El «Tenorio» a cachos

 

 

El rey de los sinvergüenzas

es el tal Don Juan Tenorio:

más mentiroso que Trump,

más doloroso que un cólico,

más guapo que George Clonney

y más chulapo que un ocho.

Las mujeres se lo rifan

y él, como no es nada tonto,

las toca a todas y queda

más contento que un bizcocho.

 

Ha apostado con Don Luis

a quién hará más destrozos

en corazones hembriles

con engaños amorosos;

y en una taberna, donde

hasta el nombre es infeccioso,

presume de sus victorias,

como es lo normal y propio.

 

Don Luis pierde y, mosqueado

por ello, propone al otro

una prueba más difícil

que cruzar de un salto el Bósforo:

raptar y «hacerse» una monja

de cualquier convento próximo.

Don Juan acepta tal reto

entre gritos jubilosos

de sus fieles partidarios,

que le piden mil autógrafos.

 

(Pasan muchas otras cosas

que me salto, a bote pronto,

porque es que, si no, no acabo

este relato curioso.)

 

Rapta a la monja. La lleva

sobre un caballo fogoso

a un quinta en las afueras

y que ha amueblado a propósito

para casos como éste.

Pero allí ocurre algo insólito:

Juan va y se nos enamora

de la monja (¡hay que ser tonto!),

y promete reformarse,

ser un hombre decoroso,

pagar lo que debe a Hacienda,

pedir perdón a los ocho-

cientos muertos por su espada,

dejar de ser un demonio,

hacerse vegetariano

y alcohol no probar ni un sorbo.

 

Mas llega el Comendador

Gonzalo de Ulloa, que es gordo

a más de gallego, padre

de la monja y muy retrógrado.

Don Juan le pide la mano

de su hija en matrimonio.

Don Gonzalo le responde

pegándole un soplamocos

que le deja de un color

tirando a morado un pómulo

y diciéndole a Don Juan

que tiene bastante morro

en pretender su permiso

y que va a ir a un calabozo.

Ante tal reacción, Don Juan

se cabrea, como es lógico.

Pega un tiro a Don Gonzalo

y hace mutis por el foro.

 

¿Qué pasa después? Señores,

¡no me atosiguen! ¡Supongo

que no querrán que les cuente

de un golpe todo el Tenorio!

Jenófanes, el unista

 

Semblanza un filósofo poco conocido, pero que nos cae muy bien

 

La semblanza no es más que una biografía escrita por un vago.

Por ello, es mucho más corta, se salta alegremente trozos de la vida del biografiado o semblanzado e incluye muchísimos menos datos.

Este subgénero conjuga la prosopografía con la etopeya, con lo que muchos lectores pensarán que les estoy metiendo un camelo. Pero no es así. La prosopografía no es más que la manera pedante de referirse a una descripción física y la etopeya es la descripción del carácter de un individuo. Lo que pasa es que si los escritores no usamos palabras ininteligibles de cuando en cuando, los editores y los críticos no nos toman en serio.

Incluyo la semblanza de un filósofo de ésos a los que se hace menos caso que a los demás. La he tenido que escribir yo mismo. Quería encargársela a Plutarco, pero no me contesta al teléfono: debe de estar de viaje.

 

*

 

Lo más importante de la vida de Jenófanes fue el lugar de su nacimiento, puesto que éste tuvo lugar en la ciudad de Colofón, que se encuentra (como todos ustedes saben) al sudoeste de Kokkinoplos.

Este filósofo, al parecer eleático, vivió nada menos que noventa y dos años y catorce meses. Y, en cuanto a la época en que lo hizo, se sabe solamente que era posterior a Pitágoras y anterior a Zorba, con lo cual, la verdad, no queda muy exacta su biografía. Pese a todo, se teme que viviera en el siglo vi.

Más que la agudeza de sus teorías filosóficas, lo que le ha dado a Jenófanes una amplia fama, aunque no precisamente buena, es el hecho de que recorría la Hélade recitando unas deleznables poesías de su invención, creando la «gira artística», tan de moda entre los cantantes de hoy en día.

Se sabe asimismo que en un principio se fabricaba sus propias botas para caminar y que un día tuvo que utilizar los cordones de dichas botas para sustituir tres cuerdas de la lira que se le habían roto. Se habría visto, pues, en la necesidad apremiante de caminar descalzo si no hubieran sido botas y zapatos los premios que obtenía de sus oyentes eventuales. Claro está que estas piezas de calzado no casaban unas con otras, pero a Jenófanes, soltero de nacimiento, no le importaba nada que las botas casaran o dejaran de casar.

La obra de Jenófanes estaba escrita en verso, más concretamente en pies dáctilos, que son, como la palabra lo dice, y como es lógico, los que tienen dedos. Su pensamiento se hallaba todo en estos versos y también se encuentran en ellos, si se busca bien, atisbos de doctrina cosmológica y un sí es no es de panteísmo.

Como Jenófanes era muy delgadito, a causa de la austera vida que llevaba, sentía el orgullo de la sabiduría y le parecía despreciable la simple fuerza o la destreza física. Una vez le partieron una costilla por abuchear en el circo a los atletas laureados.

La única idea que Jenófanes tuvo en su vida fue la de decir que había un sólo Dios, en vez de los ochocientos cuarenta y siete que los filósofos anteriores a él decían que había. Por eso afirmó Aristóteles —ese señor famoso por meterse donde no le llamaban— que Jenófanes fue el primero que «unizó», es decir: que fue partidario del uno o «unista».

Y por esta razón, aunque no nos guste en absoluto, no tenemos más remedio que admitir que Jenófanes fue el precursor de la doctrina de los eleáticos.

 

¡Visite el Polo!

 

Folleto turístico para conseguir que la gente viaje y deje un poco más vacías nuestras ciudades

 

 Como ya hemos hecho turismo por todos los Cancunes, Portascanas y Varaderos habidos y por haber, los españoles hemos de buscar nuevos destinos, cada vez más originales. Nuestra agencia de turismo les ofrece el siguiente:

 

¡¡¡VISITE EL POLO!!!

(Y más concretamente la Tierra del Príncipe Mariano)

Grandes viajeros han visitado antes que usted estos paradisíacos lugares.

Ya en el año de mil setecientos setenta y pico, el gran navegante inglés Cook, refiriéndose a las islas de la Tierra del Príncipe Mariano, había escrito en su cuaderno de bitácora la famosa frase: «¡Por Cromwell, qué frío hace aquí!» Desde entonces, la Tierra del Príncipe Mariano se ha convertido en el paraíso del turista, frecuentado actualmente por franceses y españoles en su mayoría.

 

 ¿Cuándo ir?

La Tierra del Príncipe Mariano es agradable en cualquier época, si se evita cuidadosamente entrar en contacto con la temperatura exterior. Se recomienda usar abrigos de piel de llama y no aventurarse mucho fuera del Iglutel, si se quieren conservar íntegras las narices.

 

¿Cómo ir?

Existe un mar muy comunicable entre la isla de la Tierra del Príncipe Mariano y el resto del planeta, que se puede recorrer en el tipo de locomoción que más le acomodare al interesado. Para cruzar el mar, el barco, por ejemplo, da excelentes resultados.

 

Alojamiento

La Tierra del Príncipe Mariano cuenta con diversos medios para acomodar a sus visitantes. El hielo es gratuito y el turista puede hacerse un acomodo a su gusto. También puede alojarse confortablemente en un rincón del Iglú Presidencial —si es que no ronca— junto al Presidente, en un lugar de honor. Este alojamiento se considera de cinco estrellas y paga impuesto de lujo.

 

Restaurantes

El Presidente de la República de la Tierra del Príncipe Mariano regenta, asimismo, un restaurante, donde el turista puede comer hasta hartarse. El Bacalao a la vizcaína, el Chop Bacalao Suey y el Bacalao a la armoricana son las especialidades culinarias más destacadas, condimentadas por el Presidente Scarf, un especialista.

*

¿Qué hay que ver en la Tierra del Príncipe Mariano?

 

El deshielo

Emociones incomparables. Sienta al hielo gotear por doquier. Admire el punto de fusión de la nieve. Goce con sus propios ojos de los efectos de la refracción polar. Observe cuarenta especies distintas de pingüinos.

 

El Museo Scott

En donde hallará diversos objetos utilizados en la expedición de Scott al Polo Norte y que el insigne viajero fue perdiendo por el camino: un paraguas de color pardo, un mapa de la ciudad de Manchester, un forro de salacot recambiable (desechado por pringoso), una hoja de afeitar con la que el intrépido explorador por poco se desuella y otros objetos así de interesantes.

 

 

¡¡¡EXOTISMO!!!

¡¡¡VISITE EL POLO!!!

Para más información, póngase en contacto con SCARF TRAVELS,

Apartado de correos Núm. 1, Igluburg, Tierra del Príncipe Mariano.


 

Ovillejo laudatorio

 

Un ovillejo es probablemente ante la más pigre de las composiciones poéticas que se hayan inventado nunca. El ovillejo (hasta su nombre es repugnante) es un verso con un nombre metido dentro y al que hay que sacar a la luz tirando de las palabras, como si se tratara de un ovillo de lana para un jersey que nos estuviera haciendo nuestra abuela. Son octosílabos seguidos de un pie quebrado (¡así se lo quebrara el que los inventó!), seguidos de una redondilla cuyo último verso se hace con los pies, y nunca mejor dicho.

Por si esto fuera poco para odiarlo, añadiremos que era la composición preferida de Cervantes.

(NOTA.—Como la gente no me dedica libros ni me escribe comentarios elogiosos que halaguen mi vanidad, me veo en la imperiosa necesidad de hacérmelos yo mismo, para lo cual aprovecho el siguiente ovillejo de ejemplo.)

 

 *

 

¿Quién merece tal honor

que es superfluo que se explique?

Enrique.

 

¿Quién es un gran escritor

de primera magnitud?

Gallud.

 

¿Quién se muestra superior

al necio humano tropel?

Jardiel.

 

Pues méritos a granel

acapara este señor,

es cierto que es el mejor

Enrique Gallud Jardiel.

 

Cartas al Director

 

          La carta al director es un mecanismo social para que vanidosos desocupados puedan ver sus palabras en letra de imprenta. Siento ser tan cínico, pero lo digo como lo siento.

          Los periódicos —a quienes suele importarles bastante poco la opinión de las gentes— pasan por el aro por una sencilla razón: todos aquel que ve su escrito publicado en la sección de «Cartas al director» se apresura a comprar 20 ó 30 ejemplares del diario, para guardarlos como recuerdo y repartirlos entre sus amigos. Y ¿por qué iba ningún periódico a perder esas ventas?

          En teoría sería un mecanismo de control social que podría servir para dar ideas para la buena gobernación del reino, denunciar tropelías y participar de la construcción nacional, sea eso lo que sea.

          Pero entre la cultura media del ciudadano y los tijeretazos que los diarios les pegan a las cartas que publican, el resultado suele ser de un nivel paupérrimo, y eso, siendo generosos. Véanlo ustedes mismos.

 *

Un honrado trabajador

«Después de cuarenta años deslomándome acarreando ladrillos en una obra, reuní unos ahorros y los invertí en acciones de una conocida marca de cosmética especializada en fabricar maquillaje para buzos. Pero han pasado tres años y no me han pagado ningún dividendo. Cuando les llamo para protestar o no hay nadie o me contestan con evasivas. ¿Dónde podemos reclamar los ciudadanos que hemos confiado en la economía capitalista?» Luis García.

 

 No se burlen de nuestras costumbres

«Escribo indignado, porque se ha abierto un local en Madrid que se llama Bar Shimson. Protesto en nombre de mi comunidad, porque el Bar Shimson es una ceremonia judía, un rito de paso que se les hace a los jóvenes de trece años o así, para celebrar su entrada en la edad madura. Les cortamos parte de su anatomía (una parte que no es necesaria para la vida) y les ponemos un gorrito como el que usan los cardenales, sólo que blanco. Es una cosa nuestra y merece respeto.» Isaac Cohen Pérez.

 

Faltan teclas

«Yo quiero saber por qué los teclados de los ordenadores de las oficinas de las compañías de telefonía móvil no tienen la tecla «Suprimir». Cuando te quieres borrar tardan meses, piden correos y hasta faxes (¡qué antigualla!) y parece que el encargado de darte de baja nunca está.» Yolanda Pla.

 

Rectificación

«El otro día leí en su prestigioso diario que en Holanda, de cada cuatro habitantes, uno es vaca. Esto quiere decir obviamente que hay una vaca por cada cuatro habitantes. Así es que deben rectificar y reestructurar la frase, diciendo que en Holanda de cada cinco habitantes, uno es vaca (los cuatro habitantes más la vaca que les toca), porque las vacan también habitan, digo yo. ¡A ver cuándo aprendemos a escribir!» Grabiel Vermúdez.

 

Siempre se habla de lo mismo

«Estoy harto de leer noticias y reportajes de África donde se habla del hambre y de los peligros del sida. Nosotros también sufrimos y necesitamos un gobierno que se interese por nosotros, por los españolitos de a pie y nuestros problemas inmediatos. Sin ir más lejos, mi calle está siempre llena de caca de perros y nadie hace nada al respecto.» José López.