Juan Luis Salcedo Miranda: Aquellas escaladas, Amazon, 2020, 198 págs.
Tradicionalmente, los sabios se retiraban a las montañas; porque la montaña es ese lugar en el que el hombre halla a la naturaleza en su más peligrosa expresión y donde se encuentra también consigo mismo de la manera más intensa. Allí, en las cumbres, los valores cotidianos y consuetudinarios se trastocan y las cosas adquieren su verdadera importancia.
Por eso tienen tanto valor las reflexiones sobre las vivencias en medio de una aventura alpinista. Y el autor de este libro no solo es experto en escaladas, sino también en contárnoslas a los que no estuvimos allí, para que podamos beneficiarnos de esa sabiduría que surge en medio de la soledad y del peligro. Juan Luis Salcedo es periodista, autor de una docena de libros y, sobre todo, aprendiz de la vida. Ha recorrido el planeta y ha conocido sus cumbres y —algo que no todos logran— la cultura de los lugares y las gentes que rodean a dichas cumbres. Ha aprendido del mundo y de sí mismo y ahora nos traslada es experiencias en este libro que no va dedicado únicamente a los escaladores, sino a todo aquel que se interesa por la eterna lucha del hombre por sobrevivir en su entorno y, a la vez, vincularse a esa naturaleza que, amable u hostil según el caso, no deja de ser nuestra madre y nuestro origen.
Aquellas escaladas es una obra de la que pueden extraerse muchas enseñanzas. Tiene como hilo conductor la descripción del paso de la escalada «antigua» (la que se realizaba en los años setenta) a la moderna, en la que nuevos materiales y técnicas actualizadas han cambiado por completo los parámetros.
Junto con la narración descriptiva del lugar y el momento específicos, incluye el autor una serie de pertinentes anécdotas que hacen al libro aún más ameno. Pero no se trata solo de casos curiosos, intrigantes o divertidos —que lo son—, sino que el relato se centra en la relaciones humanas en un entorno de riesgo. Las amistades o suspicacias entre escaladores —no cabe la enemistad cuando tu vida está puesta en las manos y en la pericia de los que te rodean—, las diferentes reacciones ante los retos, los heroísmos puntuales pero necesarios, las reflexiones de los integrantes de los equipos, todo tiene cabida en esta obra, que resulta realmente una escuela de vida, porque eso es en definitiva la montaña. De sus dos mil escaladas, elige el autor para contarnos lo que se ha servido a él para avanzar y mejorar como deportista y como persona. Generosamente, comparte todo esto con el lector.
Porque, tanto en las cordilleras como en las planicies, los hombres hemos de ayudarnos unos a otros, debemos compartir lo que sabemos para evitarnos errores, debemos regalar a los demás nuestra experiencia, porque, como dice Salcedo en su prólogo «la vida es una pared difícil de escalar».

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