HUMORADAS
de
Enrique Gallud Jardiel
de
Enrique Gallud Jardiel
LA LITERATURA PARA EL PLACER. EL ATAQUE A LOS MAJADEROS. LA SÁTIRA DEL MUNDO.
La Odisea en verso
Haciendo como hizo Homero,
biografiaremos a Ulises,
que fue un héroe legendario
—más heleno que Anaxímenes
y más barbudo que Zeus—,
que aparece en muchos chistes
y que obtuvo enorme fama
inventando el imperdible
cuando se rasgó la túnica
al escaparse de un lince
hambriento que pretendía
mascárselo como un chicle
(por cierto que, al escapar,
tropezó y se hizo un esguince).
Su historia se ha visto más
que Piratas del Caribe
y tiene escenas eróticas
con la Calipso y la Circe.
Empecemos el relato
por el principio. Se dice
que Helena de Troya odiaba
de Menelao la calvicie,
por lo que se dio a la fuga
con Paris, galán de cine
peludo, príncipe en Troya.
Menelao sufrió un berrinche
al ver que le habían dejado
con más cuernos que un antílope
y fue en su persecución
con la paciencia en el límite.
Los griegos cercaron Troya
con su muro inaccesible
(que era más sólido y fuerte
que un monasterio del Císter)
e hicieron toda una década
un ridículo terrible,
torturando a prisioneros
y jugando al escondite,
hasta que, por fin, un día
nuestro «prota», el listo Ulises,
se inventó lo del caballo,
con lo que toda la estirpe
troyana quedó hecha migas
y hecho polvo todo quisque.
Acabada ya la guerra,
la tropa estaba muy triste,
porque no pagaron sueldos
y no tenían ni un penique,
razón por la que mostraban
tremendas ganas de irse,
pues tenían sus ropas rotas
y olían fuertemente a buitre.
Ulises subió a su barco
y convocó a sus compinches
marineros, que eran doce
(y, contando a Ulises, quince),
y les dijo: «¡Compañeros:
dejémonos de palique
y larguémonos de aquí
que no es buena la molicie!»
Partieron con rumbo a Ítaca
(que era su tierra de origen),
pero el Destino les hizo
dar más vueltas que un derviche,
yendo de acá para allá,
de Constantinopla a Chipre,
de Creta a Torremolinos
y de Cuenca a Tenerife[1].
Vagaron por esos mares,
chocando en los arrecifes,
en un viaje más movido
que una «peli» hecha sin trípode.
¿Y por qué, dirán ustedes?
Déjenme que se lo explique:
es que en la guerra de Troya
los dioses inmarcesibles
tomaron partido. Algunos,
cabreados con Ulises,
deciden vengarse de él
y hacer que, al final, la diñe.
Le lanzan vientos contrarios
que le mandan hasta el Níger
y le impiden el regreso
moviéndole como a un títere.
Pronto Ulises tiene un
contencioso con un cíclope
con quien no consigue hablar,
pues no entiende lo que dice
y nuestro héroe no tiene
ningún soldado bilingüe.
El tal cíclope quería
comerse a todos con chile,
pero como Ulises era
más chuleta que Felipe[2],
se carga al engendro aquel
consiguiendo que le pinchen
sus marinos en un ojo
con un árbol. Luego sigue
en su viaje de vuelta
y tropieza de narices
con unas sirenas pérfidas
que berrean como tiples
de zarzuela y con sus cantos
enloquecen a los pibes.
Ulises pasa de largo
sin que le importe un ardite
qué cantan las pezihembras
ni si están gordas o sílfides.
Corre muchas aventuras:
llega hasta Scila y Caribdis,
pierde óbolos al julepe,
se extravía, coge la gripe,
(que casi se le complica
con una pulmonía triple),
se mete en diversos líos
con poblados aborígenes
y así se pasa diez años,
seis meses y cuatro abriles,
hasta que el pelo le encana
y tiene que darse un tinte.
Por fin, llega de regreso
a su casa. Toca el timbre
varias veces, mas no suena
(pues se ha fundido un fusible).
Marcha a la parte de atrás,
pega el oído al tabique
(imitando de este modo
a los grandes detectives)
y así escuchando se entera
de una situación horrible:
una panda de mangantes,
tunantes y mercachifles
—creyéndole muerto— quieren
comerse sus comestibles
más suculentos en un
inacabable convite,
apropiarse de su reino
y obligar a que claudique
Penélope y se despose
con una de a quellas chinches.
A Ulises le da un soponcio
o (más elegante) un síncope;
mas se declara dispuesto
a evitar tamaño crimen.
Y como en aquella época
las sutilezas no existen,
coge al toro por los cuernos
y sale de su escondite,
atacando a los intrusos
con saña de bolchevique.
A varios se carga dándoles
cien patadas en las ingles;
a varios, de aburrimiento,
contándoles muchos chismes
guerreros y batallitas;
encierra a algunos y sólo
les da de comer alpiste
hasta que mueren de hambre;
hace que otros se suiciden
apuntándose a una secta
de ésas que hay en que te dicen
que si te matas en masa
cualquier día que haya eclipse
irás a un mundo mejor;
a otros los echa a los tigres
y a los que quedan obliga
a que lean entero a Dickens,
lo que provoca su muerte
por carencia de hematíes.
Tal fue el final que tuvieron
los malos. ¡Que se fastidien!
Tras de todo este trajín
que el gran Homero describe,
tras de tantas peripecias
y aventuras de esta índole,
Ulis recobra su trono
más contento que un pontífice,
se puede por fin sentar y
cambiarse de calcetines.
El dios Ganesha da la vuelta al mundo
(Rimomito)
Cuento un mito que conmueve
que trata del dios Ganesha,
que es, como ya ustedes saben,
deidad de la inteligencia
en el panteón hindú
y es un niño con cabeza
de elefante (un animal
al que se le considera
sagrado y que se vincula
con deidades muy diversas
como Lakshmi o como Indra,
o el Buddha, según se cuenta).
Pues según refiere el mito,
según dice la leyenda,
el dios Ganesha es el hijo
de la divina pareja
formada por Shiva y Párvati
(diosa de la fuerza ella
y él, de la transmutación
que hay en la naturaleza,
del yoga y del ascetismo)
y hermano de Karttikeya,
quien tiene por simbolismo
ser la deidad de la guerra
contra el mal. Pues bien: tuvieron
una pequeña pelea
ambos hermanos por ver,
cruzando el cielo, cuál era
más veloz y cuál podría
hacer la circunferencia
del universo más rápido,
dando a los mundos la vuelta.
Karttikeya, deseoso
de vencer en esta prueba,
montó en su pavo real
y empezó a cruzar la esfera
de los cielos con premura
por dar la vuelta completa.
Ganesha, en cambio, quedó
reposando con paciencia,
sin emprender el viaje,
quieto, inmóvil y a la espera.
Cruzó Karttikeya el cosmos,
dejó atrás a los planetas;
constelaciones, galaxias
le vieron pasar por ellas
y al cabo de un tiempo eterno
se dirigió hacia la meta.
Cuando vio que se acercaba
su hermano entre las estrellas,
Ganesha circunvaló
a velocidad muy lenta
el trono donde sus padres
contemplaban la proeza
y dijo al recién llegado:
«Yo he vencido en esta apuesta,
porque, para mí, mis padres
valen la Creación entera
y son todo mi universo;
no hay realidad más inmensa
para mí, por eso ansío
estar siempre en su presencia».
Reseña de Arcanum. La heredera perdida, de Lucía Cervera Rodríguez
Lucía Cervera Rodríguez: Arcanum. La heredera perdida, La Fragua del Trovador, Zaragoza, 2026, 376 págs.
La premisa que subyace en este libro va mucho más allá de las interesantes peripecias por las que Lucía Cervera hace pasar a sus personajes: la idea de que el mundo es más complejo de lo que uno imagina y de que existe mucho más de lo que se ve a simple vista. Tenemos, pues, ante nosotros todo un despliegue de personajes intensos, secretos que intrigan e historias cuasi míticas que conforman un universo peculiar en el que al lector le resulta placentero adentrarse. Este planteamiento de fantasía ya nos parece un acierto inicial, en esta época triste para la creación literaria en la que el prosaico realismo domina la ficción y en que la imaginación se ve desplazada muchas veces por la simple descripción de lo que todos podemos contemplar de cerca en nuestra cotidianeidad. Bien, pues, por la autora y por aquellos que se atreven a crear mundos, que es a lo que deben aspirar las letras.
María Allard, protagonista del relato, está marcada por el misterio. Una niñez difícil y la sensación continua de no pertenecer. Soledad, desconfianza, incluso miedos. No es en absoluto la heroína clásica, porque en la realidad ningún héroe o heroína lo es. Lo que no le falta es una personalidad fuerte que nos lleva a interesarnos por su destino.
Los personajes parecen jóvenes de verdad y funcionan con naturalidad y de manera creíble. Uno de los pivotes alrededor de los cuales gira la trama es la amistad, que modifica el desarrollo de los personajes. Presenciamos la transformación de María en función de sus vivencias en el mundo mágico al que acaba llegando y debido a su relación con los distintos personajes.
Habilidad de la autora es saber dónde y cómo incluir alivio cómico en medio de situaciones tensas. Los diálogos tienen claridad y espontaneidad, por lo que su lectura es fácil y agradable, y ayudan a la identificación del lector con los hablantes.
Pero, a mi parecer, uno de los aspectos más logrados de la novela es la gestación de Arcanum, un mundo completo que —diríamos a semejanza del planeta Tlön que inventa Borges— tiene su propia historia, su mitología, sus lugares, sus nombres, sus problemas, su estructura sociopolítica e incluso una cosmología que explica el origen de su universo. La protagonista lo va descubriendo a la par que el lector, manteniendo así el asombro y el interés.
La combinación de lo posible y lo extraordinario está hecha con gran habilidad y la autora muestra su dominio de las técnicas narrativas. Existe una lograda gradación en el argumento, que va creciendo en fuerza a medida que se avanza en la lectura. La dosificación de los enigmas y su explicación también es la adecuada, así como la amalgama de subtramas y episodios. Todo ello conduce hasta un gran final, que, pese a serlo, deja abierta la narración para ampliación posterior en sucesivos libros.
Arcanum es producto del entusiasmo, pero también de control de las herramientas del oficio, lo que resulta prometedor en cualquier autora joven. Es un muy satisfactorio producto del género y creemos que su lectura producirá sorpresa a quien espere solo otra novela, pues el talento creativo de Lucía tiene mucho más que ofrecer y este libro es prueba incontestable de ello.
Verdades al descubierto
(Erratas sin fe)
La novia solo pensaba en sus ganas nupciales. (galas)
*
Hemos visto una película, Tristona, de Luis Buñuel. (Tristana)
*
López tenía una empresa de confección de niños y niñas. (para niños y niñas)
*
El candidato estuvo rodeado de mucha gente en su circuncisión. (circunscripción)
*
Aquella tienda vendía a precios espaciales. (especiales)
*
Hay pocas cosas más sosas que la sardina. (la sardana)
*
Juan tenía un amigo de entretiempo. (un abrigo)
*
Los dirigentes políticos dicen que ya están dispuestos para pastar. (pactar)
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