Contra las corridas de toros




La esencia de la tauromaquia consiste en que, cuando viene el toro, te quites; porque, si no, te quita él a ti. Todo lo demás es relleno.
                 
O sea, que el color rojo, la ondulación de la capa, es solo vistosidad para la galería. El toro embiste a la capa roja como podría embestir a un torero que le citara llevando en la mano una cometa fabricada con papel de color verde manzana.
                 
Pregunta: ¿Por qué la afición a torear?
                 
Respuesta: Porque se gana mucho dinero en muy poco tiempo y sin estudiar nada, desengañémonos.
                
 Comentario:¿Que hace falta valor? Algo. Bastante menos que para subirse a un andamio, en donde tienes, además, que madrugar y trabajar ocho horas.
                 
Apostilla: Más verdades tauromaquiles.
                 
Verdad 1ª.-Por mucho que se quiera ignorar este hecho, la verdad es que el público está esperando que el torero sufra una cogida y, cuanto más sangrienta, mejor.
                
 Éste es un deseo latente, oculto y no reconocido por nadie, pero muy intenso, semejante al que lleva a los coches a aminorar la marcha ante un accidente, para ver a los muertos o a los heridos (hecho innegable y documentadísimo). Siempre se ha parangonado la fiesta con el acto sexual: la provocación, lo femenino del traje de torero, la virilidad del toro... Pues bien: parece que hay gente ansiosa por presenciar una violación, aunque sea simbólica.
                 
Verdad 2ª.-No existe cosa tal como un «toro bravo».
                 
Sólo hay toros normales, que están por ahí, y toros cabreados: aquellos a los que se encierra, se pica, se banderillea y se les hacen no sé cuántas perrerías más. Si no fuera por esas provocaciones los bóvidos no atacarían a nadie.
                 
Verdad 3ª.-La de torero es la profesión de donde comen más paniaguados, pelotas profesionales, amiguetes, parientes inútiles, etc.
                 
Esto no necesita demostración: todos lo sabemos.
                 
Verdad 4ª.-Los toros no son cultura, sino incultura.
                 
El que en nuestra sociedad toda esa gente haya venido llamando tradicionalmente «Maestro» a muchos señores que eran analfabetos, da idea de la perversión cultural que la fiesta trae y de la que los españoles decimos enorgullecernos, cuando se nos debería caer la cara de vergüenza.
                 
Verdad 5ª.-La fama de los toreros es inmerecida.
                
 Las televisiones, por tradición, aman lo cutre y, por ende, aman a los toreros (y a las tonadilleras que se casan con ellos antes de hacerlo con mafiosos). Las cadenas proporcionan fama y dinero a gentes sin mérito, mientras que excelentes científicos y artistas verdaderos del país pasan penurias y no consiguen ningún tipo de reconocimiento público.
                 
Verdad 6ª.-Los toros, laus Deo, ya no son negocio.
                 
Los empresarios saben esta realidad. Ya no hay mucha gente dispuesta a pagar una entrada muy cara para ver tantas crueldades. Pero hay aún muchos concejales de cultura de muchos municipios que insisten en mantener las corridas de toros en las fiestas de los pueblos. A muchos no les parece bien, pero aun así se ofrecen corridas carísimas pagadas con dinero público. A mí, que tengo un negocio (un bar donde no entra nadie y que me está arruinando) me gustaría que mi ayuntamiento me pagase un pastón por que mi negocio siguiera funcionando, aunque la mayoría de la gente ya no quisiera tomar café.
                 
Verdad 7ª.-Los toros son una salvajada y pasatiempo de bárbaros.
                
 Fernando VII abrió «escuelas de tauromaquia»... tras cerrar universidades.
                 
Conclusión: Más tarde o más temprano nuestra sociedad tendrá que optar por una cosa u otra, pues ambas —la sabiduría y la crueldad— acaban siendo cosas incompatibles.

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