Cinco películas sobre comunicación

 

ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE

Steven Spielberg, 1977

 

En el desierto de Sonora aparece de pronto una flota de aviones perdida desde 1945 y desde ese momento todo el mundo sabe que los extraterrestres andan metidos en el ajo. Pasan otras cosas extrañas y muchos ciudadanos se dedican a fabricar o a dibujar una montañita que, al parecer, será el sitio donde se posará la nave. En efecto: así va a ser. Y para dar detalles, los simpáticos alienígenas (porque, como se verá al final de la película, son verdaderamente simpáticos) se dedican a mandar una secuencia musical de cinco notas — re, mi, do, do (una octava más baja), sol— transmitidas en código matemático. Los científicos de la NASA, como de costumbre, no entienden nada, pero siempre hay un pringado subalterno (en este caso un traductor de francés) que se entera. Llegan los aliens y con la musiquita se entabla una conversación curiosa. Los marcianos sueltan a los terráqueos que habían venido abduciendo con los años y todo tiene un final feliz.

 

 

ENTERRADO

Rodrigo Cortés, 2010

 

Un secuestrador iraquí mete a un contratista americano (Jack) en un ataúd, le deja un teléfono y le pide cinco millones de dólares. Y aquí vemos para lo que sirven los teléfonos. Jack llama al Servicio de Emergencias de Estados Unidos, que le pregunta por el número de la calle donde vive en Irak y acaba no haciéndole caso. Llama al Departamento de Estado, en donde un funcionario rellena un formulario y acaba diciéndole que como los EE. UU. «no negocian con terroristas», él no puede hacer nada. Llama a su mujer, pero salta el contestador. Llama a una amiga, pero no consigue hablar seguido debido a la mala señal. Llama a su madre, que tiene Alzheimer y no entiende nada. El secuestrador le obliga a hacerse un vídeo cortándose un dedo. Luego, un grupo de rescate le dice que saben dónde le han enterrado (un prisionero ha confesado) y que van a sacarlo de allí en un jiffy (periquete). Pero, siendo como es, el ejército americano se equivoca y abre la tumba equivocada, mientras Jack muere por tragar demasiada arena.

 

 

BAILANDO CON LOBOS

Kevin Costner, 1990

 

A un oficial del Séptimo de Caballería de la época de Rin Tin Tin lo destinan a un fuerte lejano de la frontera. Llega allí y, como no hay nadie más con quien alternar, se hace amigo de un lobo famélico al que se le pueden contar las costillas y de los sioux. Descubre entonces que el humo de las hogueras sirve para todo: para avisar de peligros, para transmitir mensajes, para convocar fiestas y ahumar arenques. El yanqui aprende las señales y las usa para avisar de dónde se encuentran las manadas de búfalos, necesarios para no famelizar hasta la muerte durante el invierno. La tribu está en guerra con la tribu vecina (¡cómo no!) y todos juntos usan este «telégrafo de humo» para evacuar el poblado ante un posible ataque. Luego llegan los blancos y se llevan preso al oficial (los indios no tienen otra que ir a rescatarlo), y hay más peripecias, pero lo interesante de la película son solo los lobos y las hogueras.

 

 

EL CARTERO (Y PABLO NERUDA)

Michael Radford, 1994

 

El nobelado (¿o es nobelizado?) poeta chileno, exiliado en una isla italiana, recibe tantas cartas de amor (¡parece mentira, con lo feo que era!) que precisa de un cartero para él solo. Mario, hijo de un pescador al que le da miedo el mar, coge el empleo y bicicletea a diario para entregarle su correspondencia. Neruda le intenta enseñar (sin éxito) a escribir poesía y él usa los versos del otro para enviarle cartas amorosas a la tabernera (ha leído Cyrano de Bergerac). Cambia el régimen en Chile, Neruda se va y el cartero le escribe cartas nostálgicas que el otro no contesta (¡desagradecido!). Mario le manda entonces una grabación llena de poesía con los sonidos del mar, del viento y del canto de los pájaros, y con los olores de la isla (cómo consigue hacer esto en una cassette, no lo entendemos). Al final, Neruda vuelve, arrepentido de su dejadez, pero Mario ya ha muerto. Se nos cuenta que influido por la ideología comunista del poeta, ha participado en un mitin, ha dicho cosas y se lo han cargado los ultramontanos de por allá.

 

 

ESPÍRITU DE CONQUISTA

Fritz Lang, 1941

 

La compañía Western Union quiere unificar el Este y el Oeste de los Estados Unidos mediante cableo telegráfico para poder mandar mensajes cuando muera alguien en cualquiera de los dos extremos del hilo. La tarea es difícil. Los constructores que ponen los postes se clavan astillas con frecuencia, los indios se oponen y atacan de vez en cuando, se acaba la sal y el rancho que se les da a los trabajadores sabe a rayos, las tormentas los mojan, los listillos de turno les roban los caballos y pasan otras muchas cosas. En el último rollo de la película se descubre que los indios que atacaban no eran en absoluto tales indios, sino una banda de forajidos-actores contratados por los Estados Confederados del Sur, que no querían que sus enemigos del Norte mandaran telegramas, porque eso hace muy moderno y sofisticado. Sin embargo, la línea se pone en funcionamiento al coste de un dólar por palabra, lo que por entonces era más robo que el de los cuatreros.

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