Reflexiones impertinentes sobre nuestro sistema educativo



¿Por qué somos tan grullos? ¿Quién tiene la culpa de nuestro berzotismo? ¿Qué factores intervienen en nuestros sistemas educativos?

Los factores que lo determinan son bastante feos:

EL OLVIDO. Los programas de estudio los elaboran políticos, burócratas y maestros que llevan treinta años apartados de la profesión y no se acuerdan de nada.

LA INERCIA. El peso de la tradición es inlevantable. Por eso no se enseña cine, por ejemplo, en las escuelas (un arte innegable y muy presente en la vida actual) y se sigue considerando a los logaritmos algo esencial para todo el mundo. Yo, particularmente, los logaritmos los uso bien poco.

LA MOJIGATERÍA. Muchos tabúes que es mejor no mencionar. ¿Y si a un niño se le diera una educación sexual apropiada, para variar? ¡Qué horror! ¡A dónde iríamos a parar! Que no piense nadie que el puritanismo victoriano está superado. El otro día leí en un texto de colegio que en la función reproductora que hará que nazca un niño «intervienen el padre y la madre», sin decir en absoluto cómo intervenían. Esto es decir sin decir. Así enseñamos.

EL EUROCENTRISMO. Busquen, pongo por caso, a cualquier autor asiático de renombre en una Historia de la literatura mundial y ya verán como no lo encuentran. Paradójicamente sólo consideramos universal lo de nuestro país y lo del país de al lado. Seguimos diciendo de Gutenberg inventó la imprenta y que Schwarz descubrió la pólvora. A los chinos les dan morcilla.

LA PARCIALIDAD. Tremenda en los libros de texto y en otros lugares. Se siguen haciendo libros de antologías titulados Las cien mejores poesías y cosas así. ¿Todavía respetamos tanto el argumento de autoridad como para aceptar que una obra de arte sea mejor que otra porque «alguien» lo diga? ¿Tiene que ser Goya el mejor pintor español por narices? ¿Tenemos que seguir adorando a Shakespeare por los siglos de los siglos?

LA MENTIRA DESCARADA. Por ejemplo: los libros de historia, muchas veces falaces. Yo leí en uno que las Brigadas Internacionales no existieron. Hay otro que define la Guerra Civil Española como «la lucha de los demócratas catalanes contra el fascismo de la Meseta». En otras autonomías españolas tienen incluso más imaginación a la hora de inventarse su pasado.

EL TÓPICO. Picasso es un gran pintor por una razón principal: ya nadie se atreve a decir lo contrario.

EL DESCONTROL. Cada medio de comunicación publica su propio libro de estilo y dicta normas a placer (a placer del que manda allí). Las editoriales hacen otro tanto y estropean textos perfectamente escritos para adaptarlos a «su forma corporativa de hacer las cosas». El dinero le puede a la corrección.

LA INDECISIÓN. No hay organismos que decidan. La Academia es cobarde y no dicta normas: se limita a aceptar a posteriori las cosas que hace la gente, cuando ya no tienen remedio.

En fin, que dicen bien los que dicen que los muertos gobiernan a los vivos, pues nuestro mundo está estructurado sobre ideas, leyes y costumbres de personas ya fallecidas, ilustres quizá, pero necesariamente desfasadas, por el aquel de que vivieron hace ya tiempo.

Ya distingue Russell —ese monstruo de las ideas simples y acertadas— una necesaria diferenciación entre un sistema de educación para formar individuos y otro que forme sólo ciudadanos. ¿Queremos que cada persona piense a su manera o que todos piensen igual y de una manera que sea (¡casualidad, casualidad!) la que interesa a los que nos gobiernan? Más que conocimientos, nuestros educandos precisan desarrollar un sentido crítico. Obtenido esto, todo lo demás se da por añadidura.

Porque la información está ahí, a nuestro alcance, lo que hace completamente arcaica a la memoria, tan ensalzada por maestrillos rutinarios. Hace siglos, el hijo del campesino que iba al colegio y en cuya casa no había libros, tenía que aprender de memoria los nombres de los ríos, cabos y golfos de la península, porque no tenía otro medio de conocerlos que aprenderlos de su maestro. En su casa no había enciclopedias. Hoy la situación es la inversa: hay demasiadas fuentes de las que nutrirse. Luego se han de aprender dos cosas: 1) a investigar, a buscar lo que se quiere saber; y 2) a diferenciar la información buena de la mala, con una mirada crítica. Colegios y universidades deben enseñar a pensar: los datos están en los libros.

La inercia es la electora de las materias que se enseñan a nuestros jóvenes y suele hacer una mala elección. Desglosemos.

MATEMÁTICAS. Una persona de nivel cultural medio no necesitará (por ejemplo) en un 99% de los casos conocer matemáticas complejas. Tras aprenderlas trabajosamente en el colegio nunca en su vida usará ecuaciones, integrales, funciones, derivadas y esas cosas que yo aprendí y nunca supe para qué servían. No tiene sentido su enseñanza. Si el joven estudia luego una ingeniería, ya las aprenderá. Es igual de inútil que pretender enseñarle la sutil diferencia entre la sinécdoque y la metonimia, esas dos figuras retóricas tan parecidas. ¿Quién, sino un filólogo especializado, necesita conocer tal distinción. Para vivir son necesarias cuatro reglas (sumar, restar, multiplicar y dividir) y saber plantear una regla de tres. Nada más. Ni siquiera una raíz cuadrada. Todo lo demás que se enseña se hace por que siempre se ha hecho: la misma razón que hizo perdurar durante siglos las más bárbaras y atroces costumbres.

LENGUA. La lengua es importantísima, pero el enfoque con que se enseña está también equivocado. Es importante no sólo para comunicarse bien, lo cual es obvio. Lo es porque mejora nuestra mente. La relación idea-palabra funciona en las dos direcciones. Si nuestras ideas son confusas no las podemos expresar en frases con claridad. Pero si nos expresamos mal habitualmente, nuestras ideas, estructuras mentales y formas de pensar acaban también por deteriorarse y perder precisión. Todo esto sin contar la gran imagen social que da una persona de correcta expresión y variado vocabulario. O el aplomo que otorga la capacidad de expresarse a placer. El planteamiento equivocado radica en el análisis gramatical, que es algo igualmente para especialistas, no para el común de los que emplean la lengua. La enseñanza de la misma debería centrarse en subsanar fallos, corregir errores, ampliar el léxico, subir su nivel y, sobre todo, en el dominio de los registros lingüísticos. El análisis de frases es aburrido, complejo (aunque son los mismos perros con distintos collares) y no mejora la expresión. Cualquier juego basado en las palabras es infinitamente más útil. Por no hablar de las excelsas virtudes de ese gran invento docente: el comentario de textos, que desarrolla un montón de capacidades diversas.

HISTORIA. Es importante la historia de las ideas (no hablo de la historia de la filosofía, ¡cuidado!). Saber qué pensaba la gente de una época, cuáles eran sus prioridades y cómo veían el mundo. Reyes, batallitas y demás son solo anécdotas que pueden consultarse. Y, ¡atención!, cualquier estudio de historia limitado al mundo cercano es incompleto y erróneo. Hay que tener una visión global y no estadounidizarse.

FILOSOFÍA. Es útil conocer las tendencias, no la historia de las tendencias. Cualquier teoría o filósofo que haya sido refutado y superado ya no nos sirve y queda como una mera curiosidad. Además, a muchos no se les entiende, con lo cual debería abogarse por una deshermetización de sus teorías y, por supuesto, perderles el respeto. Aún hoy la mayoría de los profesores de esta materia presionan al estudiante para que acepte la grandeza de uno u otro de sus filósofos preferidos. Esto es un grave error.

ARTE. Es una materia que no debería olvidarse, pero que también precisa de revisión. Aquí la tendencia a fomentar la memorización de obras es muy grande. ¿Para qué? Si algún estudiante inepto dice que Velázquez pintó La maja de Goya y que Goya pintó El Cristo de Velázquez, ¡allá él! Hay que centrarse en adiestrar en la apreciación del arte. Y, de nuevo, hemos de olvidar nuestro eurocentrismo y conocer algo de otras culturas. No sólo eso, sino que hemos de incorporar a los planes de estudio, como ya he dicho antes, el cine del que no se dice nada en ningún libro de texto. ¿Por qué? Porque los libros de texto de hoy son copias en color de los libros de texto de hace un siglo: no hay otra causa. ¿Qué sentido tiene que un español de, digamos, veinte años sepa que Bernini hizo tal o cual columnata y que no haya oído hablar de John Ford?

LITERATURA. También sobrevalorada. A quien no le guste leer, no tiene sentido obligarse. Pero es también muy común que muchos escolares acaben odiando la lectura porque maestros con pésimo gusto les obligaron a leer libros infames. En cuanto a la manera de impartir la asignatura, debería ser una especie de libroforum, club de lectura, lectura y comentario. La historia de la literatura es dato y no sirve para mucho. ¿De qué me sirve a mí saber que don Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, nació en Carrión de los Condes (Palencia)? ¿O que la publicación de Azul, de Rubén Darío, considerada el inicio oficial del modernismo, acaeció en 1888? ¿Y si se hubiera publicado dos años antes? ¿Sería un libro menos bello? Sin embargo, la literatura tiene un prejuicio social a favor: si no conoces a Neruda, eres un inculto, aunque sepas otras muchas cosas.

RELIGIÓN (llámese la asignatura como se llame). La historia de las religiones debería enseñarse dentro de la historia de las ideas, si acaso. En cuanto a la religión mayoritaria del país del que se hable, no debe enseñarse en los colegios, en absoluto. Las creencias son algo personal y deben quedar fuera de la esfera de las ciencias. El influjo de una religión sobre un país tiene su contenido de historia y su contenido útil de sociología. Pero los dogmas son para cada uno y la enseñanza reglada debe ser totalmente laica.

IDIOMAS. Son imprescindibles, tal y como va el mundo, nos gusten o no. Y el criterio de cuál debe regirse por la utilidad. No es provechoso que en España se estudie albanés, por poner un ejemplo. Yo odio el inglés, pero es mucho más útil que otras lenguas, hoy por hoy. En cuanto a las lenguas regionales son preciosas y tal, pero son un elemento de limitación que no conviene. ¿Hay que estudiarlas? Sí; en los ratos libres; o sea: no quitándole el puesto al estudio de otra más provechosa.

INFORMÁTICA. Lamentablemente los estudios realizados indican que las posibilidades informáticas están infrautilizadas. Los usuarios no dominan los programas que emplean y no les sacan suficiente partido. Es imprescindible que se dé más importancia a esta asignatura.

SEXOLOGÍA. ¿Existe ya? ¿Se imparte en algún sitio? ¿A qué esperamos? Además, habría que incorporar nociones de dietética, profilaxis y, en general, dotar al ciudadano de unos conocimientos básicos de cuidados del cuerpo. Podría ser la parte teórica de la educación física.

Habría muchas cosas más sobre las que reflexionar: el sistema de exámenes y puntuación (que es falible y no representa la realidad), la noción de grupo de edad que debe aprender las mismas cosas y al mismo ritmo (una tendencia gregaria que ha demostrado ser poco práctica, como lo demuestran los numerosísimos genios que suspendían en el colegio), otras materias posibles, muchos más experimentos prácticos, etc.

Muchas otras cosas tendríamos que hacer en España a este respecto. Y si las hiciéramos, seríamos mucho más civilizados.

Pero ya no seríamos España.

2 comentarios:

Joaquín Dos Apellidos dijo...

Con esas sugerencias no es de extrañar que don Mariano no le llame para Ministro.
Lo de los logaritmos no lo quitaría. Ya que vale para explicar someramente a un alumno que si sube en el ascensor y pulsa piso 3 por qué no le deja en el 2.
Y, qué hacemos con el latín un ministro de Franco, un tal Solis, lo quiso quitar porque dijo que no valía para nada. Grosso modo estoy de acuerdo con casi todo. Llamaré a don Mariano para que recapacite y piense en ti.

si, bwana dijo...

He pasado un buen rato leyendo su entrada de hoy, lo que agradezco profundamente. Además coincido con su análisis de nuestras deficiencias educativas al cien por ciento.