La dosis semanal de cultura
SOBRE LIBROS, ¡CLARO ESTÁ!
El creador de una lengua
Muchos hombres son los han escrito libros. Pero muy pocos han inventado lenguas. Ivar Andreas Aasen (1813-1896), filólogo noruego, redactó un completo libro sobre dialectos noruegos, reuniendo complicadas formas regionales de habla y, con ellas, creó en su obra una verdadera lengua nacional o folk-maal que reemplazó a la forma dialectal mezclada con danés que había venido usándose hasta entonces en su país. La aparición de su trabajo permitió que gentes que hasta el momento hablaban diferentes dialectos comenzaran a entenderse.
El libro peor pagado
La obra máxima de Sigmund Freud (1856-1939) Die Traumdeutung [La interpretación de los sueños], que revolucionó la psicología y está considerada como una de los libros científicos más importantes de todos los tiempos, le reportó a su autor la modesta suma de 209 dólares y los escasos 600 ejemplares de su primera edición tardaron ocho años en venderse.
El libro que salvó a un idioma
El poeta Firdausi (Abul Qasim Mansur, 935-1020) fue el autor del Shah-nama [Libro de los reyes], una epopeya sobre la historia de los antiguos reyes de Persia, que está considerada como el poema nacional. El hecho de que escribiera dicho libro en persa y la gran aceptación y difusión que éste tuvo hizo que se revitalizara esa lengua y que el país no comenzara a usar generalizadamente el árabe, como se preveía que iba a suceder. Es un ejemplo de cómo un libro puede cambiar a una nación.
Contra los ladrones de libros
En la Edad Media los primitivos colegios tenían sus bibliotecas. Pero los libros solían ser utilizados in situ y estaban fijos por medio de cadenas para que nadie tuviera la tentación de apoderarse de ellos. Por esta razón se les denominaba libri catenati (libros encadenados) y también ‘barbetos’, vocablo que significa ‘perro de aguas’, símil que hacía alusión también a la cadena. Si tenía lugar algún préstamo por motivos imperiosos, el que se llevaba un libro debía dejar un depósito de seguridad. Pero este depósito no consistía en dinero, sino precisamente en otro libro cualquiera que, de no efectuarse la devolución, pasaba a formar parte de los fondos de la biblioteca. Ha de añadirse que los bibliocleptos o ladrones de libros estaban especialmente mal considerados e incluso existían maldiciones especiales para ellos.
El libro rápido
Honoré de Balzac (1799-1850) tuvo mucho éxito con sus novelas en toda Europa, pero obtuvo comparativamente pocos beneficios de ellas y pasó la mayor parte de su vida acuciado por las deudas. En cierta ocasión, espoleado por la idea de ganar dinero fácilmente, decidió estrenar una obra dramática y apalabró un teatro, anunciando el estreno, sin tener la comedia escrita. Cuando se acercó la fecha de la representación, reunió en su casa a cinco amigos y les propuso que escribiesen la obra entre todos (un acto cada uno) en una noche. Ni siquiera discutieron en detalle el argumento, pues no había tiempo para ello. Simplemente se mencionaron unos personajes y todos se pusieron a la labor. Como es de esperar, la obra no llegó a estrenarse a tiempo.

10 Comentarios:
Me ha parecido muy importante lo aqui escrito. Incluso me he dedicado a buscar otros hechos de estos singulares personajes (sobre todo del último, del que me gustaría leer la obra)
Saludos desde pasatiempo.
Lo que hizo el señor Balzac, si se hiciera ahora, daría motivo a crear peñas de escritores que escribirían libros colectivos. No sé si los libros serían interesanates, quizás un poco cadaveres exquisitos, pero los escritores se lo pasarían mejor que escribiendo solitos en casa.
En cuanato al creador de lenguas, creo que el vascuence "batua" es algo parecido.
¡Pobre Sigmund, qué Trauma!
Saludos
JT
En contraposición a Balzac que escribía a toda velocidad y se podía cascar una novela en dos noches y mil cafés, propongo a Augusto Monterroso que escribía cuentos cortos (de siete letras) y después se tomaba los mil cafés mirando a la Vía Láctea. Me dirán ustedes si esto no es escribir un libro rápido.
Les pongo unos cuentos maravillosos de Augusto Monterroso. Tómense mientras los leen un café, nunca un té con limón, que es una ordinariez.
Fecundidad
Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea.
La Tortuga y Aquiles
Por fin, según el cable, la semana pasada la Tortuga llegó a la meta.
En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones.
En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.
El Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio
Hubo una vez un Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; pero encontró que ya la primera había hecho suficiente daño, que ya no era necesario, y se deprimió mucho.
Y el más famoso de todos los cuentos breves que se en el mundo han sido (siete letras):
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Alguien me regalo y lo tengo en mi biblioteca un baldosín con la famosa maldición/excomunión de la biblioteca archivo de Salamanca para quien robe ('enajenare') o deteriore un libro
La verdad es que la historia se escribe de una forma inesperada, quien le iba a decir a Freud que iba a ganar tan poco y ser a la vez tan famoso.
“Cuando despertó el dinosaurio aún estaba ahí.” Es la brevedad hecha cuento, en la pluma de Augusto Monterroso.
Cada hecho, un mundo. El poder del lenguaje sigue siendo inconmensurable y alucinante.Muy bueno, Master. Gracias:=)
Abrazs
PD: especialmente sabios los encadenadores.Voy a buscar la maldición
Interesante.
Lo de los ladrones de libros uuuh no es un mal sistema lo del depósito. Y los de las maldiciones... A mas de uno me gustaria echarsela por robar libros.
¡¡Hola Enrique y Liuva!!
Siempre me asombráis contando la historia oculta que se esconde tras las historias.
Lo de Freud y Balzac, es que no me sorprende nada.
Desde Cervantes a Van Gogh, los artistas han pasado penurias, de la que a veces no han salido en toda su vida. Es curioso ver la de miles de millones que luego mueven sus obras.
Y lo de las lenguas, es otro tema para no dormir. A veces me pregunto que debe primar más... ¿qué una lengua no se pierda o facilitar la comunicación entre todos? No sé. A nosotros aquí en Galicia nos están empezando a volver locos, cada día deciden cambiar la ortografía de una palabra o galleguizar algo, que suena hasta ridículo,
Gracias por tus pequeños cuentos, Liuva.
Muchos besos para los dos.
Les pongo algunas de las maldiciones medievales para los bibliocleptos o ladrones de libros. Estas maldiciones estaban escritas en los propios libros, de manera que no había forma de librarse de ellas. Algunas son terribles. Además, como la mayoría de los ladrones de libros eran analfabetos (robaban el libro para venderlo) la maldición también era dibujada al lado del texto.
Que la espada de anatema mate
A cualquiera que éste libro saque
— 0 —
Cualquiera que robe este libro
Será colgado en una horca en Paris,
Y si él no es colgado será ahogado.
Y si él no se ahoga, será quemado,
Y si él no es quemado, un fin peor le caerá.
— 0 —
Si alguien toma éste libro, déjenlo sufrir la muerte; déjenlo ser frito en una sartén; déjenlo enfermar y que la fiebre lo elimine; déjenlo ser quebrado en la rueda y colgado.
— 0 —
Cualquiera que tome éstas páginas
una piedra rondará sus testículos
y cuando la podredumbre lo acose
agusanada será su agonía.
— 0 —
Si eres mi poseedor, disfrútame con tenor;
más si eres un vil ladrón
una peste más negra que la noche terminará con tus días.
Estas maldiciones, y muchísimas más, fueron recopiladas por los historiadores Marc Drogin en su libro “Anathema!: Medieval Scribes and the History of Book Curses.” y Nicholas Basbanes en su libro “A Gentle Madness: Bibliophiles, Bibliomanes, and the Eternal Passion for Books”.
Gracias María por tus gracias.
Publicar un comentario en la entrada
Enlaces a esta entrada:
Crear un enlace
<< Principio