CONTRA LA MONARQUÍA


esto no va de escándalos recientes, sino de principios intemporales



¿Te gusta ser súbdito?

         Yo, he de reconocerlo, no domino mucho la teoría política y siempre me he considerado acróbata en el interior de mi corazoncito. (¿O es ácrata?) Pero ése es lugar para deseos, utopías, trombosis y demás cosas muy personales. Desgraciadamente hay un realpolitik que no permite tonterías.

         Así que, puestos a ser algo más o menos lógico, hay que dejarse de ilusiones anarco-individualistas, que están bien para ser artista, pero no para ser ciudadano. Como dice un personaje de Unamuno: «¿Qué es eso de que no mande nadie? Si no mandara nadie, ¿cómo íbamos a obedecer?»
         Luego alguien tiene que mandar; y ese alguien es mejor que sean varios, sensatos y meritoelectos, a ser posible.
         Porque hace falta alguna que otra ley para que la gente no entre en tu casa y te robe impunemente la Thermomix. Bien es verdad que hoy en día, en que dicen que hay más libertad, hay más leyes y más cosas prohibidas que jamás en la historia de la humanidad. O sea que, a falta de anarquía, tiene que haber leyes justas que te permitan vivir como buen ciudadano individualista.
         Otra cosa sería mejor, pero es difícil si hay que repartir los filetes.
         La base de la monarquía no es otra que la posesión del único filete por el gachó que tenía la porra más grande de la cueva prehistórica. Su fundamento no es sino una degeneración de esta demasía, que era injusta, pero al menos ponía el poder en manos del más fuerte. Pero ahora los reyes no necesitan ser fuertes ni listos ni nada. Hasta para ser un dictador cruel hay que tener algo: carácter, talento. Rey puede ser cualquiera, si es un hijo de su madre y de su padre. Y que la monarquía es una institución inútil y obsoleta es una verdad como una catedral que no puede dejar de admitir cualquier persona que piense por sí misma y no sea mero ganso por cuya boca hablen las televisiones y los periódicos y revistas, que venden más si hay bodas y bautizos reales.
         Se dirá que la Segunda República española metió la pata en algunas cosas. Aceptado. (El caso es que nunca se habla de la Primera República, donde un presidente dimitió para no firmar una pena de muerte, ¡para que luego hablen de la hazaña de Guzmán el Bueno!)
Yo no sólo es que sea republicano, sino que no concibo cómo a estas alturas de la película se pueda ser otra cosa. El que un señor, por ser hijo de otro, herede poder sobre sus conciudadanos y pueda legalmente considerarlos sus súbditos es la cosa más retrógrada que existe. Y que esa circunstancia no la podamos cuestionar por que alguien, sin preguntarnos, la puso en una constitución, me parece el colmo de la falta de libertad.
         Otra ventaja de ser republicano es que, automáticamente, eres antimonárquico. Otro día que esté de mejor humor repasaré los logros y deslogros de nuestros reyes históricos y ya me dirán ustedes si cualquiera de ellos ha hecho más por la felicidad de los españoles que los modestos y acartonados reyes de la baraja. Los Austrias fueron regulares, pero los Borbones fueron siempre nefastos para España. Eso lo sabe todo el mundo que se ha molestado en estudiar su historia. Pero los príncipes atontan a las modistillas. Hoy día, las feministas de toda España no han protestado aún por que la segunda dama de la nación (la princesa mayor) se vea privada de sus derechos (de sucesión) por el hecho de ser mujer.
Pero si la naturaleza prescinde de lo superfluo y de los experimentos fallidos, la sociedad debería hacer tres cuartos de lo mismo. No se debe mantener algo porque sea tradicional, porque haya existido durante mucho tiempo (durante innumerables siglos, el canibalismo y la esclavitud fueron la base tradicional de muchas sociedades). La mayor parte de las cosas que vienen de antiguo, no sólo son antiguas sino que suelen estar anticuadas.
         Nuestro rey-comisionista, además, cuando fuimos a la guerra de Iraq no dijo ni que le parecía bien ni mal, ni nos alentó a ir ni nos impidió que fuéramos Se calló como un rey para no comprometerse y no tener él la culpa si la cosa salía mal.
         Y como es Comandante en Jefe de nuestras fuerzas armadas y cobra un sueldo por serlo, incurrió —creo yo— en flagrante incumplimiento de contrato. Deberíamos darle quince días de aviso, pagarle la indemnización que le correspondiera y mandarle directamente al paro.

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