Reseña de La más bella del mundo, de Lola Clavero

 

Lola Clavero: La más bella del mundo, Anáfora, Málaga, 2025, 306 págs.


 

 

          Cualquier cosa que Lola Clavero quiera decirnos merece ser leída con el máximo respeto y atención, porque su calidad literaria dora cuanto toca y da lo mismo de qué género sea el libro o el tema que trate: su personalísimo estilo justifica cualquier aventura y le permite el lujo de escribir sobre lo que más le apetece en un momento dado, sin necesidad de tener en consideración otros criterios ajenos al suyo. Clavero no busca la fácil popularidad mediante temas de actualidad sino simplemente escribir y escribir tremendamente bien. Puedo asegurarles que siempre lo consigue. En otros libros suyos como La cabeza a pájaros, Un invierno en el paraíso, Masculino singular o La confesión nefanda del asesino improbable, por citar solo algunos, lo ha demostrado una y otra vez.

          La autora es una gran entusiasta y, a la vez, una voz tremendamente crítica en lo que respecta a la cultura española y, de forma específica, a la andaluza. Varias de sus obras tocan este aspecto. Aquí, en La más bella del mundo, se enfrenta al reto de biografiar con su propio estilo a la ya mítica Amparo Muñoz, primera y única española que ganó el título de Miss Mundo (1974). El libro alterna los datos biográficos fidedignos con elementos de ficción, con ese posibilismo histórico de «no fue exactamente así, pero muy bien pudo serlo». Así se consigue un retrato íntimo de la protagonista y una visión tan triste como certera de la sociedad española desde la Transición hasta los tiempos del movimiento del 15-M.

          Amparo es una joven modesta que se presenta a un certamen (Miss Costa del Sol) y acaba consiguiendo fama internacional y convirtiéndose en poco menos que un icono del  cine y de la vida social de los años setenta. Pero no todo es tan bello como pueda parecer.

La belleza, que podría parecer un pasaporte a la gloria, es también una rémora y un obstáculo para una vida plena y satisfactoria. En un mundo dominado por los hombres, la mujer juega un papel secundario y de obediencia. La presión social impide la libertad personal y la fama viene acompañada por la soledad.

La historia de Amparo —que acabó siendo dramática, con matrimonios fallidos, drogadicción y enfermedad— sirve de pretexto para la elaboración de una crónica de la época, con abundantes referencias a la apertura sociopolítica de España y la evolución de las mentalidades. Pero, además, el libro abunda en la evocación de detalles humanos y emocionales de la protagonista, más allá de su imagen de glamour inútil.

Lola Clavero es la amiga, la confidente y, sobre todo, la testigo y documentalista de esta vida turbulenta que parece un argumento de ficción, una historia de elevación y caída digna de una gran tragedia. Es una lástima que algunas historias reales tengan tan triste final. Al mismo tiempo, es una suerte que sean el origen de libros magníficos, como es este.

 

Prosa maestra

 


Un fragmento inédito del libro de Camilo José Cela Cristo versus Arizona y un trozo del sur de Utah, PARA ILUSTRAR LA TENDENCIA MODERNA DE ESCRIBIR DE FORMA DIFERENTE

  

a ver quién ha sido el bárbaro que ha roto este cristal preguntó la maestra enfadada toda la clase guardó silencio no se oía ni una mosca en las aulas queréis que me enfade insistió más vale que me lo digáis pronto óscar titubeó un poco pero acabó por levantar la mano venga insistió la maestra ha sido víctor que estaba jugando al fútbol con su balón chivato gritó víctor cuando salgamos te las verás conmigo ya basta estáis castigados los dos tú por chivato y tú por bruto estaréis tres días sin recreo me las pagarás óscar dijo víctor por lo bajini

Hamlet, príncipe de Dinamarca

 

 

La historia tiene su inicio

en Elsinor, Dinamarca.

(Ya saben dónde está eso:

en la Europa escandinava,

según se entra a la derecha.

Si no, mírenlo en un mapa).

 

Sus protagonistas son

un príncipe y el fantasma

de su padre, y un tío suyo,

y una reina casquivana

y muchos más personajes

que al autor le dio la gana

de incluir en su tragedia

por una razón muy clara:

en aquella época había

mano de obra muy barata

y, para tener actores,

con dar sólo una patada

en el suelo, salían miles

a hacer lo que hiciera falta.

 

En fin: al príncipe dicen

que su padre, el rey, en bata

se aparece por las noches

y asusta mucho a los guardias.

 

Que si no pone remedio

es muy posible que hagan

una huelga los soldados

del turno de madrugada

o que pidan incrementos

al recibir la soldada

por la peligrosidad

y visionado de ánimas.

 

Resuelto a aclarar el lío

coge Hamlet una manta

—que en enero en ese sitio

se te quedan congeladas

partes de tu anatomía

que no es correcto nombrarlas—,

se toma un té bien caliente

y va a ver qué diablos pasa.

 

La luz está medio pocha,

hay una niebla que espanta.

El padre sale y a Hamlet

casi del susto lo mata.

«Sombra, di por qué de noche

te apareces a las tantas»,

dice el príncipe. Y la sombra

responde, tras una pausa,

con voz que deja entrever

una miajilla de guasa:

«¿Qué voy a querer, estúpido?

Es obvio: quiero venganza,

que es lo que pedir solemos

 

en estos casos las almas.

¿O crees que aparezco así

para pedir ensaimadas

con chocolate, cretino?»

«Muy bien, muy bien. No hace falta

que te pongas tan irónico»,

dice Hamlet. «Venga: habla.

¿Cómo quieres que me vengue?

¿Prefieres la puñalada

tradicional o te gusta

más el cianuro en la Fanta?»

«Me da igual, aunque he pensado

que, envenenando una espada...»

«Lo has quitado de mi boca.

Ese sistema no falla.

Así lo haré, padre. ¡Adiós!»

Y, diciendo esto, se marcha

Hamlet hacia su palacio

a ver si coge la cama,

que de tantas emociones

tiene la espalda baldada.

 

Y entonces la sombra grita:

«¡Espera un poco, ¡caramba!,

que no he dicho todavía

quién ha sido el que me ultraja.»

«¡Es verdad! ¡Qué distraído

que soy! Di, ¿cómo se llama

aquel que debo afiambrar?»

«Pues es tu tío, el muy canalla,

que vertió, aleve, en mi oído

 

un tarro de mermelada

produciéndome la muerte

de una manera instantánea

para así, de esta manera,

convertirse él en monarca,

y quedarse mi corona,

mi cetro y mis cien toallas.

Y, no contento con esto,

se ligó a la suripanta

de tu madre, ¡el muy bandido!»

«Lo que me cuentas me espanta,

padre, y desde este momento

te juro por Santa Eufrasia

—que es patrona de estas tierras

y de un trozo de Finlandia—

que ya no descansaré

hasta darle una somanta

a esa pareja tan vil

y vengarte.» «¡Muchas gracias!»,

dice la sombra, y se esfuma.

 

Hamlet piensa una añagaza,

se finge loco, ama a Ofelia

que se ahoga en una charca,

la madre sospecha cosas,

el tío no entiende nada,

llegan Rosenkrantz y el otro,

se concierta un duelo a espada,

muere hasta el apuntador

y la tragedia se acaba.