Puntualidad

 

(Queja sonetoestrambótica)

 

Ser puntual ha sido mi pecado.

Pierdo mi tiempo miserablemente

esperando, impaciente, a que la gente

llegué sin retrasarse demasiado.

 

La distancia entre bestia y educado

consiste solamente en lo siguiente:

siempre tener el bienestar en mente

del prójimo que tengas a tu lado.

 

Si de los reyes es la cortesía

no obligar a esperar a quien espera

—un gesto que genera simpatía—,

 

aquel que tus horarios descalabra

no merece amistad, ni tan siquiera

que malgastes con él ni una palabra,

 

pues a pulso se labra

—dicho sin circunloquios y sin fárragos—

que lo mandemos a freír espárragos.

 

Ensalada de galletas

 

Ensalada de galletas

 

Ingredientes habituales para seis personas (o para cinco, si una de ella come por dos)

          —300 gramos de galletas «María»

          —un calabacín pequeño (Está claro que es pequeño si es calabacín, pues si fuera grande sería ya calabaza)

          —dos pimientos rojo y verdes (o uno de cada color, que serán más fáciles de encontrar)

          —una cebolla redonda

          —100 gramos de setas

          —200 gramos de gambas de río

          —una cucharada de oliva de aceite

          —un ramal de albahaca

          —sal

 

Modo de perpetración

          Pon a hervir un recipiente que tenga fondo lleno de agua y una cucharada de sal. Si consigues que hierva el recipiente, dedícate a la magia. Si lo que te hierve es el agua, añade las galletas y déjalas cocer durante unos veinte minutos de reloj digital o treinta de un reloj de manecillas.

          Provisto de unos mitones para no mancharte, pela las gambas, trocea los pimientos en dados y el calabacín y las setas en fichas de dominó.

          Lava las hojas de albahaca y diles alguna cosa mosqueante, para que se piquen.

          Ablanda la cebolla bien pochándola, bien am golpes con el reodfillo de amasar. Luego trocéala como mandan Dios y la Santa Madre Iglesia, con una cuchara de aceite de oliva. (Ya sé que trocear una cebolla con una cuchara es algo lento, pero la receta es así).

          Cuando esté blanda (la cebolla, no la S.M.I.), incorpora el calabacín si sigue tumbado. Añade las setas y suma los pimientos.

          Ahógalo todo durante cinco minutos y luego vuelve a ahogarlo (o rehógalo) durante otros cinco.

          Después añade las gambas y sal a pacer. (No es insulto. No es que te esté llamando rumiante con cornamenta. Es que falta una letra. Debe decir «sal a placer»; vamos: que le eches toda la sal que te apetezca.)

          Recuerda que debes cocinar primero las gambas impares y luego, las pares. No te olvides de esto.

          Saltéalo todo durante tres minutos más. Lava lo que quede de las galletas en agua fría, escúrrelas y viértelas en una fuente honda. Mézclalas bien con el salteado.

          Si te gustan los sabores dulces, puedes añadirle cabello de ángel, junto con las gambas. Es un plato original y barato, tal como están las cosas.

 

 

          (Y como gentileza para con nuestros lectores, les damos asimismo una receta de propina, que le será muy útil.)

 

Agua hervida

 

Ésta es una receta es muy sencilla y adaptada a los cocineros principiantes.

 

Ingredientes para cuatro personas, si no tienen mucha sed

 

—1 litro de agua.

         

Dificultad

Media/Baja

 

Tiempo de preparación

15 minutos

 

Preparación

          En un recipiente hondo vierte medio litro de agua y ponla a hervir a fuego lento.

          Cuando comience a calentarse, ve añadiendo poco a poco el resto del agua sin dejar de remover, hasta que toda el agua adquiera la misma temperatura.

          Llévala a ebullición y déjala cocer durante 3 ó 4 minutos.

          Retírala del fuego y sírvela enseguida.

          Si no te gusta caliente, puedes dejarla enfriar y servirla fría. También se puede guardar de un día para otro y hasta congelar, pues este guiso no pierde sus cualidades.


 

Reseña de Despertar de las palabras dormidas, de Sonia Mª Saavedra de Santiago

 

Sonia Mª Saavedra de Santiago: Despertar de las palabras dormidas, El Desván de la Memoria,

 


 

Estamos ante un recorrido poético que surge de una crisis de inspiración y se sobrepone a ella, recuperando la palabra  la memoria. Las diversas partes de este exquisito poemario tratan diversos momentos de ese proceso. Desde el comienzo, la autora sitúa en el centro tres asuntos: la creación literaria, el dolor y la búsqueda de sentido.

La primera sección, «Morfeo frente a las musas», gira en torno al insomnio y a la dificultad de escribir. La falta de sueño incita a una reflexión llena de símbolos como el reloj, la noche, el silencio y las musas. No es una escritura fácil, sino que surge de la laboriosidad y el oficio. La dificultad creación literaria es lo que da sentido a este inicio del libro, pero luego el flujo poético acaba regresando.

«Regreso a mi hogar», segunda parte del libro, se centra en el dolor físico que la limitado la vida de la autora y condicionado sus proyectos y su actividad diaria. Aparece el símbolo del espacio doméstico, a veces como refugio, a veces como lugar de reclusión. Se nos habla de aislamiento y de lugares pequeños y cerrados.

A lo largo del poemario nos encontramos con la tensión entre el desánimo y la resistencia, entre el dolor y el impulso creativo. Esta alternancia entre caída y recuperación es el leit motiv que sostiene el libro.

«Secuencias del silencio eterno» insiste en el tema del sufrimiento. Se nos describen la monotonía, el agotamiento, la cercanía de la muerte. Todo ello se hace mezclando referencias míticas con elementos concretos concretos ye cercanos, como una habitación, una ventana, el cuerpo, los medicamentos, las horas que pasan.

A partir de «Descubriendo horizontes», el libro cambia de dirección y se dirige hacia el mundo exterior, que la autora contempla. La lluvia, el mar, los pájaros, los atardeceres y la luz adquieren entonces más presencia y funcionan como elementos que reflejan los cambios emocionales. El mismo silencio, que era antes falta de inspiración, se convierte aquí en espacio de calma y meditación.

La sección «Inspiración» amplía el campo temático, añadiendo cuestiones sociales e históricas. La autora expresa su rechazo al fanatismo y a las divisiones ideológicas, defendiendo, la paz y la reflexión como alternativas vitales. El texto se dirige aquí a un lector colectivo, en una exhortación de gran calado. Ello se refleja en el lenguaje, que pasa de imágenes sencillas en los poemas centrados en la experiencia personal a a afirmaciones, preguntas retóricas e imperativos en esta parte.

«Poemas azules», sección con la que finaliza el libro, reúne varios motivos anteriores: el mar, la memoria, el amor, la ausencia y el paso del tiempo, con el color azul actúa como elemento unificador y como símbolo tanto de la melancolía como de la serenidad.

Estamos ante un bello libro, en absoluto hermético. Es poesía hecha con habilidad, pero también con una gran espontaneidad y frescura, tocando temas eternos y sacando partido a las experiencias personales. Y, sobre todo, se hace gran realce de las palabras como tales, que pueden estar dormidas, pero que se las puede despertar.