La aventura de los bailarines

 

Arthur Conan Doyle, 1903

 

 

(Sintetizamos al máximo el argumento, porque lo realmente interesante es el código que incluye y su desciframiento).

A Sherlock Holmes le gustaba resolver sin moverse de su casa los misterios que se le presentaban, para ahorrarse el alquiler del coche de punto y, además, para poder hacerlo en zapatillas, pues sufría por los juanetes.

El detective está en su casa de Baker Street. Llega un caballero con una hoja de papel que muestra una hilera de hombrecillos con los brazos levantados, como si estuvieran llamando a un taxi. Es una carta para su esposa enviada desde Nueva York, que le he dado a ella un susto de seis narices (tres pares). Él piensa que es un mensaje secreto de un amante y pone al sabueso a husmear.

Está claro que cada figura representa una letra, porque si el código fuera más complicado, ni el mismo autor sabría qué hacer con él. Holmes supone que es un cifrado por sustitución, lo que se llama el «cifrado de César», porque este fue el primero al que se lo descifraron, dejándole con un palmo de narices.

Ahora bien: algunos algunos hombrecillos llevan banderas y eso parece un toque de atención, porque no le están dando la salida a ningún tren en ninguna estación. Probablemente indican el final de una palabra.

El mensaje tiene quince signos y uno aparece cuatro veces. El investigador aplica el análisis de frecuencias y como la letra E es la más frecuente en el idioma inglés, decide —sin encomendarse a Dios ni al diablo, porque él es agnóstico desde pequeñito— que la letra repetida tiene que ser esa. Podría muy bien no haberlo sido en absoluto, pero en esta ocasión o bien Holmes tiene suerte o Conan Doyle quiso ayudar a su personaje para que no quedara en evidencia.

Hay una palabra de cinco letras y Holmes ya ha decidido que la segunda y la cuarta son la E famosa. Tiene, por tanto _ E _ E _. Piensa en posibilidades: SEVER [cortar], LEVER [palanca], NEVER [nunca]. Se decide por la última, principalmente porque le da la gana. Pero parece ser que acierta de nuevo.

Ahora tiene ya otras tres letras nuevas: N, V y R. Como el mensaje secreto era para la esposa —Elsie—, el investigador deduce que su nombre tendrá que aparecer necesariamente en alguna parte. En efecto: lo halla al final y así encuentra también la L, la S y la I.

A partir de este momento ya está claro que Holmes acabará por descifrar el mensaje, ante el asombro del caballero y del Dr. Watson, que está por allí sin hacer nada, como de costumbre, fuera de admirar las habilidades de su compañero de cuarto[1].

Sigue el desciframiento.

Delante de ELSIE hay una palabra de cuatro letras: _ _ _ E ELSIE. La solución más lógica parece ser COME ELSIE [Elsie, ven].

El marido se mosquea.

Pero Holmes se regocija, porque ya tiene la C, la O y la M.

Sustituye letras como un descosido y tiene lo siguiente:

_ M _ ERE _ _ E SL _ NE _

Holmes saca las palabras por el contexto. La primera puede ser AM [estoy]; la segunda, HERE [aquí] (es obvio, de otro modo no habría podido mandar el mensaje sin ponerle un sello). El nombre del firmante Holmes directamente se lo inventa y ya tiene AM HERE ABE SLANEY [Estoy aquí. Abe Slaney].

Telegrafía a Nueva York y se entera de que el tal Slaney es un caco de mucho cuidado muy conocido por allí.

El detective descifra más bailarines:

A _ ELRI _ ES

(Aquí hay que hacer un salto de fe, porque Holmes traduce AT ELRIGES, que parece querer decir que el mensajeador ha tomado una habitación con desayuno en la mugrienta posada Elrige’s y escribe desde allí.

Ya sabe quién es el hombre, dónde se esconde y que no tiene dinero para irse a un hotel mejor.

Pero hay una línea más que Holmes reconstruye.

ELSE PREPARE TO MEET THY GOD [Elsie, prepárate a encontrarte con tu Dios (a morir, vaya)].

¿Cómo neutralizar la amenaza?

Muy sencillo. Holmes le hace llegar un mensaje cifrado al amenazador invitándole a tomar el té con sándwiches de pepino. Como este piensa que solo Elsie conoce la cifra, se presenta allí, donde hay ya tres policeman con casco esperándole.

Y el caso queda resuelto.

¡Anda, que si no llega a acertar con la E!


 



[1] En aquella Inglaterra victoriana al parecer no estaba mal visto que dos hombres (uno de ellos con poblado bigote) vivieran juntos.

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