• Entrevistamos al escritor y docente Enrique Gallud Jardiel, que recientemente publicaba nueva novela: “Los dioses dormidos”.
  • Una novela que nos sumerge en las tradiciones de la India con el más puro exotismo y altas dosis de color, sin olvidar la visión crítica de su sociedad.
Enrique Gallud Jardiel

En tu última novela, “Los dioses dormidos”, nos llevas al reino de Satyapur, al norte de la India. La región se encuentra azotada por la sequía y la hambruna. La única solución, según el brahmán o sacerdote real Omnath, se halla en los dioses. A partir de este núcleo, profundizas en las tradiciones hindúes desde el más puro exotismo y con altas dosis de color. ¿Por qué elegiste esta clave para dar pie a la novela?

Me interesaba tratar varios conflictos que podían muy bien enmarcarse en esa historia. Uno era el de la India mística enfrentada a la India científica, pues no hay que olvidar que este país desarrolló una ciencia muy temprana e inventó el concepto del cero, que posibilitó el sistema métrico decimal. Y luego, el hinduismo, con sus virtudes y sus defectos es el gran desconocido en Occidente. Se tienen muchas nociones erróneas que, en la novela, he podido aclarar y especificar. Por otra parte, el exotismo de un reino antiguo daba mucho juego para elementos mágicos y atractivos argumentalmente.

El poder de lo visual en la novela es tremendo, y prima en ocasiones sobre todo lo demás. ¿Así se vive la India, donde el color lo inunda todo?

Cuando regresas a Europa tras una estancia en la India parece que llegaras a un país en blanco y negro. La India tiene no sólo color por doquier, sino también una gran luminosidad que lo potencia. Es un país donde la estética es muy importante para sus habitantes, que aprecian mucho las artes y lo bello en general.

Los dioses dormidos

En tu novela hablas de los bailes, de la vida en palacio, de los ascetas y de cómo estaba constituido el poder en los estratos más altos. ¿Tu afán era meramente retratar la historia o también denunciar las injusticias que subyacían al ordenamiento social hindú?

Las historias se cuentan para algo. Una narración de amores, aventuras e intrigas no tiene sólo por qué tener la finalidad de entretener. Yo creo que se puede aunar el entretenimiento más puro —y respetabilísimo— con la crítica social o política. El poder y sus mecanismos no han cambiado porque el hombre ha cambiado sus costumbres exteriores, pero no su naturaleza. Por ello, la visión crítica de una época antigua es perfectamente aplicable a nuestro momento actual. Algunas de las lacras de la sociedad hindú —la discriminación a las mujeres, el excesivo poder de los sacerdotes, etc.— están deliberadamente insertas en la trama.

La narrativa de esta novela es pausada y tranquila, ¿ajustaste el tono y ritmo de la narración para que ilustrase también la paz de esta cultura ancestral?

En cierto modo. Pero tampoco he pretendido hacer u n libro muy pausado. De hecho, en la segunda parte los acontecimientos se precipitan y pasan muchas cosas en muy pocas páginas. La impresión sobre la que me preguntas se debe a la profundidad de los diálogos, que no son superficiales, sino que todos tienen un sentido oculto y son, en definitiva, reflexiones sobre muchos temas.

Eres doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Jawaharlal Nehru de Nueva Delhi (India), país en el que residiste diecisiete años. ¿Cómo es vivir en la India?

Es radicalmente distinto de Occidente, una realidad paralela. Yo marché a la India para pasar dos meses y me quedé dieciocho años, lo que demuestra la fascinación que ese país puede ejercer sobre una persona.

¿Qué no se ha dicho aún sobre “Los dioses dormidos”?

No se ha dicho que muestra lo peor y lo mejor de una cultura muy desconocida. No se ha dicho que en la India no todo es misticismo y yoga, sino que los indios son un pueblo con una mente muy lógica, que aplican a todas las situaciones. No se ha dicho que es una novela —si es buena o mala no soy yo quien debe decirlo— pero sí completamente distinta a las otras novelas históricas o de costumbres exóticas que se han escrito.

¿Qué planes futuros tienes para la novela?

Si te refieres a si planeo seguir con algo semejante, te diré que trabajo en una historia de amor ambientada en Arabia en el siglo VII, al poco de la fundación del Islam. Es la historia de Laila y Majnu, una trama muy bella, basada en hechos reales —aunque lógicamente adornada con episodios posteriores— muy famosa en Asia pero completamente desconocida en Europa. Habla de un poeta que se volvió loco por amor y de todas las aventuras que pasó.

Tienes a tus espaldas una bibliografía que supera los 70 libros, entre novelas y ensayos sobre filosofía, religión, lexicografía, filología, traducciones. ¿Cómo afrontas cada nuevo libro? ¿Lo haces de manera distinta según vaya a ser un ensayo o una novela?

Obviamente. El ensayo requiere mucho trabajo previo, documentación y luego mucho control al escribir en lo que se refiere al empleo de la lengua, a la veracidad del dato, a la estructura. La ficción, cómica o dramática, te da mas libertad y te hace disfrutar más.

¿Cómo ves el panorama literario en España?

No lo veo. Hay grandes escritores (en este país siempre los ha habido) pero son los famosos televisivos los que venden más libros. Un editor y poeta a quien admiro mucho me dijo hace poco que si los escritores fueran tan famosos como los cocineros de alta cocina, este país quizá podría tener salvación. No se puede decir de mejor manera.

¿Tienes en mente un nuevo libro? ¿Será novela, será ensayo?

En mente, como proyectos, tengo bastantes. Y sobre el papel, a medio escribir, varios de ellos. Me ocupo de una Historia cómica de la filosofía, de otro libro de humor que se titula provisionalmente Oficios que no valen la pena, preparo un ensayo sobre el teatro de Alejandro Casona y otras cosas varias en las que trabajo alternativamente. En la Feria del Libro de Madrid aparecerá dentro de unos días una novela mía de humor catastrofista titulada El follón del fin del mundo, que espero que divierta a muchos.

No hay comentarios: