Mi poema de los dones

 

 

Gracias quiero dar al divino

laberinto de los efectos y las causas

por todas esas maravillas

que hacen amable la vida del hombre;

por la belleza de los atardeceres;

por las minifaldas y lo que va dentro;

por esos días en que los estudiantes

se saltan tu clase

y tú te puedes ir a la cafetería;

por las napolitanas rellenas de chocolate

y las rellenas de crema también;

por la pagas extraordinarias;

por el invento genial de la Thermomix;

por las novelas de Julio Verne

y las películas de los hermanos Marx;

por el chocolate, fuente incesante de placeres;

por el cruzado mágico;

por la cola de contacto,

de la que siempre te puedes fiar;

por los perros;

por todos los demás animales;

por la lengua castellana, mágica herramienta;

por los hijos;

por los padres;

por el invento del café con leche;

por Mozart y Tchaikovski,

que sabían lo que hacían;

por los diccionarios temáticos,

tan útiles cuando no sabes cómo acabar una historia;

por los garzones que persiguen pinochetes;

por el queso semicurado;

por los queridos lectores,

que te motivan;

por el Aerored, que te viene muy bien a veces;

por Lope, maestro insigne de bellezas;

por la siesta, signo de civilización.

No hay comentarios: