Contra los aficionados




         El mundo está lleno de amateurs y así nos va.
         La mayor parte de las actividades de las que se tiene noticia la llevan a cabo gentes que no se hallan preparadas para tal labor, personas no competentes, aficionados, en suma.
         Yo postulo por un movimiento de concienciación social y una política gubernamental coherente para revertir esta nefasta costumbre y daré aquí mismo y sin perder ni un minuto algunos ejemplos suficientes de algunas áreas en las que se echa de menos la mano de verdaderos expertos profesionales.
         El vandalismo, sin ir más lejos. Cualquier hijo de vecino escribe o talla nombres o palabras inanes en las paredes de los monumentos públicos. Algunos hasta dibujan corazoncitos atravesados por una flecha. Esto añade bien poco a nuestro acervo cultural. Yo propondría que se contratara a escritores de renombre (lo ideal sería académicos, pero si no se prestan, otros pueden servir) para que escribieran cosas bien redactadas en nuestro patrimonio. Ruiz Zafón o Pérez-Reverte harían maravillas tallando su egregia prosa en los estucos de las paredes de la mezquita de Córdoba, por ejemplo. Esto quedaría para la posteridad.
         Otra área interesante es la de la conducción. Los accidentes de tráfico se reducirían mucho si cada familia contratara para sus desplazamientos a un chofer profesional. Además, esto ampliaría muchísimo el mercado de trabajo, acabando con el paro e impulsando de una vez nuestra economía.
         Si a todos los que se dedican a la política, desde el Presidente del gobierno al último edil, se les exigiera una licenciatura y un doctorado en Ciencias Políticas, todo nos iría mejor. Nos libraríamos de vagos (porque para hacer un doctorado hay que trabajar), de oportunistas (porque esos estudios llevan tiempo), de incultos y amateurs diversos.
         Otra esfera que mejoraría sería el crimen, porque nuestros delincuentes y estafadores no consiguen mantener el anonimato. Otra cosa es que acaben librándose de la cárcel mediante cohechos, sobornos indultos y cuñados en el gobierno. Pero el caso es que no saben ocultar que tienen dinero ni hacen bien su trabajo. Todos los días se descubren redes de pederastia, tráfico de drogas y trata de blancas. ¿Y por qué se descubren? Pues porque los que las organizan son unos chapucheros, simplemente por eso.
         También somos muy cutres en el arte de la maledicencia. No hay más que ver los programas de televisión dedicados a meterse con algún famoso o famosa. Lo único malo que saben decir de alguien es que se acostó con otro alguien y eso, en mi modesta opinión, no es realmente tan malo. Habría que contratar a filósofos y psicólogos de valía, a médicos alienistas reputados, conocedores de las obscuras profundidades del alma humana, para que, ayudados por expertos lingüistas, identificaran áreas realmente censurables de la conducta e ideasen epítetos verdaderamente insultantes. Esto haría interesantes esos cientos de programas diarios de cotilleo que hoy nos resultan tremendamente insulsos a los que los seguimos fielmente.

No hay comentarios: