(Queja sonetoestrambótica)
Ser puntual ha sido mi pecado.
Pierdo mi tiempo miserablemente
esperando, impaciente, a que la gente
llegué sin retrasarse demasiado.
La distancia entre bestia y educado
consiste solamente en lo siguiente:
siempre tener el bienestar en mente
del prójimo que tengas a tu lado.
Si de los reyes es la cortesía
no obligar a esperar a quien espera
—un gesto que genera simpatía—,
aquel que tus horarios descalabra
no merece amistad, ni tan siquiera
que malgastes con él ni una palabra,
pues a pulso se labra
—dicho sin circunloquios y sin fárragos—
que lo mandemos a freír espárragos.
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