23.11.09

Cuándo dejar tu empleo

ARTÍCULO QUE DEMUESTRA QUE UN ESCRITO PUEDE PARECER SERIO O CÓMICO, DEPENDIENDO ÚNICAMENTE DE LA ACTITUD ANÍMICA CON EL QUE SE LEA

El trabajo puede ser útil, necesario y digno, pero no es sano. Genera tensión, cansancio e incluso enfermedades. Mejor dejarlo.

No conviene ‘quemarse’ en la actividad laboral.

Y a veces no hay que esperar a que prescindan de nosotros. ¿Para qué darles una satisfacción a esos sinvergüenzas, verdad?

¿Nunca te has sentido agobiado y harto por completo con tu trabajo? Puede que no quieras seguir haciendo lo que haces. O puede que no te hayas dado cuenta de que lo que podías alcanzar en la empresa en donde estás ya ha llegado a su límite, que ya tu empleo no va a ofrecerte nada, más que sangre, sudor y lágrimas, como dijo Churchill. A lo mejor te ha llegado el momento de irte.

Esto le puede pasar a cualquiera. No existen profesiones ‘relajadas’. Las profesiones bonitas y bien remuneradas sólo existen en los culebrones venezolanos. Las de verdad nos desgastan más de lo que quisiéramos.

Es importante distinguir el cansancio natural de una situación laboral asfixiante y aprender a reconocer los indicaciones que te dicen que es hora de cambiar de aires e irte a tu casa. Claro que estos signos varían de un individuo a otro, pero hay constantes que nos pueden servir de guía. ¿Sabes cómo diagnosticar este mal?

LOS SÍNTOMAS
Está la depresión, que puede deberse a causas laborales. Si te has sentido decaído durante meses, con ganas de no apartar los ojos más de diez centímetros de la pared más próxima, piensa si es por un motivo familiar o no. Notarás falta de energía: te costará levantarte por la mañana y durante todo el día notarás un cansancio crónico y ganas de que te dén un masare reparador. También habrás perdido toda la motivación de hacer las cosas bien y rápido, si alguna vez la tuviste. Tu productividad se habrá reducido de manera alarmante y el resultado de tu labor empezará a darte igual.

Te darás cuenta de que ha empeorado tu puntualidad y que has aumentado tus ausencias, aunque te puedan parecer justificadas. Estarás resentido en el lugar de trabajo y tendrás pequeñas peloteras con los compañeros por los asuntos más nimios. Tu relación con los jefes se resentirá. El aburrimiento se apoderará de ti.

En lo físico te hallarás cansado y con dificultad para conciliar el sueño. Vivirás en tensión y tendrás grandes dificultades para relajarte. Puede que abuses de excitantes, alcohol o incluso drogas. Si te está pasando todo esto, puede que la cura sea presentar tu dimisión y buscar nuevos horizontes. ¡Adios!

20.11.09

¡Fidel Castro viene a España!

O ESO ES LO QUE ME HA PARECIDO ENTENDER DE UNA NOTICIA QUE HE LEÍDO DE REFILÓN, POR LO QUE NO PUEDO GARANTIZAR SU VERACIDAD

Pero, en fin, tiene que ser él, porque se habla de que en el año 2011 acudirá a Madrid de visita un jefe de Estado de un país no democrático y que el tal dictador es bastante mayor, casi ancianito.

Por la señas, yo creo que es Fidel.

La cosa costará unos 50 ó 60 millones de euros en organización, pero no pasa nada, pues el gobierno de España, la Comunidad Autónoma de Madrid y el ayuntamiento han dicho que generosamente correrán con gran parte de la factura, gracias a los impuestos de los españoles. El dinero que falta, lo cederá el Banco Santander y otros, sacado de los intereses de nuestras hipotecas.

¿Y si yo no quiero que venga Fidel a costa de mi dinero?

Pero, por lo que parece, la visita es imprescindible. El autócrata tiene algo muy importante que decirles a todos los comunistas españoles, por lo que su visita es indispensable. Claro, que alguna mente puñetera podría alegar que vivimos en la era de la información global y que si Fidel tiene algo que decirles a los comunistas españoles, lo puede hacer sin moverse de su salón, por cualquier medio de comunicación de masas, con un coste casi computable a cero euros.

Pero eso no mola. Ver a Fidel saludar con la mano por televisión no es lo mismo que verlo en persona, aunque sea a ochocientos metros. Así que hay que gastarse los 60 millones sí o sí.

Objetan otros que no va a decir nada nuevo, porque el comunismo no ha avanzado ni se ha modificado casi desde que apareció, con lo cual el mensaje de Fidel a los comunistas españoles será el mismo de siempre e igual le hubiera valido escribirlo en un correo electrónico y mandarnos a todos un spam. Sin embargo, hay gente a la que le gusta oír una y otra vez las mismas mentiras (para que les ayuden a no desconvencerse).

¿Y los españoles que no son comunistas? A esos, que los zurzan, Fidel es el amo, va donde quiere, se gasta lo que quiere y ¿quiénes somos nosotros, los marxescépticos, para protestar?

Yo le diría a Fidel que, si lo que quiere es viajar, los cruceros tienen hoy en día precios muy asequibles, sobre todo si vas en camarote interior. Además, Fidel se declaró en su día enemigo del dinero, amante de la austeridad y solidario con los oprimidos y los pobres de este mundo malvado, por lo que no nos explicamos el dispendio.

Y si lo que quiere Fidel es contar algo, ya saben: estos blogs son gratuitos y puedes poner tu texto en la fuente, tamaño y color que más te apetezca.

* * *
(Esperen, porque me parece que me he equivocado, y el que viene no va a ser Fidel, después de todo.)

18.11.09

Villa Buendía

DE LA SERIE «CASAS SIN HIPOTECA», TAMBIÉN CONOCIDA COMO «CASAS DE FICCIÓN»

¿Quiénes son los Buendía?

¡A ver si legimos más, señorinos? ¡Vaya preguntamiento más reveladense de la incultez reinosa!

Pues los Buendía son un ente familiar estirpino a quienes incumbe la efectuidad de la protagonización de la historiación de La siglada soledosa, de Gabriel García Márquez, autor receptáculo del galardonamiento Premio Nobílico Literaturoso de 1982. El clan es residiente de la aldea mitosa de Macondo, un alejadino poblamiento en la costa caribeana colombiosa que parece afuerar del tiempismo convencionista.

Para creacionar de este lugar fictoso el autorante es afirmante de estar inspiradino en su poblamiento natalense de Aracataca, caballeando entre la Ciénaga Grandina y la Serra Nevuda de Santamartense, mitando una selvada cuasi inadentrable a la que las cartadas y las telegramías sólo hacen arribamiento tardíamente y de donde es inefectuable el salimiento. Macondo, antes del violosa irrupcionismo de la temporez historina, era un especiamiento de paraísamiento donde lo mundino, estaba recienado y los objetinos se hallaban carenciosos todavía de nomenclaturez.

La casada clánica de los Buendía —fundacionoso referente polito de la socialez del pueblamiento— es poseyente de una funciación destacosa en el novelamiento. Cumple la simbolez univérsica. Es el centridad mundosa, donde la celestiación y la terrez tienen unionamiento. Es equivalina a la rolez que en los religionamientos se adjudicen a las montañaciones y a las ríosidades. Todos los Buendía son intentosos de hacer su abandonación, pero quedan regresantes de manera indefecta en la momentación muerosa. En su jardesciento hay un castañizo de gran inmensez que es una simbolación del centro mundino.

Esta novelencia ha tenido consideramiento como la segunda novelación de más importez en lengua castillosa, con excepcionamiento de la Quijotencia. Efectúa su apariciamiento en Bonaerensia en 1967. Hasta la momentez su ventamiento alcanza alturamientos cifrantes de más de 30 millonaciones ejemplosas y ha sido traducionada a 35 idiominos.

16.11.09

Jardiel y Cervantes

UN CUENTO INÉDITO DE JARDIEL QUE REPRODUZCO AQUÍ CON LA MÁQUINA DE REPRODUCIR

Anteanoche. aunque mi propósito era meterme a jugar al marro en el Casino, decidí marcharme a mi casa porque estaba aburridísimo.

Y emprendí el camino del hogar a las dos de la mañana, como se emprende casi siempre la carrera de comercio: sin ilusión.

Al entrar en mi despacho, vi que, sentado encima del tintero, había un fantasma.

Estoy tan harto de ver fantasmas en literatura, que le abordé sin pizca de respeto.

–¿Qué? –gruñí, quitándome los guantes–. ¿Viene usted con el propósito de darme tema para un cuento? Pues no se canse: los cuentos de fantasmas han caído en desuso y no me interesan.

El fantasma me miró con ira, y agitando lo que le quedaba de un brazo mutilado, me lanzó este epíteto:

–¡Sandio!

Cosas ambas por las que comprendí que el fantasma aquel no era otro que el espíritu de D. Miguel de Cervantes Saavedra.

Confieso que me alegré.

–¡Chico; Cervantes! –le dije, rectificando mi actitud y una arruga de la americana–. Me alero mucho verte. Siempre he tenido el deseo de hacerte varias preguntas. ¿Cuánto tardaste en escribir el Quijote? ¿Pensabas tú que iba a resultar genial? ¿Es cierto que perdiste el brazo en Lepanto o la verdad es que se lo vendiste a unos antropófagos amigos para un banquete de homenaje? ¿Cuánto dejaste a deber en la «Posada de la Sangre»? ¿Qué...?

Cervantes me interrumpió, atizando un puñetazo en la mesa y dejando escapar una palabra fea, pues a consecuencia del puñetazo se clavó en la mano una pluma:

–¡Basta! –gritó–. Me has ofendido gravemente, y más duele la ofensa en el alma que el dolor en el cuerpo.

–Bueno; no me vengas con cervantismo y explícate, Miguel.

Cervantes, bastante irritado por la familiaridad de mi trato, se arrellanó en la escribanía, se acarició la gola y exclamó:

–He leído tu novela.

–¿Amor se escribe sin hache?

–Sipí. (Giro fonético muy usado en el siglo XVI.)

–¿Y qué? Te gusta, ¿verdad? Es enorme de divertida...

–No me ha gustado.

–¿Que no te ha gustado? Bien se ve que, al fin y al cabo, eres compañero en la literatura.

–No me ha gustado y vengo del Otro Mundo sólo para ajustarte cuentas.

–¡A propósito! –exclamé con alegría– ¿Dónde estás enterrado? Porque en la Tierra se ignora: murmuran que en el convento de la calle de Moratín, pero nada se sabe con certeza.

Cervantes sonrió tristemente.

–No estoy enterrado en ningún sitio.

–Pues, ¿qué han hecho con tus huesos?

–Fosfatina. Mi brazo izquierdo, que era el único que quedaba sin pulverizar, se lo tomó anteanoche tu hija.

–¿Mi hija? ¡Qué horror! –gruñí– ¡Entonces es seguro que acabará siendo literata. Bueno, y ¿por qué no te ha gustado Amor se escribe sin hache? –indagué para dejar aquel tema que hacía cisco mis ilusiones paternales.

–En primer lugar, porque en él me tomas el pelo, diciendo que el Quijote es un libro del que todo el mundo habla pero que nadie ha leído

–Y acaso no es verdad?

–¡No; lo ha leído mucha gente!

–Eso dice Rodríguez Marín; pero no hagas caso: es que él es un entusiasta tuyo.

– Además, el episodio del duelo está desaprovechado: podías haber hecho más cosas en él.

–Eso pensé yo, cuando leí tu Quijote, con el episodio de Sancho en el banquete de los Duques: que allí había tema para escribir unas páginas divertidísimas.

–¿Pero no decías antes que no hablas leído mi Quijote?

–Es que lo he oído por la Radio.

–Además, en tu libro hay capítulos un poco fuertes.

–Es que soy un escritor que huye de tener debilidades.

–Y tu literatura es una literatura para las grandes masas.

–Para las grandes masas encefálicas, tienes razón.

–Esa frase no es tuya. Es una frase antigua.

–No tendrás la pretensión de que a ti, que eres de hace cuatro siglos, te hable con frases nuevas...

–¡Sandio! –volvió a gritar Cervantes.

Le vi tan incomodado que me dio miedo la idea de que alguien se enterase de las burlas que le había dirigido a don Miguel, y le dije al fantasma:

–Anda, bájate de la escribanía, que nos van a hacer una foto para Gutiérrez.

Entonces Cervantes volvió a sonreír con excelente alegría; se bajó al suelo de un salto y se apoyó en mi hombro, satisfecho.

Y es que no hay un literato que no se rinda ante la idea de verse retratado en un periódico.

La última frase de Cervantes fue pronunciada ya delante del objetivo.

–¡Si vieras –me dijo– las ganas que tengo de que me hagan una interviú para Estampa!

21.10.09

La dosis semanal de cultura

SOBRE LIBROS, ¡CLARO ESTÁ!

El creador de una lengua

Muchos hombres son los han escrito libros. Pero muy pocos han inventado lenguas. Ivar Andreas Aasen (1813-1896), filólogo noruego, redactó un completo libro sobre dialectos noruegos, reuniendo complicadas formas regionales de habla y, con ellas, creó en su obra una verdadera lengua nacional o folk-maal que reemplazó a la forma dialectal mezclada con danés que había venido usándose hasta entonces en su país. La aparición de su trabajo permitió que gentes que hasta el momento hablaban diferentes dialectos comenzaran a entenderse.


El libro peor pagado

La obra máxima de Sigmund Freud (1856-1939) Die Traumdeutung [La interpretación de los sueños], que revolucionó la psicología y está considerada como una de los libros científicos más importantes de todos los tiempos, le reportó a su autor la modesta suma de 209 dólares y los escasos 600 ejemplares de su primera edición tardaron ocho años en venderse.

El libro que salvó a un idioma

El poeta Firdausi (Abul Qasim Mansur, 935-1020) fue el autor del Shah-nama [Libro de los reyes], una epopeya sobre la historia de los antiguos reyes de Persia, que está considerada como el poema nacional. El hecho de que escribiera dicho libro en persa y la gran aceptación y difusión que éste tuvo hizo que se revitalizara esa lengua y que el país no comenzara a usar generalizadamente el árabe, como se preveía que iba a suceder. Es un ejemplo de cómo un libro puede cambiar a una nación.


Contra los ladrones de libros

En la Edad Media los primitivos colegios tenían sus bibliotecas. Pero los libros solían ser utilizados in situ y estaban fijos por medio de cadenas para que nadie tuviera la tentación de apoderarse de ellos. Por esta razón se les denominaba libri catenati (libros encadenados) y también ‘barbetos’, vocablo que significa ‘perro de aguas’, símil que hacía alusión también a la cadena. Si tenía lugar algún préstamo por motivos imperiosos, el que se llevaba un libro debía dejar un depósito de seguridad. Pero este depósito no consistía en dinero, sino precisamente en otro libro cualquiera que, de no efectuarse la devolución, pasaba a formar parte de los fondos de la biblioteca. Ha de añadirse que los bibliocleptos o ladrones de libros estaban especialmente mal considerados e incluso existían maldiciones especiales para ellos.


El libro rápido

Honoré de Balzac (1799-1850) tuvo mucho éxito con sus novelas en toda Europa, pero obtuvo comparativamente pocos beneficios de ellas y pasó la mayor parte de su vida acuciado por las deudas. En cierta ocasión, espoleado por la idea de ganar dinero fácilmente, decidió estrenar una obra dramática y apalabró un teatro, anunciando el estreno, sin tener la comedia escrita. Cuando se acercó la fecha de la representación, reunió en su casa a cinco amigos y les propuso que escribiesen la obra entre todos (un acto cada uno) en una noche. Ni siquiera discutieron en detalle el argumento, pues no había tiempo para ello. Simplemente se mencionaron unos personajes y todos se pusieron a la labor. Como es de esperar, la obra no llegó a estrenarse a tiempo.

13.10.09

La Cava, por quien se perdió Hispania

DE LA SERIE «BELLEZAS LEGENDARIAS O CHICAS QUE NO ESTABAN TAN MAL PARA LO QUE SE ESTILABA ENTONCES»


Según una leyenda de tradición oral... (¡Esperen un momento! ¡Que no se mueva nadie! ¡Esto es una insensatez! ¿Cómo va a ser una leyenda de tradición oral? ‘Leyenda’ viene de ‘leer’, de algo que se ha leído, así es que el uso es erróneo. Gallud: ¡a ver si aprendemos a escribir!)

Según una tradición oral (¡Así está mejor!) ella fue la causante de que los moros y algún vendedor de seguros que otro invadieran la Península. Florinda —pues así se llama la gachí en cuestión— era la hija del conde Julián, a quien sus amigos y deudos llamaban Don Julián y a quien sus enemigos llamaban algo impublicable. El tal era gobernador de la plaza de Septem (la actual ciudad de Ceuta y un cacho del pueblo de al lado), que había luchado contra la expansión musulmana en el norte de Mauritania (había luchado él, no la ciudad, entendámonos).

La joven vivía en Toledo, donde completaba su educación y se alimentaba exclusivamente de mazapanes, lo que contribuía substancialmente al fomento de algunas de sus redondeces más destacables. Era de una belleza abrumadora y piloerizante y tenía por costumbre matutina bañarse desnuda por las tardes (?) los domingos y fiestas de guardar en las riberas del Tajo, con sus amigas (amigas suyas, no del Tajo; esto es todo una ambigüedad como un castillo y hay que ir explicándolo todo a cada momento). El último de los reyes godos, don Rodrigo, la vio por azar y porque era un mirón y quedó prendado de su belleza gorda y goda.

En cuanto pudo la sedujo y la hizo suya, lo cual es un eufemismo inmenso para decir que la cogió y le... (CENSURADO).

Pronto trascendió este encuentro, porque en los países sin televisión todo se sabe enseguida, y los lugareños comenzaron a llamar a Florinda «La cava», por alguna razón de la que no acabamos de enterarnos. (‘Cava’ en árabe significa ‘hetaira’, pero no creemos que esto tenga que ver con el origen del sobrenombre y lo achacamos simplemente a una casualidad.)

Cuando el rumor de que el rey le había... (CENSURADO) a la Cava llegó hasta don Julián, éste decidió vengarse del que había manchado su honor y pactó con los árabes la invasión de Hispania, incuyendo una comisión para él mismo consistente en una gran remesa de torrijas recién hechas, porque las que le hacían sus cocineros cristianos no salían tan ricas. Se alió con el caudillo árabe Musa Ibn Nusair y ayudó a cruzar el estrecho en el 711 a las fuerzas invasoras dirigidas por Tariq, especialmente a aquellos soldados que no sabían nadar.

Los musulmanes se extendieron velozmente por la península, de Lepe a Rentería, acabando con el reinado visigodo y acabando hechos polvo, porque lo hicieron todo quizá un poco demasiado velozmente.

Don Rodrigo desapareció en la batalla de Guadalete (o al menos nadie le volvió a ver en Hispania. En Francia sí, pero depilado y ganándose la vida como trovador cursi con calzas ajustadas, por lo que eso no cuenta y es mejor que lo ignoremos en bien del orgullo patrio). Florinda, no pudiendo soportar la ausencia del rey que con tanta habilidad le... (CENSURADO), se suicidó, arrojándose de cabeza a un río sin agua para darse partirse el cráneo con las piedras. Dice la tradición que su espectro vagó por el lugar durante años. La historia, sin embargo, con sus sempiternas ganas de fastidiar todo lo romántico desmiente que La Cava fuera la causante de la invasión y culpa al materialismo histórico.

9.10.09

Seguimos con los libros

(¡QUÉ OBSESIVO ES ESTE GALLUD!)


La biblioteca ambulante


Abdul Kassem Ismail (938-995), Gran Visir de Persia, es un ejemplo extremo de amor a los libros. Poseía una biblioteca de 117.000 volúmenes, pero no es esto lo que le hace destacar. Ismail, pese a viajar mucho por multitud de motivos, nunca se separó de sus queridos libros y los hacía transportar en camellos (unos cuatrocientos), en una caravana que le acompañaba dondequiera que iba. Estos camellos estaban siempre colocados en la misma posición, siguiendo el orden alfabético de los volúmenes que transportaban, para facilitar la consulta de los libros durante cualquier alto en el camino.


Un libro caro

Los libros más influyentes no son siempre éxitos editoriales. El volumen de Copérnico (Nikolaus Koppernigk, 1473-1543) en el que se explica la teoría del heliocentrismo –De Revolutionibus Orbium Coelestium [Las revoluciones del orbe celeste]– fue un total fracaso económico. Se publicó en varias ocasiones, pero siempre con un precio tan alto que limitó efectivamente su venta, por lo que la teoría se extendió sin que casi nadie conociese en realidad el libro en el que se explicaba.


La incomunicación mediante libros

Platón (429-347) hizo constar en diversas obras su antipatía hacia los libros por lo que éstos tenían de cadavérico, de expresión paralítica. Además, el filósofo consideraba que la relación entre el escritor y el lector tenía algo de inmoral, puesto que el autor no puede responder a las objeciones del que le lee ni puede tampoco rectificar al lector que entiende en sus obras lo que él no ha dicho. Las ideas que se incluyen en los libros son como flechas que lanzamos sin saber si llegarán a un destino equivocado.


El negocio de la falsificación

La famosa novela Ben-Hur: A Tale of the Christ, de Lewis Wallace (1827-1905) sirvió de base para uno de los mayores fraudes de los que se tiene noticia en el mundo editorial. Un reverendo presbiteriano, William D. Mahan (1824-1906), copió literalmente grandes fragmentos de la obra de Wallace e intentó hacerlos pasar por la traducción de un manuscrito original recientemente descubierto sobre la vida de Cristo. Publicó todo el material bajo el título de Archko Volume [El volumen Archko] en 1886 y, aunque pronto se supo la verdad, se siguieron vendiendo ejemplares masivamente hasta 1976, pues mucha gente cree aún que lo que en él se cuenta sobre la vida y personalidad de Jesús es totalmente cierto.


Buena publicidad

Es sabido que los libros se benefician grandemente de las campañas publicitarias que se hacen antes de su aparición. Un buen precedente de estos libros que intentan asegurarse el éxito de antemano sería On the Origin of Species by Means of Natural Selection [El origen de las especies mediante selección natural], de Charles Darwin (1809-1882). Esta obra despertó tal curiosidad en los círculos intelectuales por todo lo que se venía hablando del tema, que su primera edición (de 1.250 ejemplares) se agotó el mismo día de su aparición, algo insólito hasta el momento.


Un arma social

Los libros de denuncia pueden llevar a agitar de una manera muy clara la sociedad y a hacer que la gente se interese pr los problemas de los demás, sirviendo así como un arma muy efectiva de cultura y de perfeccionamiento social. Tal es el caso de Uncle’s Tom Cabin [La cabaña del tío Tom], de Harriet Beecher Stowe (1811-1896), libro capital en la toma de conciencia del pueblo norteamericano en el asunto de la manumisión de los esclavos. Ha de decirse, sin embargo, que no todo el efecto de la obra fue positivo y la autora recibió mucha correspondencia insultante y amenazadora, enviada por los sectores más intransigentes de la nación. Incluso llegó a recibir un macabro paquete postal en el que se le enviaba la oreja de un esclavo negro.


5.10.09

No encuentro palabras

LÍOS EN LOS QUE ME METO POR SER LENGUADO

No las encuentro, señores, porque no las hay. Creíamos todos, en nuestra ingenuidad, que el castellano era una lengua de tomo y lomo, como suele decirse y, ¡qué va!: se ha quedado corta ante el desafío de la modernidad, que diría un cursi.

La informática “tié sus desigencias” y precisa de vocablos que definan como Dios manda las cosas que se nos ofrecen por la red. ‘Escanear’, ‘cliquear’ y otras pendejadas por el estilo sólo se refieren a los aparatos duros (hardware) externos, pero no hay términos para los aparatos blandos (software), que es donde hacen falta.

Yo lo resuelvo desde aquí, antes de que lo hagan otros y se queden con el mérito.

Cuando dentro de unos años la Academia, en su exaltación de la inercia y la burricie lingüística, apruebe palabras inventadas en Alcorcón durante una macrofiesta, yo demostraré que yo ya las había inventado mucho antes y la gloria será mía.

Comencemos.

Propongo el verbo ‘feisbuquear’. Su origen es la pronunciación y grafía castellana de Facebook, esa red social de adjetivo impublicable. Yo feisbuqueo, tú feisbuqueas, él fesibuquea, nosotros feisbuqueamos, etc. O, para otros, ‘netbiar’ (Nettby). Yo netbío, tú netbías and so on. Su uso sería ‘ser usuario de la red social en cuestión’.

¿Y qué tal ‘yutubado’? Es el adjetivo que propongo para vídeos colgados en YouTube. Por ejemplo: “La entrevista con Fulanito está yutubada”.

Las posibilidades son infinitas, dadas las posibilidades de Internet. “Por las tardes, si me aburro, tetrixeo”.

O también “Hay muchos más jotmeilos que gemeilos” (Más usuarios de Hotmail que de Gmail).

No me arrogaré la invención de ‘guglear’, porque ya lo he oído por ahí.

Sí, en cambio, lanzo al mundo ‘güiquifilia’, como “gusto de buscar cosas en Wikipedia”.

Más.

“El mundo se divide en megaplodienses y rapidsherianos.”

“Voy a pogüerpointar mi próxima conferencia.”

“Esa es una foto fotoshopada.”

“El documento está adobado”.

(Se admiten contribuciones espontáneas.)

2.10.09

Alguien merece un premio

¡DEMOS LA BIENVENIDA AL LOPE DE VEGA DEL SIGLO XXI!

Dicen que alguien ha elaborado un escrito de diecinueve mil folios sobre la corrupción de un partido, donde aparecen unos setenta y un señores.

Pero dicen otros que todo lo que incluye este escrito es mentira.

Yo no dudo de que sea mentira pero, en tal caso, estamos ante un prodigio de la naturaleza, porque ya es bien difícil escribir tantas páginas sobre cosas que están ahí, pero sacárselo todo de la imaginación me parece una tarea sobrehumana.


¡Imaginen! ¡Una gran novela histórica con setenta y un personajes del momento, claramente descritos y diecinueve mil páginas de ficción! Ni la Ilíada, ni la Odisea ni el mucho más largo poema épico del Mahabharata pueden compararse a tamaña gesta literaria. No sabemos si juntando todos los escritos de Lope de Vega se llegaría a tanto.

Así es que, mientras los jueces dicen algo o no dicen nada, promovamos la candidatura del autor de los folios para el Premio Nobel de Literatura.

24.9.09

Librecerías

MÁS DATOS CURIOSOS SOBRE ESE MUNDO EN DECADENCIA

Incoherencia política


Maksim Gorki (Aleksey Maksimovich Peshkov, 1868-1936) fue el autor del afamado libro de propaganda soviética Mat [La madre]. Gorki está considerado como el padre de la literatura revolucionaria, fundador de la literatura de realismo social y uno de los grandes teóricos del marxismo. Sin embargo, ha de mencionarse la anécdota de que escribió este libro hallándose de vacaciones en los montes Adirondacks, en Elizabethtown, un lugar de recreo cercano a Nueva York, en la cuna del capitalismo occidental.


Los malos literatos

Los casos de autores literarios no reconocidos son en extremo abundantes. Honoré de Balzac (1799-1850), padre del realismo francés, nunca consiguió un puesto en la Academia Francesa de la Lengua, pese a intentarlo en diversas ocasiones. Pero esto no es nada comparado con lo que le sucedió a Émile Zola (1840-1902), considerado el maestro indiscutible del naturalismo francés y uno de los mayores literatos de todos los tiempos, quien obtuvo en el colegio un cero en la asignatura de Literatura.


La gran colección

Los libros más grandes suelen ser los menos vendidos y corren el riesgo de ser también los menos leídos. Esto es, con toda probabilidad, lo que sucede con la mayor publicación que se conoce, los British Parliamentary Papers [Las Actas del Parlamento británico], que se recogen en una colección de mil ciento doce volúmenes, con un peso total de más de tres toneladas. Los editó la firma Irish University Press entre 1968 y 1972.


Falsos deseos

En su testamento, el autor austriaco Franz Kafka (1883-1924) ordenó a su amigo y albacea Max Brod que quemase los manuscritos de sus novelas inéditas. Sin embargo, Brod pensó que esa última voluntad no era genuina, pues Kafka sabía de sobra que él no haría nunca algo así, de donde concluyó que no tenía que respetar tal petición. Esta línea de razonamiento –o la falta de escrúpulos de Brod– es lo que ha permitido que lleguen hasta nosotros las obras Der Prozess [El proceso], Das Schloss [El castillo] y Amerika [América].


Un poeta presumido

En el mundo de las artes todos quieren destacar por algo y ser recordados por la posteridad como autores especialmente creativos u originales. Esto conduce en ocasiones a la mentira, como en el caso de Gustave Kahn (1859-1936), quien afirmó en su libro Premiers poèmes [Primeros poemas] que había sido el primero en emplear el verso libre en sus composiciones. Dicha afirmación era totalmente errónea, pues John Milton (1608-1674) y Walt Whitman (1819-1892) –por mencionar sólo algunos nombres importantes– ya lo habían hecho antes que él.


Las ferias del libro

Tras la difusión en Europa de los libros elaborados en imprentas de tipos móviles –una verdadera explosión editorial como nunca después se ha conocido–, la organización de ferias del libro fue algo lógico que no se hizo esperar. Se tienen noticias de que ya en 1485 se venían celebrando desde algunos años antes ferias especializadas en la venta de libros en las ciudades de Maguncia y Leipzig.


Los privilegios del saber leer

No hay que desdeñar nunca la importancia del alfabetismo. En el siglo XVI, Ben Jonson (1572-1637), dramaturgo contemporáneo de Shakespeare, tuvo una pendencia con un actor. Ambos concertaron un duelo y el escritor mató a su rival. Fue apresado y, cuando se le permitió defender en el juicio, alegó el denominado «derecho de clerecía», esto es: que sabía leer y escribir y que era un crimen social el matar a alguien que poseyera tales habilidades. Jonson fue absuelto.

21.9.09

Kafka, el oficinista vocacional

(AQUÍ SE DESTRIPAN LOS SECRETOS DE LOS GRANDES DE ESTE MUNDO)

Todos los que trabajan en algo tienen su santo patrón. Y algunos, aunque no trabajen, también lo tienen, como es el caso de algunos que veneran a San Franz, cuya semblanza incluimos aquí, recién sacadita de la Wikipedia (la Wikipedia, ya saben: esa herramienta de conocimiento con la cual se harán de ahora en adelante las investigaciones, según exige Bolonia).

El escritor checo Franz Kafka (1924-1883 ¿o es al revés?) nació vivo en el ghetto judío de Praga, aunque hay que especificar que que checo antes de ser escritor. Estudió Derecho y se doctoró, por lo que no consiguió un trabajo estable en ese campo, como suele suceder en España (y, al parecer en Checoslovaquia y otros sitios).


A Kafka le conocemos (bueno, yo no, pero es una forma de hablar) y le valoramos como escritor, pero no fue esa ocupación la que le dio de comer. En 1907 ingresó como pasante en una agencia italiana de seguros de accidentes laborales, trabajo que le apasionaba y que le sugirió gran parte de su obra (el protagonista de La metamorfosis está creado con rasgos de varios de sus jefes).

Inicialmente no cobró retribución alguna, procedimiento conocido como becarismo, y sólo después de algunos meses se le asignó un sueldo, bastante molesto (perdón, he pisado mal la tecla. Donde dice ‘molesto’ léase ‘modesto’. Aunque no estaría mal especificar que, para sus patronos, el tener que pagarle un sueldo a Kafka no dejaba ser realmente molesto y no lo hacían de muy buen grado. Así es que el adjetivo no deja de ser pertinente en parte). Al año siguiente, cansado de los seguros, Kafka consiguió otro empleo en otra agencia de seguros más seguros, la Arbeiter Unfall Versicherungs Anstalst, cuyo nonbre renunciamos a traducir por si algún menor nos lee. Siempre hablaba de su trabajo como Brotberuf, palabrota que significa ‘un empleo para pagar las facturas’.

Su trabajo como oficinista le dejaba bastante tiempo para escribir, sobre todo cuando cerraba la ventanilla y dejaba que la gente esperase varias horas, con lo que pudo satisfacer una vocación literaria que había tenido desde la niñez. Así es que Kafka no se aburría en su oficina. Además, analizó en profundidad la burocracia de la que era parte y la empleó como tema para sus escritos sobre cucarachas y demás. Criticó duramente la ineficacia de la burocracia austrohúngara, porque no conocía las otras. Desarrolló su propia teoría de que la administración era algo así como un organismo vivo cuyo único objetivo es estar ahí y durar el mayor tiempo posible con el mínimo esfuerzo de supervivencia.

No olvidemos que Kafka es uno de los
escritores más importantes del siglo XX en lengua alemana, aunque menos importante una vez traducido. Su obra es una de las más influyentes de la literatura universal, a pesar de que no se vende casi nada. La angustia, la crítica a los totalitarismos y las indigestiones por comer demasiadas anchoas son algunos de sus temas primordiales.

17.9.09

Vergüenza torera

REPETICIÓN DE UN TEMA QUE MERECE REPETIRSE HASTA QUE LA COSA SE ACABE DE UNA VEZ


Como me aburro un montón
desde que estoy en chirona
y tengo papel y lápiz
para escribir cualquier cosa
voy a hacer una poesía
de elegancia empalagosa
sobre el arte de la lidia:
esa costumbre española
que ha dado a su gente fama
de castiza y de ceporra.
(Y como a los españoles
lo de los toros nos mola,
en la cárcel hemos hecho
una corrida asquerosa
banderilleando a un preso
que especulaba en la costa,
pero con poquitos medios,
por lo que no quedó airosa
esta fiesta improvisada
en el penal de Santoña.)

Son las cinco de la tarde
(o la siete, que la hora
cambia cada dos por tres
y es un lío en toda Europa).
El torero ya se han puesto
encima toda la ropa
con la ayuda de once tipos
cuyo trabajo es dar coba
al diestro y decirle a ratos:
«¡Maestro!» con voz gangosa,
para así inflamar su ego
y animarle a que se ponga
ante el toro, que si no,
jamás haría tal cosa.

Ya vestido, le ha rezado
a San Sadurní de Noya,
a San Cugat del Vallés,
San Estanislao de Kotska
y a varios más, por si acaso
va y tiene una tarde tonta.

Ya están los tendidos llenos,
toda la plaza rebosa
de puros y de mantillas,
de Fantas y Coca-Colas.
La banda municipal
interpreta cualquier cosa:
el pasodoble de El gato
montés o un aria de Tosca.
Sale el toro del toril
y con cabreo resopla.
El diestro hubiera querido
haberse ido a Formosa
de viaje, mas no ha ido
y no tiene escapatoria:
le da tres pases de pecho,
dos largas y una verónica
y, tras de ganarse el sueldo,
quiere irse por la posta.
Mas primero ha de clavar
la espada en la cocorota
del bicho aquel que parece
más peligroso que el cólera,
más grande que el Mato Grosso,
más alto que las Rocosas,
más malo que Fredy Krugger,
más feo que Vargas Llosa
y a quien no le gusta nada
que le tomen a chacota.

El diestro saca el estoque
—él preferiría un bazooka,
para acabar con la res
desde una distancia lógica,
pero el reglamento impide
esto y muchas otras cosas—
y se dirige al cornudo,
temblando como una hoja
y encomendándose a
San Ignacio de Loyola
(ya que más vale que sobre
que no que falte, razona).

«¡Qué de cosas hay que hacer
para montarse en el dólar!»,
piensa el diestro. «¿Por qué no
soy batelero del Volga,
gondolero de Venecia,
traficante de Colombia
o alguna otra profesión
mucho menos peligrosa?
¿Por qué no hice oposiciones?
¿Por qué no me metí monja?»

Pero ya no hay vuelta atrás:
cierra los ojos, resopla,
pincha al toro con crueldad,
los pantalones se moja,
abre los ojos a ver
qué ha pasado y se emociona
al contemplar al astado
más muerto que Luis de Góngora. († 1627)

Entonces se pone chulo,
camina con parsimonia,
presume más que un macaco,
bebe vino en una bota,
recoge las dos orejas
(que están bastante pringosas
y que ha pagado con una
corrupción escandalosa)
y el rabo, que lo empleará
para espantarse las moscas.
La cuadrilla —contratada
para hacerle la pelota—
le lleva en hombros un rato,
para que salga en el ¡Hola!

Y esta gran majadería
es nuestra fiesta española...
¡A veces quisiera haber
nacido en el Alto Volta!

15.9.09

Discriminación femenina

Y VARIAS MANERAS DE COMBATIRLA

En el mundo en que vivimos lo insensato sería pretender escribir con sensatez. Y si hay que escribir tonterías y a uno no se le ocurre absolutamente nada, no hay más que coger el periódico.

Eso hago yo y leo una curiosa carta al director en la que una dona se queja de que se discrimine a las mujeres (cosa que estoy de acuerdo en que lamentablemente sucede), pero dando ejemplos originales y copiables.

Dice que en los apellidos españoles, el de la mujer va siempre después del apellido del varón, cosa que le molesta mucho. No puedo dejar de advertir lo justo de su queja y me devano los sesos para hallar soluciones.

(Antes de proponerlas, hay que hacer un inciso y notar que en castellano el apellido de la madre aparece en segundo lugar, pero que en todas las demás lenguas y culturas principales del mundo ¡no aparece en ninguna parte! De ello se deduce que los hispanos somos los que menos discriminamos a la mujer en todo el mundo, al menos en lo lingüístico.)

(Por otra parte, la razón de la inclusión del apellido materno es más bien sórdida. Convencidos de la «pureza de sangre» de la familia paterna, se establece la duda en los cristianos viejos de si pueden existir trazas de sangre árabe o judía en las familias de las madres y, para asegurarse de que tal horror no se da en un individuo cualquiera, se le exigen pruebas de la viejacristiandad de su familia materna; de ahí la inserción del apellido de la madre, para asegurarse. )

Pasemos a lo que nos interesa: esto es, a los remedios para la discriminación del orden de los apellidos.


Alternancia onomástica


Se pueden alternar los apellidos, durante períodos de un mes o así. Un señor se llamaría José Pérez López en enero, José López Pérez en febrero, Pérez López de nuevo en marzo y así sucesivamente. Esto implicaría duplicar todos sus papeles (dos carnets de identidad, dos pasaportes, dos contratos de trabajo distintos, dos facturas de la luz, todo). Los burócratas de país se tendrían que duplicar y se resolvería el paro. Pero existen inconvenientes, siendo el barullo social uno de los más graves. Además, el que se llamase Luis Fernández Fernández, se quedaría igual todos los meses y tendría que ir explicando que el Fernández que era su primer apellido ese mes concreto era el del padre o el de la madre, para que no se repitiera la discriminación. Y luego está la cosa de los gustos, porque no es lo mismo llamarse Calvo Herrero que Herrero Calvo, con lo cual algunas personas estarían más a gusto con su nombre unos meses que otros.


Alternancia silábica


Consistiría en la mezcla de sílabas de ambos apellidos. José Mar-tí-nez Gon-zá-lez podría ponerse de único apellido Margontizanézlez, uniendo así a padre y madre, aunque seguro que las feministas protestarían igualmente de que se usase en primer lugar una sílaba del apellido masculino


Matriculación

Con lo cual, otra opción es prescindir de ambos apellidos y utilizar los números, que son muy democráticos y nada clasistas. Juan Moreno Campos pasaría a llamarse, por ejemplo Juan 26586765643534-H y todos saldríamos ganando. Si además, Telefónica le diera al tal Juan un teléfono que coincidiera con su apellido, sería mucho más cómodo para que amigos y familiares le recordaran.


Nomenclatura libre

Los padres podrían elegir un sobrenombre para sus hijos que substituyera al apellido. Pero para ello habría que poner reglas. Por ejemplo, tendría que ser fácilmente pronunciable y nombres como Felipe Hftshgsfgsn no servirían. El problema es que, dentro de los nombres pronunciables, los hay salvajes y muchos padres pondrían a sus hijos nuevos «apellidos» según sus gustos particulares. Tendríamos casos como María Bobmarley, Pedro Vixcaelbarça, Francisco Jones, y otros que pronto perderían su sentido con el paso del tiempo, como Ana Muerazetapé que, al cabo de los años, nadie sabría qué significaban.


Repetición

Podría emplearse como apellido el mismo nombre de pila. Ignacio Ignacio, Juana Juana. La regla sería que no podrían emplearse diminutivos en lugar del apellido. Tendríamos Paco Francisco, Pepe José, Concha Concepción y Mary María. Esta solución no me parece ni bonita ni muy útil a la hora de distinguir a una Ana Ana de otra. Una variedad sería hacer un anagrama con el nombre, cambiando el orden de las letras. Saldrían nombres como Raúl Rula, Francisco Cisfranco, Enrique Queríen, Pedro Podre y cosas así.

Seguro que hay más opciones y les invito a que nos las cuenten.

11.9.09

Afinador de pianos

DE LA SERIE «OFICIOS INSÓLITOS PERO SIN VACACIONES»

La afinación de pianos no es un oficio en desaparición, porque el año pasado, la Universidad Católica de Comillas inició un Máster en Afinamiento, según los planes de Bolonia, y el Ministerio lo aprobó. Se han matriculado tres y confiamos en que al menos uno de ellos pague las tasas y obtenga el título.

El oficio está limitado por la proliferación de teclados electrónicos en el mundo de la música, que no se pueden afinar por su misma definición de «electrónicos». Esto es: si suenan mal, te sonarán mal siempre y no tendrán arreglo.

El origen de esta profesión data de inicios del siglo XVIII, con la invención del ‘pianoforte’, hecha por Bartolo Cristofori en el año 1709, allá por las pascuas. Su labor consiste en realizar la modificación de las cuerdas para que vibren en las frecuencias deseadas por los dueños del artilugio. Los afinadores están agrupados en gremios, que son como sindicatos, pero sin banderas. Éstos les proveen de certificados profesionales para ejercer esta labor y de las tenacillas necesarias para ello. Si algún afinador pierde las tenacillas, tiene que volver a pasar el examen y pagar de nuevo las tasa con recargo. Puede intentar afinar pianos con tenacillas adquiridas ilegalmente en alguna ferretería amiga (o incluso en los chinos), pero se arriesga a que le pillen y a una multa considerable. Además, los mismos dueños de los pianos suelen denunciar a los afinadores que emplean tenacillas no gremiales, porque el hombre es un lobo para el hombre, como dijo el filósofo.

Este oficio implica, naturalmente, desplazamiento a domicilio y, como mínimo, una hora de labor, aunque sin derecho a pasar al lavabo. Su coste mínimo en la actualidad oscila entre los 70 y los 125 euros, pero no me hagan mucho caso, porque todos los precios que aparecen en Internet son falsos: cuando vas a contratar el servicio, siempre te piden mucho más. También te puede costar más caro si el instrumento lleva uno o dos siglos sin ponerse a punto o si le han vertido encima toneladas ingentes de mermelada de naranja amarga (cosa más frecuente de lo que se podría suponer).


Para una afinación adecuada, se requieren los servicios del afinador dos veces al año, una visita para afinar las teclas negras y otra visita, más larga, para las blancas (que son más).

Pese a la sofisticada tecnología actual un afinador sólo precisa de dos instrumentos básicos: las tenacillas homologadas ya mencionadas, con la que apretará la clavija de la cuerda y un diapasón. El diapasón está en la. ¿En la qué?, se preguntarán ustedes. Pues en la nota la, que se reconoce fácilmente porque se halla en una frecuencia de 440 hertzios. Si ustedes no saben reconocer un hertzio a simple vista, pueden irse a Comillas y allí se lo explicarán debidamente. A partir de la, la afinación se hace por deducción armónica.


Algunos afinadores suelen llevarse trabajo a casa, aunque éstos no viven mucho. Los más habitual es que trabajen en aquellos lugares donde suele haber un piano; tiendas de música, mercerías, salas de conciertos, escuelas, universidades, ayuntamientos, centros comerciales y otros muchos lugares. Precisan espacio, silencio, abundante luz y, sobre todo, paz interior, para poder realizar adecuadamente su labor.

¿Sabías que la prueba habitual para un buen afinador consiste en poder reconocer cualquier nota del instrumento sin ver la tecla y antes incluso de que la hayan tocado?

¿Sabías que debido al malhumor de los padres que les compraron un piano a la niña, se considera un oficio de alto riesgo?

¿Sabías que existen también cursos para sordos correspondencia para convertirse en un afinador capacitado?

¿Sabías que en un piano hay nada menos que 220 cuerdas y que muchas de ellas suenan distinto que la de al lado?

¿Sabías que hasta el siglo XX los pianos se afinaban a distintas tonalidades, según el siglo, el lugar y si era un día soleado o lluvioso?

¿Sabías algo de todo esto o realmente eres tan inculto como pareces?

10.9.09

Más bibliofilia

FRAGMENTOS DE UN ANTIGUO LIBRO MÍO, QUE YA NO SE VENDE NI A TIROS

Literatura femenina

En contra de lo que siempre se ha dicho, un gran número de mujeres se ha dedicado a la literatura desde tiempos remotos. Un ejemplo a destacar es el de Murasaki Shikibu (980-1030), que fue autora de la novela más antigua que se conserva como tal: Genji-monogatari [El cuento de Genji]. Además, ella aludió en su diaria a la existencia de muchas otras escritoras de renombre en su tiempo, cuyas obras, desgraciadamente, no han llegado hasta nosotros.


Shakespeare censurado

Se ha alabado mucho el respaldo real que la reina Elizabeth I de Inglaterra dio a Shakespeare y a su teatro. En realidad, no siempre fue así y las obras del bardo de Avón estuvieron muy sujetas a la censura. En su tragedia Richard II [Ricardo II], la escena en la que el rey es destronado (hecho rigurosamente histórico) no se permitió en vida de la reina y no se incluyó en el texto impreso hasta cinco años después de la muerte de ésta. La razón que se daba para esta censura es que la monarquía de los Tudor no podía aceptar el mostrar el derrocamiento de un rey, algo paradójico, si se recuerda que Elizabeth mandó decapitar a Mary Stuart, reina de Escocia.


Exceso de perfeccionismo

El pudor literario puede hacer que grandes obras se pierdan para la poseteridad. Tal es el caso de la Eneida de Virgilio (Publius Vergilius Maro, 70-19 a. de C.). El autor dejó instrucciones de que este libro, compuesto en 12 volúmenes, fuese quemado íntegro a su muerte, puesto que no había tenido tiempo para corregirlo y mejorarlo y no deseaba que las generaciones futuras leyesen una obra imperfecta firmada con su nombre. Afortunadamente, el emperador Augusto, que había encargado el trabajo, no permitió que se cumpliese esta última voluntad del poeta y la gran epopeya ha llegado hasta nosotros.


Lenguaje periodístico

Entre todas las variedades de escritores, los periodistas han tenido siempre fama de no dominar la lengua de la manera que sería de desear. A principios del siglo XIX el crítico literario francés Charles Augustin Saint-Beuve (1804-1869) tuvo un altercado con un periodista y éste retó al autor a un duelo, en una carta escrita de una manera pedestre y llena de errores. Sainte-Beuve, divertido ante aquella misiva, contestó al desafío de la siguiente manera: «Respetado señor: Acepto el duelo que me propone. Estará usted de acuerdo en que, como yo soy el ofendido, tengo el privilegio de elegir el arma con la que vams a enfrentarnos. He decidido elegir la ortografía. Por consiguiente, usted está ya muerto.»


La frustración del escritor

Muchos autores no son debidamente reconocidos en vida. Pero alentados por la esperanza de que el juicio de la posteridad reconozca su valía, no suelen abandonar su actividad creativa. Una excepción a esta regla es la del poeta y novelista norteamericano Herman Melville (1819-1891). Como su novela Moby Dick, y otras publicadas, no habían tenido demasiado éxito en el momento de su aparición, renunció a escribir y pasó el resto de su vida como empleado de aduanas del puerto de Nueva York, alejado de los círculos literarios y plenamente dedicado a su actividad burocrática.


Un manuscrito valioso

Algunos literatos han dado claros ejemplos de su fe en el criterio de la posteridad. Rudyard Kipling (1865-1936), para recompensar a la enfermera que había cuidado a un hijo suyo enfermo, le entregó el manuscrito de su obra The Jungle Book [El libro de las tierras vírgenes], para que lo vendiera en un futuro si alguna vez tenía necesidad. En efecto, la situación se presentó y la enfermera, tras vender el manuscrito, vivió del importe recibido durante el resto de su vida.