Mis próximos cien libros

 

Ya lo sé, ya lo sé: suena tremendamente soberbio y pretencioso, pero yo nunca dije que la humildad y la modestia formaran parte de mis virtudes.

En alguna entrevista me preguntan (al final y como tema obligado): ¿cuáles son sus siguientes proyectos? No los puedo contar todos, puesto que no tendría suficiente espacio para hacerlo ni el lector suficiente paciencia para leerlos.

Básicamente la cosa está así: yo no puedo permitirme el lujo de morirme en bastantes años porque me quedan aún muchas cosas por escribir. La Muerte va a tener que esperarse antes de venir a pisarme el huerto (que decía Serrat). No pienso crear tanto como Lope de Vega, más que nada por respeto, porque no me gustaría quitarle el primer puesto de nada, que lo tiene bien merecido. Pero a Asimov, por ejemplo, no me importaría nada adelantarle en cantidad de libros escritos y ese es el objetivo que me he propuesto: escribir más que don Isaac, que publicó 429 libros en toda su vida.

Voy por los trescientos cincuenta plus, así es que calculo que aún me quedan cinco a seis años para cumplir mi objetivo. Pero eso será, claro está, si las editoriales siguen publicándome, pues los libros inéditos no cuentan.

Tengo unos diez acabados y en imprenta, que irán saliendo en meses sucesivos y unos diez o doce mediados y en espera de encontrar editor. Luego están los encargos que me van haciendo y las cosas que surgen sobre la marcha.

Y también están los proyectos: ideas para nuevos libros que solo esperan su turno pero que engrosarían el número de mis proyectos más o menos inmediatos. Concretaré:

En su momento redacté una Historia cómica de Aragón, lo que podría ampliarse a todas las comunidades de nuestro país e incluso a naciones hispanoamericanas. Ahí hay más de una veintena de temas posibles.

Escribo ahora una Historia cómica de la comuinicación, que saldrá este año. Raro será que no me embarque después en una Historia cómica del cualquier otra cosa.

Los libros de textos cortos sobre parodias literarias también me resultan muy agradables de escribir y son placenteros de leer. Ahí no hay tope, pues este género incluye la posibilidad de parodias largas sobre obras concretas: La Ilíada en broma, Fausto al microscopio, Romeo, Julieta y el boticario, ya saben.

He hecho varias docenas de ediciones críticas de libros de todo el mundo. Ese es un terreno inagotable. Ahora estoy dedicado a elaborar guiones de cómics para niños, lo que también es un terreno con mucho futuro, pero estos libros no son originales míos y tampoco cuentan.

En un cuaderno poseo apuntados un montón de temas teatrales sobre los que podría hacerse algo perfectamente.

Hay géneros que aún no he parodiado: la novela negra, de terror, erótica... A todo le llegará su vez.

Aunque ahora estoy cómodo con el humor, tenía pensados varios ensayos sobre temas teatrales: un monográfico sobre Alejandro Casona, un estudio sobre el tema de la delincuencia en el teatro español del siglo XX, otro estudio sobre las comedias sánscritas indias, aún otro más sobre las guerras literarias del Siglo de Oro que planeo hace mucho y para el que tengo recogido un kilo de fichas, etc.

La guía del perfecto anarquista, que publiqué con mis ideas sociales y políticas, se verá complementado con otros dos volúmenes titulados provisionalmente Las crónicas de Absurdia y Españoles de moral cochambrosa, que todos ustedes pueden imaginarse de lo que tratarán.

No dejo de lado el hinduismo, no, no. Me queda por escribir una historia del hinduismo y por traducir un buen puñado de obras poéticas maravillosas que no existen aún en castellano. Tengo pendiente un tomo sobre los Misterios del hinduismo y una obra divulgativa, El hinduismo en cien preguntas, para gentes con prisa por acabar. La mujer en la India también merece un trabajo aparte, que emprenderé algún día. Y lo mismo puede decirse de Las ciencias en la India antigua. Y no existe ningún bestiario indio, lo cual es una vergüenza y un desperdicio. Tampoco tenemos en castellano semblanzas de los grandes indios (salvo de los que tienen que ver con el espiritualismo, pero hay muchos más). Y Momentos estelares de la India sería un buen título para una selección de hitos históricos decisivos. En fin: que queda mucho por escarbar aquí. El jainismo, del que casi no hay nada en castellano, también tendrá su sitio en esta tanda.

Además (¡cómo no!), tendré que escribir algún día mi quinta biografía, porque se me han quedado cosas por contar. Se titulará Los sesenta de un sesentón o Los setenta de un setentón, ya dependiendo de cuando tenga tiempo para dedicarme a ello. Espero que, cuando me ponga, no se me haya olvidado casi todo lo interesante, como suele pasar.

¡Atención, jardielistas! Mis estudios y recopilaciones sobre Jardiel también se verán incrementados. Tengo en trance de edición todo su teatro breve. Y me planteo una recopilación de sus cartas, pues hay mucho material.

Y luego están algunos libros que aún no tengo bien claro cómo van a ser y de los que dispongo solo de un título provisional, como La guía del oficinista feliz y otros.

En fin: que no me falta trabajo.

Todas estas amenazas literarias penden sobre vosotros en el futuro.

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