Crónica histórica (porque todas las crónicas son históricas) del pasado de Zaragoza
Caesar Augusta pudo resultar en su momento un lugar polvoriento y hasta oler de una manera peculiar y no especialmente agradable, pero, en cambio, su historia y su legado cultural son apasionantes hasta el paroxismo y dejan patidifuso al estudioso. Fue la principal exportadora de alcaparras del mundo clásico, estaba hermanada con Tegucigalpa y tenía su propio equipo olímpico de ping-pong. Todos sus edificios, tanto sacros como civiles, mantuvieron durante siglos alquileres de renta antigua.
La ciudad se fundó en el año 14 a. C. en que, como recordarán, nevó bastante. Se hizo encima de la ciudad ibérica de Salduie, machacándola de manera inmisericorde.
La colonia tenía 44 hectáreas y varias puertas: unas para entrar y otras para salir. Los caesaraugustanos comenzaron a construir como locos y, al cabo de pocos años, el tráfico de carruajes era ya insoportable.
En el siglo I se remodeló el foro, que pronto se llenó de tiendas y de mendigos peruanos que tocaban carnavalitos con sus quenas y sus charangos. También se construyó un teatro, donde en seguida comenzaron a representarse piezas de Plauto, de Terencio y de Bretón de los Herreros. El arquitecto, amigo íntimo del duunviro (especie de cónsul romano de ámbito local), copió los planos del Teatro Marcelo de Roma y se llevó sus buenos miles de sestercios, inaugurando una duradera costumbre. El teatro era uno de los más grandes de Hispania, con capacidad para albergar aproximadamente a 60.000 espectadores, siempre que estuviesen de pie y no tuvieran inconveniente en apretarse un poco los unos contra los otros. También se hicieron termas para lavarse, aunque los habitantes de la urbe les dieron escaso uso.
Para hacer más cómodos y habitables los alrededores, se trajeron de tierras lejanas tres ríos: el Jalón, el Huerva y el Gállego, que se colocaron en las cercanías de la ciudad, próximos al Ebro, para que le hiciesen compañía.
Los domus o casas pijas unifamiliares proliferaron, con mosaicos de temas mitológicos hasta en el cuarto de la plancha, en los que igual se veía a Júpiter con forma de toro secuestrando a la ninfa Europa que a Leda haciendo porquerías con un cisne, como nos describe el gran poeta Ovidio en su superventas Las metamorfosis.
En el siglo III se erigió una muralla alrededor de la ciudad o se empapeló con papel de flores la que estaba ya de antes.
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