Los hombres serios


LECCIONES SOBRE HEDONISMO RAZONADO


Aunque parezca que no, lo que el mundo necesita es pan y circo, en el buen sentido.

Con «pan» quiero decir comida para todos. Y agua. Y medicinas. Y condiciones de vida aceptables: la eliminación de la guerra y la pobreza.

Y con «circo» quiero decir tiempo libre, ocio, diversión, entretenimiento y una concepción placentera de la existencia, con un alto contenido de superficialidad. ¿Por qué?

Porque el estudio de la historia nos demuestra que la mayor parte de la gente que se ha tomado la vida demasiado en serio no ha contribuido sino a acrecentar las penalidades y los sufrimientos de sus semejantes.

(Hay que excluir de esta lista, claro, a los científicos que, tras años de obsesión por un tema, han descubierto leyes naturales, mecanismos o fármacos que han mejorado la vida de la gente.)

Pero el resto (que son la inmensa mayoría) de los serios han sido nefastos.

Decía Bertrand Russell (con su habitual ironía y perspicacia) que era deber sacrosanto de todo inglés matar inmisericordemente a todo aquel que no fuera inglés, siempre y cuando un grupo de ancianos sentado en Westminster así lo decidiera. Pero para ir a la guerra hay que tomársela en serio. Si no te tomas en serio las cosas eres incapaz de morir por una tontería y —lo que es mucho más importante— incapaz de matar a nadie. Lo cual, visto lo visto, no es poco.

Y no son sólo las guerras. La seriedad en materia de religión ha llevado a guerras, sacrificios humanos, exterminios, hogueras, inquisiciones y a unos curiosos aparatos para arrancar las uñas de raíz, accionados mediante un juego de engranajes y poleas tirado por dos caballos.

También está el que se toma tan en serio a su pueblo que quiere distanciarse del pueblo de al lado. Como no puede coger a su pueblo en volandas y llevárselo a otra parte, se limita a poner verjas o a matar a los que no reconocen que su sentimiento patriótico-pueblerino es una cosa muy seria.

Yo, particularmente, me río de los países y de muchas otras cosas.

Por eso desde aquí lanzo mi exhortación:

¡Hombres serios de todo el mundo, uníos!

(Y, una vez unidos, marchaos todos juntos a hacer puñetas.)

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