La crisis de Occidente




Comedia de exploradores

(Una selva tropical. Salen el Explorador inglés, de salacot, y el Porteador negro, con taparrabos.)

EXPLORADOR.—¡Qué calor hace en esta selva!
PORTEADOR.—¡Si, bwana!
EXPLORADOR.—Me ha picado un mosquito.
PORTEADOR.—Sí, bwana: suele pasar.
EXPLORADOR.—Pero ¿por qué me ha picado?
PORTEADOR.—Los mosquitos pican, bwana.
EXPLORADOR.—Sí, pero yo soy inglés.
PORTEADOR.—Los mosquitos de la selva no saben eso.
EXPLORADOR.—Deberían saberlo.
PORTEADOR.—A mí me pican.
EXPLORADOR.—Eso me parece normal. Hagamos un alto.
PORTEADOR.—Aún queda mucho camino, bwana.
EXPLORADOR.—Son las cinco. (Pausa.) No me mires con cara de no entender nada. Son las cinco, te he dicho.
PORTEADOR.—Sí, bwana.
EXPLORADOR.—La hora del té.
PORTEADOR.—¿...?
EXPLORADOR.—Me servirás el té.
PORTEADOR.—¿En la selva, bwana?
EXPLORADOR.—Pues claro.
PORTEADOR.—¿Y de dónde voy a sacarlo?
EXPLORADOR.—¡Qué pregunta tan absurda! ¿Pretendes que yo la responda?
PORTEADOR.—Con todo respeto, sí, bwana.
EXPLORADOR.—Cada persona debe responsabilizarse de las obligaciones inherentes a su clase social. Ésa es la base de la civilización. ¿O es que tú no quieres ser civilizado?
PORTEADOR.—Esto..., sí, bwana; claro que sí.
EXPLORADOR.—Pues tráeme el té y las pastas. Y, por supuesto, que no se te olvide la mantequilla.
(El porteador se va y en el tiempo que tarda en regresar se decide el futuro de Occidente. Si no hubiera podido conseguirle la mantequilla al inglés en medio de la selva, Inglaterra no hubiera podido mantener sus colonias y seguir siendo la dueña del mundo. Pero el porteador ha cumplido.)
PORTEADOR.—(Saliendo con los bártulos.) Aquí está el té y las demás cosas, bwana.
EXPLORADOR.—Veo que hay mantequilla abundante. ¿De dónde la has sacado?
PORTEADOR.—Será mejor que ni lo pregunte, bwana.
EXPLORADOR.—¡Así me gusta!
(Los valores occidentales se han salvado y el explorador se dispone a merendar.)
TELÓN

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