Henrique Ghallud Jhardiel. In memoriam

 

(Necrológica laudatoria y pagada)

 

Enrique Gallud Jardiel ha perecido por prescripción penal. Su pérdida produce profunda pena y provoca que pensemos en su patetismo postrero.

Pero pese a esta pesimista y penosa peripecia, podemos ponernos pensativos en unas páginas, ponderando el prestigio de un plumilla predilecto para quien presenta este pliego protocolario en su postrimería. Paso, pues, a plasmar la potente personalidad de este poderoso personaje.

No me propongo pergeñar una pesada perorata ni un prolijo panegírico sobre esta persona, como una precoz promesa al que pertenecerá un puesto permanente en el podio poligráfico del país: eso se le presupone a quien, como él, proviene de una pundonorosa progenie de potentes pensadores y polifacéticos plumíferos. Sus prolíficas publicaciones, así como su personalidad y su prestigio, fueron su patrimonio y es presumible pensar que está predestinado a una pujante popularidad en el porvenir.

Enrique Gallud Jardiel presentó el perfil de un profesional como un pino y pudo presumir de poseer una pertinente preparación para planear párrafos —en parte preñados de patetismo y en parte plenos de potencia poética— con una patente pericia y pulcritud con la palabra.

Los productos de su pluma se paladean pausadamente, pues son para pasarlo pipa, lo que no es poco. ¿Qué podemos pedir por el precio de unas pocas pesetas sino una prosa pulida con particulares pormenores o un poema peregrino con primorosas prosopopeyas? En sus piezas —un paseo a pie por las profundidades de la psique— nos hace plenamente partícipes de su proverbial penetración, particularmente punzante.

Puntualizaré que, a mi parecer, los personajes que se permite plasmar son próximos y plausibles, por más que pesimistas (y algo pendones, con perdón). Esto es un procedimiento premeditado que pone en práctica periódicamente.

Sus parlamentos pretenden producir y producen primordialmente una pluralidad de pasiones potentes y no se pierden en perifraseos, pleonasmos ni perifollos prescindibles, pues no es plasta, ni pelmazo, ni plúmbeo, ni pomposo, ni pedante, sino muy pertinente y preciso en lo que se propone.

Procede precisar que sus pensamientos son muy penetrantes y peculiares; parecen premiar cada pasaje y son preciosos.

Es pródigo y profuso en su plan proyectado. Sus planteamientos son poderosos y provocativos: principian en punta, progresan sin prisas y pasan la prueba perfectamente.

Como persona que se pone a pergeñar esta página solo puedo piropearle con mi positivo parabién por ser un perfecto prócer del papel que presiento que pasará probablemente a la posteridad por proporcionar puro placer a los públicos con los provechosos pasatiempos que nos proporciona su producción.

 

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