El diario de todos los días


Junto al verde que marca la elegancia
de mis cortinas y al amparo breve
de un biombo chino que, cual muro aleve,
separa las distancias de mi estancia,

está el lugar que es meta en mi jornada
y eje fiel de mi mundo tan metódico,
el lugar donde leo mi periódico:
la butaca de tela floreada.

En ella acomodado me dispongo
a aumentar gradualmente mi cultura
haciendo del diario fiel lectura
desde el primero al último diptongo.

Página tres: Tremendo paroxismo
de escritos de opinión y editoriales
que cotidianamente son iguales
y coincidentes en decir lo mismo.

Parte internacional: A palestinos
asesina Israel sin perder comba;
los otros van y mandan hombres-bomba
pues todos son igual de mangurrinos.

A un dictador, de modo paradójico,
se cargan de una vez como castigo
y otro muere rascándose el ombligo
(pero éste era amiguete, así que es lógico).

España: «Mata al suegro con un hacha
y se defiende a tiros del arresto
hasta que, al fin, es abatido.» Esto
hace la gente cuando se emborracha.

Economía: Suben los impuestos
y nos gobiernan quienes prometían
que los impuestos no nos subirían
en diversos falaces manifiestos.

Cartas al director: Un furibundo
se queja, como colmo de desmanes,
que haya en las calles cacas de los canes,
(mientras cien guerras hacen polvo al mundo).

Cultura: Esta sección está copada
por críticas de discos de rockeros
con camisetas llenas de agujeros.
Sólo es publicidad disimulada.

Ocio: En esta sección el ciudadano
de santa rabia y de furor se inflama,
porque es que el que elabora el crucigrama
es tonto y no domina el castellano.

Clasificados: «¿Necesita urgente
quinientos euros? Llame.» «Señoritas
rusas, cubanas, gordas, delgaditas...
Francés y sado. Permanentemente.»

Deportes: Entrevista a un futbolista:
«Ganaremos el próximo partido
a no ser que perdamos.» Precavido
señor, entre optimista y pesimista.

Gente: En esta sección, por lo que veo,
no se trata de gente trascendente:
es tan sólo otro nombre diferente
para dar corazón y chismorreo.

Televisión de hoy y de mañana:
¿Miro qué dan? Pues no vale la pena
porque, al cabo y el fin, cada cadena
emitirá lo que le dé la gana.

Todo esto es lo que leo. ¡Hay que ser bestia
para perder el tiempo con diarios
llenos de contenidos arbitrarios!
No volveré a tomarme la molestia.

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