MERCURY RISING
Harold Becker, 1998
Dos listísimos criptógrafos de la NSA (Agencia de Seguridad nacional) —entendemos que si no fueran listísimos no los habrían contratado en primera instancia— desarrollan un código sofisticadísimo denominado Mercury, para proteger las comunicaciones secretas de su gobierno, que está siempre escondiendo la información que tiene para que nadie —ni siquiera las otras agencias— se enteren de lo que está pasando[1]. Ellos consideran que su código es indescifrable, hasta que (¡su gozo en un pozo!) un niño de nueve años lo descifra sin mayor dificultad. Como es obvio, ahora los malos quieren matar al niño y la película sigue ya toda por esos derroteros, aunque al final no lo consiguen, pero el ridículo ya está hecho.
JOHNNY COGIÓ SU FUSIL
Dalton Trumbo, 1971
Johnny se va a la Guerra Mundial (a la Primera, nunca está de más especificar), está un rato allí y vuelve sin las dos piernas y sin los dos brazos, sobreviviendo como la excepción a la regla, pues en puridad debería estar muerto. Al parecer, tampoco tiene boca, pues no habla en toda la película. Los médicos hacen con él muchos desagradables experimentos (incluyendo colonoscopias sin anestesia) y Johnny está harto, porque le pica la espalda y no puede rascarse ni pedir ayuda. Quiere morir, pero no tiene manera de pedirlo. Por fin, encuentra la solución levantando el cuello y dando cabezadas cortas y largas sobre la almohada. Así transmite su deseo en lenguaje morse: «¡Mátenme, por favor! ¡Tengan la bondad!». Lamentablemente, nadie en el hospital sabe morse, salvo una enfermera, pero a ella le cambian el turno y Johny se queda vivo para más experimentos.
GOOD MORNING, VIETNAM
Barry Levinson, 1987
Adrián Cronauer es un bromista de nacimiento que va a Saigón a locutar para las Fuerzas Armadas estadounidenses. Cuenta chistes picantes, pone música de rock & roll, hace imitaciones divertidas, gasta bromas, despilfarra humor y, como es lógico, el Ejército le odia. Los soldados, no: los oficiales. Primero lo censuran; luego lo reemplazan y castigan. Se enfadan con él porque hace amistad con los vietnamitas del Sur (sus aliados) y hasta le envían a sabiendas a una emboscada para quitárselo de encima sin tener que matarlos ellos («que lo haga el Vietcong», piensan sus superiores). Cronauer consigue salvar el pellejo, pero lo acaban echando de allí para siempre. La película pone al ejército como chupa de dómine, exponiendo sus abusos y desanimando a los artistas que suelen ir a entretener a los soldados que se aburren cuando no tienen una masacre programada para ese día.
MENSAJE EN UNA BOTELLA
Luis Mandoki, 1999
Un barquista (lo llamo así porque construye barcos, no se dedica a remar como los barqueros) que ha quedado viudo añora a su mujer, que sabía hacerles puntilla a los huevos fritos. Le escribe una carta a la muerta y la lanza al mar dentro de una botella sin tener muy claro quién la va a leer. Lo hace una periodista cursi de Nueva York, que se enamora, va a visitarlo, se lo liga y ya parece que todo va a ir sobre ruedas cuando él descubre la carta en la casa de ella. Se enfada y se va, pero al poco tiempo el enojo se le pasa y decide rehacer su vida con la neoyorquina. Desafortunadamente, antes de hacerlo le manda una carta de despedida a su viuda diciéndole que ha encontrado el amor y que le perdone. Coge el barco para lanzarla y algo pasa (no es importante), por lo que cae al mar, traga agua y se ahoga inmediatamente, con lo que la película enseña que este tipo de comunicaciones puede resultar muy peligroso.
LA RED SOCIAL
David Fincher, 2010
La película narra cómo Mark Zuckerberg desarrolló la red Facebook hackeando las bases de datos de residencias universitarias para calificar cómo estaban de buenas las chicas que las habitaban. Cuando la cosa se pone seria (en términos de posibilidades comerciales), los hermanos Winkleross le contratan para desarrollar una idea que habían tenido, pero Mark los engaña y retrasa su proyecto para que el suyo propio salga antes. Lo hace con la financiación de un amigo suyo, Eduardo Saverin, al que pronto despoja por completo de su paquete de acciones. El clímax de la película es que le ponen dos demandas multimillonarias y, como es más culpable que Judas, Mark tiene que llegar a acuerdos extrajudiciales y pagar enormes sumas de dinero. Como dijo Balzac: «Detrás de cada gran fortuna siempre hay un crimen».
[1] No es broma. La información sobre la amenaza del 11-M la tenían —fragmentada, pero completa— entre todas las agencias americanas, pero ninguno le contó nada a las otras.