro macizo en los montes Anirondaks u otros parecidos.

          La obra de Melville no fue suficientemente reconocida en su día y actualmente está igual y merecidamente olvidada, pues —no hay más remedio que reconocerlo— es bastante plúmbea.

          Pese a ser lo que allí se denomina «first division bore» (pelmazo de marca mayor), Melville está considerado uno de los principales novelistas de los EE.UU. Bien es verdad que no tienen mucho donde elegir.

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