Estos símiles funcionan muy bien a la hora de explicar estos temas a los alumnos.
El clasicismo estaría representado por el helado de chocolate: acertado, medido, equilibrado, difícil de superar, definitivo, casi perfecto.
Un helado con varios sabores, caramelo por encima, una guinda, una galleta, frutos secos y virutas de distintos colores definiría adecuadamente la exuberancia del barroco.
El neoclasicismo se vería reflejado en el correcto pero insípido helado de vainilla.
El romanticismo se compara a uno de fresa, con sensuales trozos de fruta de vez en cuando, para mantener el interés.
El helado de maracuyá, con su exotismo y sabor diferente, nos evocaría el modernismo.
El vanguardismo sería el helado experimental de lentejas o de cosas parecidas.
Por último, el posmodernismo nos serviría el helado caliente y, como los otros productos de esta corriente, sería asqueroso.
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