El verdadero origen de la historia de la Dolores

 

          Hasta el momento presente, los expertos filólogos han venido afirmando que la famosa historia de la no menos famosa Dolores de Calatayud se basaba en una tradición local, popularizada por el insigne aunque bizco autor José Feliú y Codina, que en 1895 escribió de un tirón su pieza teatral La Dolores. Pero se ha venido a demostrar que los expertos filólogos no tienen ni idea y que han metido la pata hasta el coxis, porque el origen de la susodicha historia es bastantes siglos más antiguo.

          En unos contenedores de basura sospechosamente cercanos al Archivo General de Simancas se ha hallado un manuscrito latino, revuelto con mondas de patas y bolitas de poliespán, de ésas que se usan para embalar electrodomésticos.

          Un trabajador autónomo (que revolvía en la basura para proporcionarse su pitanza como hacía habitualmente) rescató el manuscrito y lo puso a la venta de inmediato. Un ex Catedrático de Románicas (que ahora regenta un top manta) lo compró por 3,75 euros y lo ha descifrado con éxito.

          Lo que se ha encontrado no deja lugar a dudas sobre el tema que nos ocupa. Transcribimos aquí el fragmento pertinente del manuscrito, que es parte de un libro de historias semi-éróticas titulado Puellae fortissimum appeticilior Imperii [Las muchachas más apetecibles del Imperio], escrito por un tal Titus Gracus Salidus en el 873 a.u.c. (ad urbe condita, desde la fundación de Roma), probablemente durante el puente de vacaciones de las Saturnales.

 

Texto original (más o menos), acompañado de su traducción consecutiva, imprescindible para aquellos lectores no muy versados en la lengua del Lacio

 

Unum tempus in villa aiuxta Roma, bonus quod caseum puella viveret, cuius nomen Doloris erat. [Una vez, en un pueblo cercano a Roma, vivía una muchacha que estaba buena como un queso.]

Ista muliercula sana et macizae erat, apud superior pectus et rotundatis nalgae. [Esta mujercita estaba sana y maciza, tenía pechos superiores y nalgas redondas.]

          Procacis miles Melchorus Doloris videt et horroris gustabit. [Melchor, un soldado sinvergüenza, vio a Dolores y le gustó un horror.]

In lunam nocte miles acostabit ad puellae et beneficietur. [Una noche de luna se acostó con la muchacha y se la benefició.]

Postquam abandonavit cum consumpta calzas. [Después la abandonó como a un calcetín usado.]

          Doloris suo dilecto amator sequitur ad Bilbilis, ubi in tabernae laboris requestat. [Dolores siguió a su querido amante hasta Calatayud, donde pidió trabajo en una taberna.]

Pro platum fregare contratavit. [La contrataron para fregar platos.]

          Populo quod tabernae frequentat dicere qui Doloris calidissimum puellae est, non admodum carus et potest facere delectabile operationis. [La gente que frecuentaba la taberna decía que la Dolores era muy calentorra, nada cara y que sabía hacerte algunas cosas muy agradables.]

Sic Doloris famae omnes loca pervenit et per cotilleantur multitudo ad Bilbilis arribat. [Así, la fama de la Dolores se extendió por todas partes y multitud de personas llegaron a Calatayud para cotillear.]

          Malus et perversus gens Doloris in canticum metebit per fastidiantur: [Las gentes malas y perversas, para fastidiar, sacaron a la Dolores en una canción:]

 

«Si vos ire ad Bilbilis

ad Doloris quaestio,

que fermosisima puella est

et amica favoribus.»

[«Si vas a Calatayud

pregunta por la Dolores

que es una moza muy guapa

y amiga de hacer favores.»]

 

Istud versum omnia Aragonis auditis. [Este cantable se oyó en todo Aragón.]

          Erat Doloris realiter experta meretrix cum dixit? [¿Fue la Dolores en realidad una prostituta experta como decían?]

Aut decent mulier erat? [¿O fue una mujer honrada?]

Etiam Deus non cognoscit. [No lo sabe ni Dios.]

          Cum Doloris vedere que Melchor non facet casus, vindicta deciderunt. [Cuando la Dolores vio que Melchor no le hacía caso, decidió vengarse.]

Pringatus Lazarus engatusavit pro Melchoribus cargantur. [Engañó al pringado de Lázaro para que se cargase a Melchor.]

Lazarus stulte erat et accipit. [Lázaro era tonto y accedió.]

Narratio ad horrorosae tragoedia finit. [La narración acaba en una tragedia horrorosa.]

Infelix Doloris quomodo tremendae vulpi rememorabit. [A la infeliz Dolores se la recuerda como a una tremenda zorra.]

El octeto endecasílabo

 

 Generogénesis


          La generogénesis es un género literario de mi absoluta invención que trata precisamente de eso: de contar cómo se puede uno inventar un género literario original con más o menos éxito (con menos, en este caso que nos ocupa). Se describe a continuación el proceso de gestación de una nueva forma poética destinada a provocar la indignación de los eruditos.

 

          ¡He inventado un nuevo tipo de composición poética!

          ¡Eureka!

          La mala noticia es que me parece que no ha quedado muy allá.

          Juzguen ustedes:

 

Aburrido del clásico cuarteto                        11 A

una forma de verso me he inventado            11 B  

(aunque no sé si antes existía,                       11 C  

ya que, de ser así, sería una pena)                 11 D

esta composición llamada «octeto»              11 A

—si al de cuatro cuarteto le han llamado  11 B

que, en caso de cuajar, se formaría               11 C

con ocho versos puestos en cadena.              11 D

 

Esta composición recién creada

puede emplearse para cualquier cosa:

para hablar de la guerra y el combate,

para narrar la vida de un mamífero,

para contar cualquier perogrullada,

para decir lo bella que es la rosa,

explicar cómo se hace el chocolate

o cualquier tema aún más soporífero.

         

          (Hice más octetos: un montón. Pero no me he atrevido a ponerlos todos.)

          La verdad es que debo reconocer que estos versos suenan muy mal. Así es que desisto de mi empeño innovador y juro por san Bonifacio (mártir) no volver a escribir un octeto de éstos en todo lo que me queda de vida.

 

 

 

Treinta y cinco personajes en busca de un productor

 

Denuncia de sucedáneos

 

La denuncia consiste esencialmente en chivarte ante una autoridad de que alguien ha hecho algo que no te gusta. Bueno: las cosas de este mundo que no gustan son tantas que este género tendría que ser mucho más frecuente. En las comisarías sí se cultiva esta variante literaria, aunque allí no se cuida especialmente el estilo empleado y las figuras literarias que existen para embellecen la narración brillan por su ausencia. Aquí tenemos, como ilustración, un escrito híbrido y mestizo, hijo natural de un artículo de opinión y una denuncia.

 

Los primeros años del siglo xx conocieron en España a toda una pléyade de comediógrafos geniales y absolutamente chalados que hicieron del humor su emblema y su bandera: Arniches, Muñoz Seca, García Álvarez, Paso (padre), Vital Aza, Perrín, Palacios, Abati (por no hablar de los jardieles, tonos y mihuras que vinieron a continuación). Eran prolíficos con sus plumas y munificentes como pachás orientales con sus gracias y situaciones.

          Y generosos con otro elemento que queremos destacar: con los actores y sus familias. Porque entonces las compañías eran estables en cada teatro. Y si en alguna obra no había papel para un actor, éste se «quedaba en el cuarto» durante meses y, ¡claro!, sin cobrar. Y sus familias pasaban penurias. Para evitar esto, aquellos autores —muchos de ellos olvidados y otros menospreciados— elaboraban deliberadamente comedias con numerosos personajes que no hacían falta maldita en la acción, pero que permitían cobrar a los actores que los interpretaban. Se escribían papeles «para todo el mundo», para que nadie se quedara sin comer en aquellos difíciles años en que no había «estado del bienestar». Por eso veíamos en escena casas de ficción con catorce criados o cortijos con veintisiete gañanes.

          Una de las comedias recordadas (aunque es sólo una entre muchas que podrían citarse) es La venganza de don Mendo. Tiene treinta y cinco personajes, más comparsas. Hoy en día casi ninguna empresa teatral se atreve a montar obras así.

          Contamos esto a modo de introducción, para comparar aquella situación con ésta por la que atraviesa hoy el teatro humorístico «made in Spain», dominado por la tacañería económica y artística, revestida de postmodernidad.

Porque tacañería es lo que hay (desengañémonos) detrás de las Cinco cosas.com que son el pan nuestro de cada día. Esta fórmula... ¡es de un barato! Cinco actores, cinco actrices, cinco actoris o cinco lo que sea. Sin montaje especial; sin casi sueldos (dejemos a un lado a las primeras figuras; preguntémosle a un actor de reparto o a uno que empieza qué sueldo diario tiene y nos espantaremos); sin escenografía, con unas sillas que ya estaban en el teatro; sin gastos en los desplazamientos a provincias. Por poca gente que vea esos espectáculos, son lo más rentable que se ha inventado desde el bululú (esa variedad teatral renacentista en que un único actor interpretaba todos los personajes y barría luego el estiércol alrededor de su tablado).

          De ahí su profusión. De ahí la abundancia de obras de este tipo que hemos visto y aún nos quedan por ver.

          (Es el mismo procedimiento del teatro de vanguardia de las salas alternativas. Escenografía: la cámara negra. Utilería: un martillo, tomado prestado al tramoyista, que no ha tenido nada que hacer. Vestuario: el que buenamente traiga el actor de su casa. Esfuerzo: mínimo, pues la obra sólo dura cuarenta y siete minutos. Más ahorro aún.)

          Racanería también mental, porque eso no es teatro, sino mera yuxtaposición de monólogos, tipo «Club de la comedia». Nosotros no tenemos nada contra los monólogos, pero son otro género e, indiscutiblemente, menor. Claro que puedes subirte a un escenario y estar dos horas contando chistes. Eso es loabilísimo, pero no es teatro: es espectáculo destinado a salas de fiestas. Como amantes del teatro que somos, nos duele ver a Lope, a Benavente o a Buero Vallejo substituidos por monologuistas que interpretan escritos de chistógrafos, pues los monólogos no suelen ser sino chistes del mismo tema enganchados unos a otros como vagones de tren. Todo es parte y síntoma de esa tendencia actual a hacerlo todo por la vía más fácil.

          ¿Y qué opinan ustedes de la creatividad de tales yuxtaposiciones escénicas? ¿Qué decir del supremo hallazgo humorístico consistente en decir que las mujeres conducen bien, pero raro? ¿Qué decir del magnífico rasgo cómico basado en insistir en que los hombres no levantan la tapa del retrete antes de usarlo? ¿A qué se debe esa proliferación de humor sexista malo, francamente tolerado e hasta impulsado y respaldado por todos? Como no discriminemos mejor a qué espectáculos damos nuestro respaldo como público, el siguiente paso de nuestro teatro será la mera escenificación de aquellos chistes en los que aparecían un alemán, un francés y un español, intentando desesperadamente demostrar lo tontos que eran los demás.