Aprovechando
que se ha puesto de moda en las guarderías la cursilada postmoderna de
«compartir», quiero compartir con ustedes algunas de mis lecturas preferidas:
concretamente varias joyas desconocidas del gran público, porque el gran
público, por regla general, suele estar siempre bastante despistado.
Si ya conocen esta obras, de cierto coincidirán conmigo en
su calidad.
Si no las conocen y valoran mi criterio y buen juicio,
intenten hacerse con ellas y leerlas. Seguro que más tarde me lo agradecerán.
Si no las conocen y no valoran mi criterio, entonces no sé
de qué diantres estamos hablando.
Algunas de estas obras magníficas y olvidadas por críticos
y antólogos son:
El
cocodrilo, de Fiódor M. Dostoyevski (novela corta y rara)
En el San
Petesburgo zarista, un cocodrilo de la casa de fieras se traga enterito a un
funcionario del gobierno que, en vez de resignarse a ser digerido, se instala
cómodamente en el interior del saurio. Las autoridades municipales intentan
rescatarle, pero entonces él se niega a salir de su acomodo. Dice —y no le
falta razón— que, tal y como están las cosas en nuestra sociedad actual, es
infinitamente preferible quedarse a vivir dentro de la tripa de un cocodrilo.
La gente acude en masa a oírle y, desde el estómago del reptil, el funcionario
pone en solfa con magnífico humor al mundo decimonónico, tira con fuerza de la
manta y descubre todos los trapicheos y corruptelas del gobierno de Nicolás.
Antes
de Adán, de Jack London (novela también corta pero menos
rara que la anterior)
Un chaval
con modorra congénita sueña constantemente y rememora los recuerdos atávicos de
la especie. Recuerda su vida como hombre prehistórico y describe la
cotidianeidad de un hombre de las cavernas con perfección y detalle,
ilustrándonos sobre lo mal que olía todo en aquellos días. Aquí se encuentra
una magnífica literaturización de las teorías evolutivas y la explicación
psicológica de montones de cosas —feas en su mayoría— que el hombre ha venido
haciendo desde entonces sin saber muy bien por qué las hace. La antropología
hecha obra de arte. No se la pierdan o se arrepentirán.
Rimas
humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos, de Félix
Lope de Vega (puñado de sonetos puestos uno detrás de otros)
Esta obra,
menospreciada por esos antólogos odiosos y pedantes que solo tienen elogios
para James Joyce, es una completísima enciclopedia práctica de los más
elegantes recursos humorísticos usables por cualquier bípedo sin más pluma que
la de escribir. Sin desmerecer a Quevedo (con el que no nos metemos porque no
nos ha hecho nada), constituye una obra clave del humor barroco y arroja nueva
luz (¡huy, qué frase más tonta me ha salido!) sobre la capacidad literaria del
Fénix de los Ingenios, quien tocó con maestría absolutamente todos los géneros
y se rió a placer de todo aquello de lo que le apeteció reírse, ejemplo de
libertad suprema en este bajo mundo.
Matrimonio
y moral, de Bertrand Russell (ensayo con tapas de color
naranja)
Estudio
clarísimo, con todo tipo de signos de puntuación (¡tiene hasta puntos y comas!)
y de carácter definitivo sobre el matrimonio, la moral y muchos otros temas de
regalo, como sexualidad, educación, prejuicios, etc. Afirmaciones irrefutables.
Munición ideológica para combatir siglos de hipocresía, morbo y porquerías
sociológicas.
La
alquería de Stepanchikovo y sus vecinos,
de Fiódor M. Dostoyevski (novela regular de larga)
Para enmendarles la plana
a todos aquellos que piensan que este novelista ruso es dramático, recomendamos
otra novela de juerga en la que un terrateniente ruso, que es un pedazo de pan
(en la variedad de mendrugo), alberga en su casa a cuerpo de rey a un
presuntuoso escritor (que no ha escrito nada en toda su vida) y que le hace la
vida imposible y casi le vuelve loco con sus caprichos. Divertidísima sátira
sobre la cultura y la pseudocultura, con densidad rusa y crítica feroz de
aquellos que quieren ser tenidos por intelectuales por no servir para ninguna
otra cosa.
La
rebelión de Atlas, de Ayn Rand (novela larguísima)
Esta obra, titulada en inglés Atlas Shrugged [Atlas se encogió de hombros (y todo se cayó al
suelo, añadiría yo)], es un hachazo certero al colectivismo, a la cultura de
masas, al pensamiento único y a todos los parásitos que viven del esfuerzo
intelectual de los demás. Las gentes de inteligencia del mundo, los creadores,
los impulsores, los que hacen que las cosas funcionen y avancen, cansados de
haber sido durante toda la historia criticados, explotados y martirizados, se
declaran en huelga de inteligencia caída, se van a su casa y dejan que los
inútiles tomen el control del mundo, para que todo se vaya enseguida a hacer
gárgaras y poder empezar de nuevo sin la interferencia nocivísima de los
majaderos que han venido mangoneando el mundo desde el año en que Viriato se
constipó por primera vez. Un hábil canto al individualismo y al pensamiento
científico.
El
naufragio del «Mistinguett»,
de Enrique Jardiel Poncela (novela corta o cuento largo, como
ustedes prefieran)
Una obra
desconocida. El «Mistinguett» naufraga debido a una borrachera del capitán y en
una balsa se encuentran gentes de todas nacionalidades que simbólicamente
repiten en su aventura las vicisitudes, relaciones y enfrentamientos del
período de entreguerras, sacudiéndose entre ellos cuando viene al caso. Sátira
política de la buena, mal vista en su día por su excesiva veracidad y su crítica
del incipiente sionismo.
La
ciudad alegre y confiada, de Jacinto Benavente
(tragedia en tres actos, con dos descansos para salir a tomar café)
Segunda
parte y continuación de la también excelente Los intereses creados, en la
que al autor mantenía que solo había algo mejor que ganar dinero: quitárselo a
los demás después de que ellos se hubieran tomado el trabajo de ganarlo para
ti. Benavente apoya el mentón en la palma de la mano y reflexiona sobre el
poder, la política, la guerra y la soledad del individuo con una profundidad
apabullante. Tras su estreno, esta obra no la ha visto ni leído casi nadie,
aunque miles de personas sí han visto, en cambio, Cinco hombres.com o Cinco
mujeres.com. Así son las cosas en España y territorios adyacentes.
El
coloquio de los centauros, de Rubén Darío (poema
dialogado, cosa muy poco frecuente)
Versos sobre
la armonía de las sagradas selvas. Panteísmo sin adulterar en alejandrinos
cuatridecasílabos (como debe ser). Marco clasicista, retórica gongorina, mitos
de belleza insuperable y maravillosos pensamientos sobre el Ser. Para
entendidos de la palabra escrita. (Periodistas y portavoces políticos
abstenerse.)
El
libro negro, de Giovanni Papini (un género nuevo; ya se
darán cuenta si lo leen)
Para acabar
con un tópico (¡cómo me gusta eso!), concretamente aquel que asegura que nunca
segundas partes fueron buenas, está este libro, que es la continuación de Gog,
su primera parte, (aunque puede leerse por separado e incluso montando en
bicicleta, si se tiene la suficiente habilidad pedalitiva). Es mejor que el
anterior, porque se ve que el autor se había entrenado y cogido carrerilla para
escribir. Un millonario loco recibe propuestas distintas para gastarse el
dinero, a cual más original e insólita, todas ellas sugeridas por otros locos
como él, pero sin una peseta. Además, como el tío es rico, se entrevista
apócrifamente con quien le da la gana: nadie le rechaza. Así conocemos a mucha
gente curiosa, desde Hitler y Stalin hasta el inventor de un nuevo diseño de
macarrones.
La
conducta de la vida, de Ralph Waldo Emerson (colección de
ensayos tan serios como un pastor metodista)
Como tenía
saneadas rentas y el porvenir asegurado, Emerson no tenía ni pizca de miedo en
meterse en temas universales. El americano trata con una lucidez que espanta un
buen puñado de asuntos peliagudos, como el poder, la riqueza, la cultura, la
religión, la belleza y otros, con lógica aplastante y una porrada de buen gusto
en sus exposiciones. Hoy en día muy poca gente lee a Emerson y a mí me parece
muy bien, porque así no se nos desgasta a los que sí lo leemos.
Viajes
morrocotudos, de Juan Pérez Zúñiga (novela con «monos»)
Esta es una
excelente parodia de la literatura de viajes —esa que cuenta cosas de las
personas que se marchan a algún sitio—, con simpatiquísimas viñetas del
famélico Xaudaró, que es, además, co-protagonista de la aventura, junto al
hambriento Pérez Zúñiga. Ambos míseros aunque probos ciudadanos recorren el
mundo en búsqueda del exótico bicho llamado Trifinus
melancolicus para ganarse unas pesetas de las de entonces. (‘Entonces’ es
el año 1914, cuando con dos pesetas podías cortarte el pelo a navaja.) El hilo
de sus aventuras es hilarante y creo que hago mal en ponerles sobre la pista de
este pocho libro, porque de ahora en adelante ya no lo podré plagiar sin que se
note mucho.